sábado, 26 de agosto de 2017

La crisis del siglo XVII (XI)

Sin embargo, en aquellos momentos, la situación de crisis era omnipresente; la baja tasa de población era la principal lacra que tenía España.

La población tenía la siguiente distribución:

Territorios        Extensión km2    Población    Densidad

Reino de Castilla       378.000        6.910.000          18,2
Reino de Aragón       100.000        1.180.000          11,8
Reino de Navarra         12.000                      145.000              12,1
Reino de Portugal         90.000        1.250.000          14
TOTAL           580.000        9.485.000          14,02

El Reino de Castilla era el más densamente poblado, el que acaparaba el mayor número de habitantes. Cada 73 habitantes de la corona de Castilla había 12,5 de la corona de Aragón, 13 de la corona de Portugal y 1,5 de Navarra.

Lógicamente, el peso del Imperio recaía con abundancia sobre el Reino de Castilla, que se veía obligada a aportar las tres cuartas partes de los recursos necesarios, tanto económicos como humanos. Pero la realidad nos señala que no se cubrían esos porcentajes, sino que, mientras Portugal sí aportaba recursos, lo hacía en exclusiva para el Imperio Portugués, mientras Castilla aportaba recursos también para las necesidades de éste.

¿Qué sucedía con el Reino de Aragón? Como ya veremos, los fueros, que no eran los mismos para los distintos reinos, los blindaban para el aporte de recursos, tanto económicos como humanos, y el blindaje, en 1640, fue lo que provocó la sedición de Cataluña, al negarse el Consejo de Ciento y la Generalidad a facilitar medios, no para acudir a los diversos frentes de lucha que tenía el Imperio Hispánico, sino para defender sus propias fronteras frente al ataque francés.

Un blindaje que forzó al desplazamiento de los tercios, compuestos por castellanos, flamencos, irlandeses, valones, alemanes, tudescos… Un blindaje que llegaba hasta negar apoyo logístico a las tropas, que dadas las circunstancias en que se hospedaban, era francamente pesado, ya que debían ser hospedados en las casas particulares de los habitantes de la zona de operaciones. Hospedaje de las tropas que, aparte fueros, no era exclusivo de las poblaciones aragonesas…ni del resto de España. Era algo universalmente aplicado.

Ese blindaje no lo tenían sólo los catalanes por sus fueros. También lo tenían, por ejemplo, los castellanos para no luchar fuera de Castilla.

El caso es que “Felipe IV, heredero de la debilidad de su padre, perdió Portugal por su negligencia, el Rosellón por la poca fuerza de sus armas y Cataluña por los abusos de su despotismo. La fortuna no podía favorecer durante mucho tiempo a reyes semejantes en sus guerras contra Francia. Si las divisiones y los errores de sus enemigos les hacían obtener algunas ventajas, perdían el fruto de ellas por su incapacidad. Además, mandaban a pueblos cuyos privilegios les daban el derecho de servir mal: los castellanos tenían la prerrogativa de no combatir fuera de su patria; los aragoneses defendían sin cesar su libertad contra el consejo real, y los catalanes, que miraban a sus reyes como enemigos, no les permitían siquiera reclutar milicias en sus provincias. Sin embargo España, unida al Imperio, ponía un peso temible en la balanza de Europa.”

Castilla estaba exhausta por los esfuerzos realizados en el último siglo. Era urgente una reordenación a fondo, y Olivares se mostraba dispuesto a llevarla a cabo. “La obra de reconstrucción interior que proyectó, con clara intuición de lo que años más tarde habían de realizar los ministros de Fernando VI y Carlos III, quedó abandonada ante las necesidades de la guerra. Cuando Olivares llegó al gobierno, España, y sobre todo las sufridas provincias centrales, eran, salvo algunas ciudades, montones de ruinas en la estepa. Deshechas las industrias, sin cultivo los campos, paralizado el comercio, a pesar de la paz que impuso Felipe III y que fue tan mal aprovechada para el bienestar de la nación, era preciso rehacerlo todo, de arriba abajo. Pero nada se logró, como no fuera empeorar los males crónicos, por los continuos impuestos, levas y latrocinios. La Corte fastuosa era un oasis de lujo en un desierto de miseria.

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