sábado, 9 de septiembre de 2017

COMPONENDAS PARA LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA (1820-1830) (II)



En ese ámbito, el 1 de Enero de 1820, en Cabezas de San Juan (Sevilla), Rafael de Riego se negó a encabezar la expedición a América. Durante dos meses el ejército de Riego permaneció sublevado recorriendo Andalucía sin que el gobierno pudiera impedirlo, ya que por todo el país se multiplicaban los pronunciamientos liberales y los levantamientos campesinos. El 3 de enero, el coronel Antonio Quiroga, designado para encabezar el movimiento, tomaba San Fernando y se disponía a entrar en Cádiz, que era el objetivo más importante.



Casi dos  meses después de la asonada de Riego, y cuando ya se encontraba derrotado y fugitivo, el 21 de Febrero, el coronel Azevedo siguió los pasos de aquel en la Coruña, y O’Donnell (masón), que partía con un ejército para reprimir a Riego, en Ocaña el 1 de Marzo. Siguieron Zaragoza el 5 de marzo, Barcelona el 10 y Pamplona el 11. La España de pandereta…

Entre tanto, ¿qué pasaba en América?

La defección de Riego tuvo sus valedores en América; entre ellos, Espartero, y tuvo sus detractores, entre ellos, Olañeta. La prensa, a ambos lados del Atlántico, no era ajena a la cuestión; así, en un periódico de el Cuzco (Flórez 1844 I: 83) se decía:

Los americanos no han llegado a comprender qué clase de guerra debe adoptarse en el Perú. No puede haber guerra entre españoles y americanos; pero sí debe haberla entre españoles contra Fernando, quien trata de destruir los derechos del ciudadano.

Quedaba manifiesta la división del ejército entre liberales y realistas. Algo que se incrementaría hasta la batalla de Ayacucho.

Por otra parte, Espartero había sido destinado a América el año 1815 tras su formación militar, bajo el mando del general Pablo Morillo, habiendo tomado parte en la toma de la Isla Margarita, siendo destinado posteriormente al Alto Perú con el empleo de capitán, y a poco a comandante, pero no por méritos (que sin duda los tuvo del nivel de sus compañeros) ni por antigüedad.

Espartero recibió con algazara la noticia de la defección de Riego, realizando celebraciones en establecimientos militares que se encontraban bajo la jurisdicción de Maroto, a la sazón presidente de la provincia de Charcas.

El general Olañeta se enfrentó al virrey de la Serna, momento que fue aprovechado por los agentes británicos, encabezados por Bolívar, para acometer el Perú. Algo oscuro, no obstante hay en todo ello, pues Olañeta mantuvo entrevistas con Bolívar.


Oscuro como oscuro fue el manifiesto que tras la defección de Olañeta divulgó Espartero, a la sazón jefe del estado mayor del ejército del sur; manifiesto en el que un liberal como él hace mención de la Divina Providencia y señala:

él pretende haceros creer que la desprecian los jefes beneméritos que tantas pruebas os han dado de sus virtudes: los suponen enemigos de nuestro adorado Monarca el Sr. D. Fernando VII, y nadie como vosotros puede desmentir á este impostor inicuo: á vosotros apelan estos varones ilustres, que viven tranquilos, con la seguridad de que les haréis la justicia que tanto merecen. (Flórez 1844 I: 90)

Lo que sí es cierto es que Olañeta, después del desastre de Ayacucho en diciembre de 1824, continuó hostigando a los colonialistas británicos y a sus nacientes naciones títere, fortificado en Potosí con los mismos apoyos de la España peninsular con los que venía contando hasta el momento (ninguno), y con los dicterios de los liberales.

Como también es cierto que durante 1822 y 1823 los liberales habían estado tratando la mutilación de la Patria con los agentes británicos que representaban a los nacientes gobiernos de Nueva España, Guatemala, Chile, Costa Firme y Buenos Aires, con los que llegaron a acuerdos que fueron presentados a La Serna para que diese su conformidad. (Flórez 1844 I: 92)

Ya se trataba, para los liberales, de pura cuestión económica y de comercio, a imagen y semejanza de lo que habían aprendido de sus maestros británicos. Y estos asuntos, por delegación del Virrey La Serna, serían tratados por Espartero en la conferencia de Salta, celebrada a finales de 1823, y cuya validez sería revocada por Fernando VII el 24 de diciembre del mismo año.

0 comentarios :

 
;