jueves, 3 de agosto de 2017

Sobre la herejía (11)


64. No podemos dudar, por lo tanto, de que el conocimiento de Dios es cuestión de tiempo más que de mutación en él; pues, cuando se habla de que Dios sabe, se trata del tiempo de dar a conocer el conocimiento más que en el momento en que se ha adquirido. Esto mismo se nos enseña con lo que se le dijo a Abraham: No pongas la mano sobre el niño y no le hagas nada, pues ahora he conocido que temes, al Señor, tu Dios, y no haz perdonado a tu hijo amado por mi causa (Génesis 22,12). Así pues, Dios ahora sabe. El que ahora sepa es indicación de una ignorancia anterior; pero esto no se acomoda al ser de Dios. Como tampoco es posible que antes ignorase que le era fiel Abraham, del que se ha dicho:

Abraham creyó a Dios, y se le reputó como justicia (Génesis 15,6). El que ahora conozca significa el momento en que Abraham recibió este
testimonio, pero no que Dios en ese momento empezara a saber. Abraham con el holocausto de su hijo había mostrado el amor que tenía a Dios. Dios lo conoce en ese momento en que habla de ello. Pero como no se ha de pensar que antes no lo supiera, tenemos que considerar que se dice que entonces lo ha sabido porque habla. Y entre los muchos pasajes que se contienen en el Antiguo Testamento acerca de la ciencia de Dios,
hemos presentado estos solo a modo de ejemplo, para que se comprenda que el que Dios no sepa no es debido a su ignorancia sino al tiempo.

65. En los evangelios encontramos muchas cosas que el Señor ignora conociéndolas. No conoce a los que obran la iniquidad y se glorían en muchos milagros hechos en su nombre cuando dice: Y entonces juraré que no os conozco. Apartaos de mi todos los que obráis la iniquidad (Mateo 7,23). Afirma incluso con juramento que no conoce a aquellos a los que, con todo, no desconoce como obradores de la iniquidad. No los
conoce, por tanto, no por su ignorancia, sino por que a causa de la iniquidad de sus obras son indignos de su conocimiento; confirma la verdad de lo que dice incluso con el vínculo del juramento. Tiene él no ignorar en el poder de su naturaleza y conserva el no saber en el misterio de su voluntad.
….
66…Cuando el que conoce perfectamente los pensamientos y las acciones pregunta, como ignorante, sobre los pensamientos y las acciones – como cuando pregunta a la mujer porqué ha tocado la orla de su vestido, o a los apóstoles porqué discuten, o a los que lloraban donde estaba el sepulcro de Lázaro-, no se ha de pensar que realmente no sabe, sino que se trata de un modo de hablar. Pues no tiene sentido que el que, estando
ausente, sabe que Lázaro ha muerto y ha sido sepultado, no sepa el lugar del sepulcro, y que el que ve los pensamientos, no haya conocido la fe de la mujer, o que el que no necesita preguntar acerca de nada, haya ignorado la discusión de los apóstoles. Para aquel que todo lo conoce es un designio oculto el decir de vez en cuando que no conoce aquello que ignora. Así, en el caso de Abraham oculta, por un tiempo, su conocimiento;
o en el caso de las vírgenes necias y de los obradores de iniquidad, en los que dice que no los conoce porque son indignos; o en el misterio del hijo del hombre si pregunta como si ignorase, es debido a su condición humana. El que se adapta a la realidad de su nacimiento corporal en todo aquello en que se encuentra limitada nuestra débil naturaleza. No porque sea, por naturaleza, débil aquel que es Dios, sino porque el Dios nacido como hombre ha asumido las debilidades de los hombres. Y las ha asumido no de modo que la naturaleza inmutable se haya transformado en una naturaleza débil, sino que tal manera que el misterio de la asunción ha tenido lugar en la naturaleza inmutable, pues el que era Dios es hombre y el que es hombre no ha dejado de ser Dios.

Al obrar y mostrarse como quien ha nacido como hombre, la Palabra, que sigue siendo Dios, utiliza con mucha frecuencia el modo de hablar propio de su ser de hombre, y muchas veces el modo de hablar de Dios es el mismo que el de los hombres, pues dice que no sabe aquello que no es tiempo de revelar o aquello que no merece ser conocido.

Por consiguiente, tenemos que comprender por qué el Señor ha afirmado que desconoce el día. Si se cree que lo ignora absolutamente, el Apóstol contradice esta afirmación: En el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Colosenses 2,3). 78

San Agustín se enfrentó directamente con algunas corrientes arrianas en los últimos años de su actividad. Más exactamente a partir del año 418, aunque ya anteriormente había tenido noticia de la herejía, sobre todo -como es probab1e- a través de S. Ambrosio79.

Notas:

78 APOLOGÉTICA PARA EL MUNDO. José Miguel Arráiz,
http://infocatolica.com/blog/apologeticamundo.php/contestando_algunos_argumentos_arrianos
79 Claudio Basevi.. Los textos de la Sagrada Escritura sobre la Pasión de Cristo en la exégesis arriana y
agustiniana Pag. 374

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