lunes, 18 de septiembre de 2017

La revuelta comunera (12)


La corona de Castilla, según el testamento de la reina Isabel, era para la princesa Juana, pero una cláusula señalaba que Juana debía ceder sus derechos a su padre, Fernando el Católico, en el caso de trastornos mentales. El conflicto estaba servido,  pero llegó una apariencia de solución con la concordia de Salamanca de 24 de septiembre de 1505, donde D. Juan Manuel urdió que el gobierno de Castilla fuese mancomunado entre Juana, Fernando y Felipe “el hermoso”. En la misma se reconocía a Felipe como rey consorte.

La nobleza, siempre levantisca, esperaba el cambio para poder medrar a sus anchas; las facciones se enfrentaron; los había que defendían la regencia de Fernando de Aragón, de conformidad con lo establecido en el testamento de Isabel la Católica y las cortes de Toro de 1505, como los Velasco, Enríquez, Mendoza y Álvarez de Toledo; los había que preferían la regencia de Maximiliano, como los Manrique, Pacheco y Pimentel, porque ello se acoplaba más a sus particulares intereses; y los había que directamente asaltaron fortalezas y ciudades. Si el conde de Lemos asaltaba Ponferrada, el duque de Medina Sidonia asediaba Gibraltar.

Con el apoyo de la nobleza, Felipe el Hermoso acabó prescindiendo de la Concordia de Salamanca e imponiendo sus condiciones. Los nobles engrosaban por momentos su corte, mientras a Fernando se le marginaba de manera ostentosa. Sólo Cisneros, que había perdido toda influencia, se mantuvo fiel.  Fernando, asqueado, marchó a Nápoles.

Pero el 25 de Septiembre de 1506 fallecía Felipe el Hermoso. Según parece se encontraba Felipe en Burgos jugando a pelota cuando, tras el juego, sudando todavía, bebió abundante agua fría, por lo cual cayó enfermo con alta fiebre y murió unos días después. Con él acabó la privanza de don Juan Manuel, y volvió a resurgir Cisneros, que tras formar consejo de estado con las facciones nobiliarias inmediatamente llamó a Fernando, basándose en lo acordado en las Cortes de Toro de 1505. No obstante, se convocaron cortes para Noviembre, en Burgos, que no tuvieron efecto por la actitud de desidia de la reina Juana.

La situación de sumo desorden; los nobles campando a sus anchas tomando por las armas las plazas que les apetecían; el inquisidor Lucero cometiendo desmanes sin nombre en Córdoba; desórdenes en Toledo, Madrid, y otras partes. “El Duque del Infantado quería el obispado de Palencia para un hijo suyo. El Duque de Alburquerque exigía que Segovia volviese á poder de los marqueses de Moya. El Duque de Nájera tenía celos del Condestable, y el Marqués de Villena del Duque de Alba…/… y muchos más que tenian otras pretensiones.”

Cisneros paralizó los desmanes de Lucero y rehabilitó a las personas que había perseguido en sentencia hecha pública en Valladolid el uno de Agosto de 1508. Como inquisidor general se comportó con la prudencia que exigía su cargo, siendo que el nefando Llorente, secretario que fue de la Inquisición, masón y afrancesado que acabó huyendo con las tropas francesas, no osa lanzar sobre él los disparates que lanza contra la Inquisición en su conjunto.

Cisneros consigue constituir una regencia con los sectores más fieles a la reina Isabel, que se enfrenta al sector de nobles que querían dar la regencia a Maximiliano, padre de Felipe el Hermoso. Pero había otras posibilidades; tantas como nobles; unos querían coronar a Carlos; otros, a su hermano Fernando; otros querían casar a la reina Juana, y entre éstos había varios candidatos a marido…  Los partidos separaban a la sociedad, ya que la sublevación de los nobles arrastraba, cada uno, a sectores de la población afines por distintas causas; podemos entender que cada uno de los nobles era un grupo de presión, o un partido como los que conocemos actualmente; así, el mal no se circunscribía a la élite nobiliaria, sino que estaba generalizado.

Pero hay más, el conflicto alcanzaba tintes dramáticos. “Se afirmaba que la familia Guzmán tenía la intención de conducir al infante al reino de Aragón donde se le proclamaría rey; la viuda del rey Católico, Germana de Foix, pasaba por ser persona adicta a esa idea.”  El entorno flamenco vigilaba los pasos del infante, que estaba siendo apoyado por un número creciente de partidarios. Su destino se resolvería en la cortes de Valladolid, cuando, tras ser disueltas, embarcó en Santander en Mayo de 1518 para no regresar jamás a España. El destino de ambos personajes estaba marcado para que, al menos en un principio, fuesen ajenos a los reinos que iban a regir.

1 comentarios :

Crucita Garrosa García dijo...

Me encanta la Historia de España, me da pena que según qué sitios no la estudian, ni saben quiénes fueron los Reyes Católicos,ni su historia .

 
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