viernes, 20 de octubre de 2017

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (IV)

El bienio progresista acabó en 1856 y empezó el periodo “moderado” Narváez-O’donnell-Narváez, que aguantaría hasta 1868 con “La Gloriosa”, y que se significaría, como los otros, por una gran represión.



El 22 de octubre de 1859, cuando el prestigio del gobierno y de la corona estaban en mínimos, se inició una guerra en Marruecos que sólo serviría para fortalecer los intereses británicos, que posibilitaron el enfrentamiento al objeto de fortalecer el apoyo popular a Isabel II, que estaba bajo mínimos. A la semana escasa del inicio de la farsa que sólo serviría para favorecer la figura de quienes nueve años más tarde protagonizarían “la gloriosa”, Concha fue sustituido por Francisco Serrano Domínguez, quién, en la misma línea de su predecesor, apoyó a los sectores menos patriotas, llegando incluso en 1862 a hacer un homenaje póstumo al ideólogo separatista José de la Luz Caballero, fallecido el 22 de junio.

El general “bonito”, el mismo que prestó sus mejores servicios a la monarquía decrépita en la alcoba de la reina; el mismo que es considerado autor intelectual (y probablemente físico) del asesinato de Prim; el mismo que hoy tiene dedicada la principal calle comercial de Madrid, fue sustituido de su mando en Cuba el diez de diciembre de 1862 por el general Domingo Dulce, que contrariando los intereses españoles, mantuvo la neutralidad en la Guerra de Secesión usense y dio apoyo a los reformistas.

Por su parte, la prensa cumplía con su misión en el negocio pidiendo el abandono de Cuba que, en 1865, tenía 62.801 habitantes, de los cuales un 60% era negra esclava, un 5% de origen cubano, otro 5% negra o mulata pero libre y un 30% blancos.

Domingo Dulce dispuso de tres años y medio para reforzar su economía personal. Tiempo suficiente… de momento.

El 31 de mayo de 1866 sería sustituido por Francisco Lersundi, cuya actuación no parecía desentonar con la llevada por sus antecesores y sólo sirvió para enardecer a los separatistas.

Su mandato sería provisional. Cinco meses después, el 31 de octubre de 1866, Lersundi sería sustituido por Joaquín de Manzano, que no varió la política anterior.

decía Manzano al gobierno en Enero del 67, «que en la opinión se notaba gran desvío por la indiferencia y tibieza o falta de previsión y de resolución que respecto a Cuba se suponía en los ministros de la reina, que oían en tanto benévolos a los más exagerados reformistas de la junta informativa. (Pirala 1895: 156)

Pero el mandato de Manzano no sería mucho más largo que el primer mandato de Lersundi. Sólo duró once meses, pues el 23 de septiembre, por enfermedad que lo condujo a la muerte,  sería sustituido, con carácter interino, por Blas Villate de la Hera, conde de Balmaseda

El nuevo titular de la Capitanía General sería nuevamente Francisco Lersundi, quién tomó posesión el 21 de diciembre de 1867. Volvía con la misión de mejorar la maltrecha hacienda y controlar el orden público. Se le acusó de favorecer la trata de esclavos.

Una de sus líneas de actuación consistió en lograr que los productos peninsulares pudieran colocarse libres de impuestos en Cuba, y lograron que se implantaran los aranceles de 1882, en contra del librecambio que preferían los productores cubanos. (Arrozarena 2012: 21)

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