lunes, 28 de agosto de 2017

Un repaso al genocidio (11)

En relación a la masacre estadounidense de los indios es interesante saber qué opina Carlos Marx, contemporáneo del asunto. Dice Marx: “Bakunin reprochará a los americanos una “guerra de conquista” que ciertamente asesta un duro golpe a su teoría fundada sobre la “justicia y la humanidad”, pero que fue declarada pura y simplemente en interés de la civilización. ¿O es que acaso es una desgracia que la espléndida California sea arrebatada a los mejicanos perezosos que no sabían qué hacer con ella? La “independencia” de unos cuantos californianos y tejanos españoles puede padecer por ello... Pero ¿qué es todo esto al lado de hechos tan importantes para la historia del mundo?”. (“Neue Rheinische Zeitung”, 15 – Febrero – 1849) (Savater, F. (1978). Panfleto contra el Todo. Barcelona: Dopesa, p. 97-98)”  De lo que se deduce que un hermano nunca abandona a su hermano.

Como contrapartida a la forma de entender la vida, veamos la opinión de un soldado norteamericano participante en el expolio de México: “Una cosa en particular me gustó mucho, y era la igualdad de todas las clases ante el altar de Dios. Porque aquí [en México] vi arrodillándose... al orgulloso castellano en cuyas venas corría la pura sangre de Cortés, al amarillo azteca, al estúpido indio y al decrépito negro, juntos, codo con codo; las distinciones de razas, de color, de riqueza, de clase era [sic] dejada de lado o desconocida y todos parecían considerarse mutuamente, al menos en el santuario, como iguales ante Dios. En una ocasión (y me alegro de que fuera un suceso común) vi a una muchacha española, bonita, joven y rubia, evidentemente de la clase superior, arrodillada y enfrente mismo de ella estaba un viejo mendigo negro en la misma posición, mientras que al lado del negro estaba un caballero castellano y su hijito... todos elevando devotamente sus oraciones... sin ni siquiera un pensamiento de “banco para negros” o “asientos de los pobres”, y entonces deseé que fuera así en mi propia tierra nativa, donde presumimos que todos los hombres son libres e iguales. (Un soldado de Ohio) (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 186). De interés excepcional es el abandono de muchos soldados irlandeses y católicos de su lealtad americana, no simplemente desertando sino transfiriendo su lealtad a México.

El famoso batallón San Patricio, que se distinguió en Buena Vista, fue formado por Santa Anna con esos desertores, cuya voluntad de combatir testimoniaba su motivo para desertar. (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 187). Desde 1845, Irlanda estaba sufriendo la epidemia de la patata. Los irlandeses cultivaban la tierra de los ingleses, pero se alimentaban de pequeños huertos de patatas que, al ser atacados por un insecto, ocasionaron la muerte de cientos de miles y la emigración de otros muchos a Estados Unidos. En Irlanda había comida, cereales y ganado, pero estaba destinada a bocas inglesas. Inglaterra, tras tres siglos de colonización de la isla, había confiscado el 95 por ciento de las tierras a los nativos. Los soldados irlandeses del ejército norteamericano comprendieron que la guerra de Méjico – una guerra ofensiva en pro de la extensión de la esclavitud– era un acto de tiranía, como la que ellos sufrían en su patria, y decidieron ponerse de parte de la justicia, pasándose al bando mejicano.” 

Lincoln declaraba: «No soy partidario -nunca lo he sido, bajo ningún concepto- de la igualdad social y política entre la raza blanca y la raza negra... Existe una diferencia física entre ellas que les impedirá, siempre, vivir juntas en igualdad social y política. Existe naturalmente una situación de superioridad e inferioridad, y mi opinión es asignar la posición de superioridad a la raza blanca»

En las colonias españolas, los indios adquirieron personalidad jurídica por las Leyes Nuevas desde 1542, que los trataron como súbditos de Castilla: libertad, propiedad, derecho a la vida...

Evidentemente no hay parangón.

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