martes, 12 de septiembre de 2017

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUBMARINO (III)

El principal problema hasta el momento, tanto para Monturiol como para García fue que la técnica de la época no daba solución posible a la navegación submarina, por ausencia de otras máquinas que las de vapor, completamente inadecuadas para un submarino. Sin embargo parece que el proyecto no era para ser desechado, como fue desechado por el gobierno.

Resulta de las aportaciones de Cosme García y de Narciso Monturiol, que la contribución española a la historia de los intentos de conseguir la navegación submarina es equivalente o incluso superior a la de países supuestamente mejor dotados desde lo académico o lo industrial para lograr tal fin, y basten los ejemplos aludidos del alemán Bauer, del Plongeur francés o del Hunley americano, tan celebrados y recordados desde entonces, pese a que supusieron auténticos desastres, naufragando en pruebas varias veces en todos los casos, mientras que los prototipos de los dos españoles apenas padecieron más que leves incidentes, hecho decisivo que convendría tener muy presente a la hora de juzgar estos primeros intentos. (Rodríguez 2015: 28)

Como consecuencia del abandono institucional, la sociedad de Monturiol quebró en 1868, y su maquinaria fue destinada para usos civiles. La administración pública, conocedora del invento, desestimó el desarrollo del mismo, tras haber llevado a cabo más de cincuenta inmersiones. . ¿Daremos un voto de confianza al gobierno español?, ¿no veremos aquí un acto de alta traición?... Seremos condescendientes y no lo veremos.

Por los resultados obtenidos, parece que el proyecto de Monturiol era merecedor de una mayor atención, pero el complejo de inferioridad nacional inducido por los propios gobiernos españoles no la permitía.

La verdad es que

Poco se han valorado en España las realizaciones de Monturiol y menos aún las de Cosme García, pero si hubieran tenido en sus pruebas los resultados desastrosos del inventor alemán, del americano o del francés, no nos cabe la menor duda de que la única conclusión hubiera sido la universal rechifla y la inevitable conclusión de que los nacidos en esta piel de toro no servimos para ciertos menesteres. (Rodríguez 2015: 28)


Ya se habían olvidado las obras pioneras de García y de Monturiol, cuando en 1884, con el conflicto de las Islas Marianas sobre la mesa, Isaac Peral presentó el primer prototipo del submarino con propulsión eléctrica. ¿Hubiese resuelto Monturiol el problema?... Tal vez, pero el vacío institucional, si así era, se lo impidió.

Quién sí lo resolvió, sin ayuda de nadie, fue Isaac Peral, un hombre de ciencia que había estudiado Astronomía y tenía grandes conocimientos de las ciencias, destacando en la geografía, las matemáticas, la mecánica o la electricidad, habiendo sido titular de la cátedra de física-matemática en el Observatorio de Marina, y contando en su haber ser el primero que montó las primeras centrales de alumbrado público.

En 1884 expuso su proyecto en la Academia de Ampliación de Estudios de la Armada y Observatorio de Marina., de cuya exposición, sus superiores D. Cecilio Pujazón y D. Juan Viñegras, salió un informe para el ministro de Marina, Pezuela, que en su momento había apoyado a Villaamil en su proyecto de destructor. Al respecto de la confidencialidad, en el segundo párrafo señalaba Peral:

Creo conveniente advertir a V.E. que, como el invento es relativamente fácil para los hombres de ciencia, sería conveniente guardar sobre ello la más absoluta reserva, pues el solo anuncio de la noticia podría ocasionar que otra nación, con más elementos que la nuestra, se nos adelantase, y por esto me tomo la libertad, que espero me dispensará V.E., de comunicarle esta noticia particular y directamente.

Pero desde ese mismo momento comenzó a encontrar escollos en su labor. Cánovas llegaría a decir al ministro Pezuela:

Ese cacharro náutico no podrá servirnos para ahora. Para más adelante ya se habrá vuelto cuerdo el inventor. (Pérez 193-: 49-56)

La política de aislamiento de Cánovas había sugerido en todo el país la idea de renunciación a todo empeño, a toda empresa, a toda aventura, a todo ensueño de engrandecimiento, y algo más grave aún: había ahincado en todos los ánimos una idea vaga y confusa de incapacidad nacional. (Pérez 193-: 43)

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