sábado, 12 de agosto de 2017

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (1)

Por lo general se ha presentado a la Inquisición como una institución, además de injusta, dirigida a perseguir judíos.



La verdad parece no abonar ninguno de los dos asertos. En el capítulo de la justicia, ya hacemos referencia en diversos lugares cuando nos referimos a la legislación civil existente y la comparamos con la legislación inquisitorial. Lo mismo sucede con el tema de las prisiones, y en general en el concepto de justicia, que en la Inquisición no entiende de razas.

En cualquiera de los casos, debemos posicionarnos en un momento histórico; no podemos juzgar con criterios del siglo XXI las actuaciones desarrolladas en el siglo XV; lo que sí podemos es utilizar el filtro de nuestro momento, para aplicarlo sobre la totalidad del momento vivido en el siglo XV, y comparar las actuaciones tenidas por los distintos pueblos en momentos históricos idénticos.

Así, “en la Europa de la primera mitad del Cuatrocientos, el promontorio de desgracias acumuladas parece ineludible a los ojos de cualquier cristiano: epidemias y carestías perpetúan las secuelas de la Peste Negra; la guerra de los Cien Años se torna interminable; el avance turco inquieta cada vez más el orden cristiano; el Gran Cisma, "escándalo de los escándalos", ha dejado como legado la apremiante decadencia moral del clero y del papado. En las décadas centrales del siglo XV dichos males persisten y el peligro parece, incluso, multiplicarse.”

En estos momentos, recordémoslo, existe la Inquisición medieval en toda la Europa cristiana, menos en Castilla, y al margen de la misma, en toda Europa, incluidos los reinos hispánicos, se genera un terrible movimiento antijudío que hace temblar todas las estructuras.

Llegados a este punto, hay que dejar marcados algunos aspectos previos para el análisis de la Inquisición en España:

En lo relativo al pueblo judío:

Siempre se consideraron a sí mismos extranjeros, y en la Edad Media, por propia elección, vivían en guetos sin mezclarse con la población no judía, lo que hacía crecer recelos en la población no judía, que veía en ellos a los recaudadores, y en fin a gente en la que no se podía confiar.

Mantenían voluntariamente las diferencias, aglutinándose en torno a la religión mosaica.
Existía rencor de los judíos hacia el cristianismo por haberse desgajado del tronco común, y de los cristianos hacia los judíos por haber crucificado éstos a Jesucristo y haber reclamado ante Pilatos que la sangre de Cristo cayese sobre ellos y sobre su descendencia.

Ocupaban empleos despreciados por el ideario cristiano: la usura… o el prestar dinero a cambio de un interés; arrendatarios, recaudadores de impuestos. Trabajos no manuales.

Ocupaban otros empleos que, tratando lo desconocido, hacían sospechosos a quienes los practicaban (médicos), y si a ello se unía un error profesional, o una epidemia mortal, como la peste, los hacía especialmente sospechosos.

Y en general no realizaban trabajos manuales. No eran labradores o herreros, sino banqueros, prestamistas, recaudadores, notarios o médicos.

Había judíos desempeñando otras labores, pero el desarrollo de estas labores es la que generó lo que el simplismo llama “antisemitismo”, sin caer en la cuenta que el pueblo español jamás ha sido racista.

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