jueves, 26 de octubre de 2017

La crisis del siglo XVII (XII)

La crisis económica no era exclusiva de Castilla, porque aunque con diferencia fuese la que más aportaba, también era con diferencia la más rica. “Era Castilla la que financiaba la política general de la monarquía.”

“El campesino podía considerarse rico si ingresaba 1.000 ducados al año. Algunos lo eran, aunque no más del 5 por 100 de la población del campo…/…En cuanto a los hidalgos, unos eran orgullosos y pobres, otros se veían obligados a trabajar para ganarse el sustento y todos trataban a toda costa de mantener su inmunidad fiscal, aunque sólo fuera formalmente.”

“En Andalucía el precio de los cereales pasó de 430 maravedís por fanega en 1595 a 1.041 en 1598 y en Castilla de 408 maravedís en 1595 a 908 en 1599.” 

“En los años siguientes, las condiciones climáticas adversas produjeron nuevas pérdidas de cosechas. Hubo que buscar desesperadamente suministros de cereales de urgencia en el Mediterráneo, en el norte de África y en el Báltico. Los ricos y los poderosos acapararon las escasas existencias disponibles y la población estaba al borde de la inanición.”

La actitud de la nobleza, que como consecuencia de la guerra de los comuneros y del precio que recibió por tomar parte en defensa de los principios de la Monarquía, se repuso del menoscabo que había sufrido a lo largo del reinado de los Reyes Católicos, había recuperado unos privilegios que la acercaban a los que eran propios de la Europa feudal; se hicieron con grandes extensiones de terreno, y la población rural, acosada por la miseria, marchaba a las urbes, y en este devenir, “en el curso del siglo XVI el poder adquisitivo de los trabajadores disminuyó casi un 30 por 100. Esa tendencia continuó en la primera mitad del siglo XVII. Los precios fueron mucho más sensibles que los salarios a la gran depreciación de la moneda de vellón en 1622-1627 y esa disparidad determinó que los salarios reales descendieran más del 20 por 100.”

Como se observa, la crisis general de la Monarquía Hispánica no se mostraba sólo en las necesidades de los tercios españoles repartidos por Europa; también el pueblo, y muy especialmente, estaba sufriendo muy directamente sus mordiscos.

En estas circunstancias, en Cataluña se produjo un importante movimiento de bandidaje, que asaltaba los caminos, y en los hechos acaecidos en 1640, los bandidos, que en ocasiones tenían muy cercanas relaciones con la alta nobleza, jugarían un importante papel.

En este mundo de la economía, España tenía un refuerzo importante en las remesas de oro y sobre todo plata que venía de América; algo natural a lo largo de la Historia cuando los imperios necesitan mantener su maquinaria; algo de lo que ha sido rabiosa e injustamente acusada España, como si se tratase del único caso, cuando a todas luces, habiéndose producido la importación de metales preciosos, no parece que, en los modos, sea peor que lo actuado por el Imperio Romano, como nos demuestran, hoy, las ciudades existentes en América. Tal vez, al hablar de expolio se refieran a otros… En cualquier caso se trata de historia negra; de mentira, hablando de forma directa.

Fallos pueden ser encontrados en la mejor de las administraciones; los errores son estrictamente humanos; la existencia de perfidia no es achacable a una superestructura que por lo general procura la equidad, aunque en sus órganos pueda existir esa perfidia, siempre que esa administración no pierda el norte de su existencia. ¿Había perdido el norte de su existencia la administración española en el siglo XVII?... A pesar del raquitismo intelectual de los Felipes III y IV; a pesar de la corrupción de la administración corrupta que les rodeaba, parece que no. “En el siglo XVI, la economía del mundo hispánico era una economía integrada. España invirtió recursos humanos, dinero y un esfuerzo prolongado en la colonización de América y en el desarrollo de sus recursos. Así pues, los cargamentos anuales de tesoros americanos eran los beneficios de una inversión —la mayor inversión realizada por país alguno en el siglo XVI— y no la recompensa de un parásito.”

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