domingo, 24 de septiembre de 2017

La caída del Imperio Romano (12)

Llenos están los concilios de los primeros siglos de la Iglesia española de disposiciones acerca del matrimonio ó de la continencia de los clérigos. Tres disposiciones dedicó á esta materia el concilio de Gerona de 517.  Y los demás concilios provinciales dedican la misma atención al asunto. En concreto en el segundo de Toledo, en 527, se exigió expresamente á los jóvenes el celibatismo como condición precisa para recibir el subdiaconado.

El III Concilio de Toledo tiene particular importancia sobre los otros; significó, entre otras cosas, la unidad nacional de España; y marginar del poder a los judíos, que lo habían detentado bajo el poder arriano con graves perjuicios para el pueblo cristiano. Recaredo dictó tres leyes que merecen ser destacadas: la prohibición canónica de tener los judíos siervos cristianos, la moralidad de los funcionarios públicos y el impedimento matrimonial de profesión religiosa , y propició una mejor formación de los jueces para “que aprendan a tratar al pueblo piadosa y justamente” , igualando en derechos a todos los españoles. Y sucedió algo digno de ser remarcado: La Iglesia y la monarquía formaron una simbiosis mediante la cual ambas se beneficiaban; la monarquía gobernada, y los concilios legislaban. No en vano el conocimiento estaba circunscrito a la Iglesia.

El poder legislativo y el poder ejecutivo eran independientes; llegaría el VIII concilio que se inauguraría como sigue: En el nombre del Señor Flavio Recesvinto rey, á los reverendísimos padres residentes en este santo sínodo... Os encargo que juzguéis todas las quejas que se os presenten, con el rigor de la justicia, pero templado con la misericordia. En las leyes os doy mi consentimiento para que las ordenéis, corrigiendo las malas, omitiendo las superfinas y declarando los cánones oscuros ó dudosos... Y á vosotros, varones ilustres, jefes del oficio palatino, distinguidos por vuestra nobleza, rectores de los pueblos por vuestra experiencia y equidad, mis fieles compañeros en el gobierno, por cuyas manos se administra la justicia... os encargo por la fe que he protestado á la venerable congregación de estos santos padres, que no os separéis de lo que ellos determinen,

Sí no abolió el Breviario de Alarico, hizo por lo menos muchas leyes que mandó fuesen obligatorias indistintamente para los pueblos, echando de este modo los cimientos de la unidad política sobre la base de la unidad religiosa, que eran los dos principios de que había de partir la civilización moderna.

Y finalmente, el tercer concilio de Toledo significó que la Iglesia tenía papel preponderante en la constitución del estado visigodo, al que aportaba cultura y conocimiento. De esta época procede el derecho real a la designación de obispos, como contrapartida a la preponderancia de la Iglesia en la constitución del estado, que ha sido heredado hasta el mismo siglo XX. Hecho que ha sido tan duramente criticado por unos y por otros, y que de manera antihistórica ha sido presentado como una imposición, en concreto, del generalísimo Franco, que por cierto, en alguna ocasión manifestó que no entendía cómo él debía intervenir en el nombramiento de los obispos, del mismo modo que no entendería que fuese la Iglesia quien interviniese en el nombramiento de sus generales.

El papel de los concilios de Toledo, que por algunos historiadores ha sido presentado como unas cortes generales mientras otros desechan por completo la idea, parece tener razón de ser, ya que si por una parte los visigodos (ya más clase social que etnia) mantenían el poder político, eran los concilios, conformados por hispanorromanos, quienes ejercían el control y la inspección de las actuaciones políticas.

Pero tal vez el influjo de la Iglesia fue diverso. Benéfico indudablemente para la vida civil, ya que a la postre podemos entender los concilios como unas cortes generales  donde concurrían los principales representantes del pueblo, pero finalmente perjudicial para la vida de la nación y para la propia Iglesia si nos remitimos a los resultados del año 711 que, tal vez hubiese tenido otro resultado si las gentes de España hubiesen guardado algo más de espíritu combativo.

En este tercer Concilio no intervino sino la Iglesia, como sucedería hasta el séptimo, pero las decisiones de los concilios tenían manifiesto reflejo político, hasta el extremo que tanto este tercer concilio, como el cuarto, son tenidos como base de la nación española. Es de destacar que ya en el III Concilio se cita Spania en claro sentido sinónimo a todo el reino godo, incluyendo la Galia y Galicia . Del cuarto concilio quiero destacar la prescripción LXXV que marca que “ninguna división de la patria surja por la violencia o la ambición”. A partir del octavo concilio, de 653, sí intervino la nobleza, lógicamente sin voz ni voto en asuntos eclesiásticos.

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