miércoles, 4 de octubre de 2017

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN EL SIGLO XIX (II)

La situación estaba orquestada por los agentes del gobierno, destacando en su actuación la Milicia Nacional, al amparo de su impunidad, y despues del 4 de julio de 1835, cuando el gobierno procedió a suprimir la Compañía de Jesús. Al alimón con las acciones de persecución, el 25 de julio el gobierno procedió a suprimir los monasterios y conventos que no tuviesen doce profesos. Fue obra del ministro conde de Toreno, que cerró hasta novecientas casas de religiosos. Número que se vio cumplidamente ampliado por la acción de las juntas revolucionarias. Todo allanaba el camino para la llegada de Mendizábal, procedente de Inglaterra.



Ya con Mendizábal impuesto por Inglaterra como ministro, el once de octubre de 1835 se procede a la disolución  de todas las ordenes religiosas, excepto las hospitalarias; la excusa aducida: por su apoyo al carlismo.

Como contrapartida, se creaban centros de influencia británica.

“El pastor metodista William Harris Rule fundaba en Cádiz la primera misión disidente de España. En 1833 estuvo visitando varias localidades del sur de la península y entre el 16 y el 18 de mayo de 1836 pasó por Cádiz. (Orozco 2013: 212)

En ese orden de cosas, y atizado por miembros de la Milicia Nacional, en todas las provincias se constituyeron juntas revolucionarias que protagonizaron asaltos a conventos obligando a la exclautración de los profesos, mientras organizaciones promovidas por británicos, como la Sociedad Económica de Amigos del País, solicitaban los edificios para su sede y escuelas.

Los incendios del año 1835 fueron el principio de una revolución que cundió por toda España y dio origen a grandes reformas.

Todo el aparato del liberalismo se volcó en la persecución. A ese respecto Pi y Margall, que en otros pasajes alabase tanto la estructura política británica, decía: Son libres las asociaciones para todos los fines de nuestra vida; no es posible que lo sean las que, si se generalizasen, llevarían consigo la extinción de nuestro linaje. Los individuos de esas comunidades, por su voto de castidad, se castran moralmente y se inutilizan para la propagación de la especie; contrarían el primer fin de la vida humana, y sus asociaciones son, por lo tanto, ilícitas.

Curiosamente, los agentes del sistema hablaban de moralidad. En este orden de cosas, el gobernador civil de Zaragoza llegó a prohibir

…que se tocasen las campanas en el ejercicio interior del culto, y que los toques para la convocación de los fieles a los templos durasen a lo mas cuatro minutos. (Burgos 1850: 13)

La persecución, tras el expolio nacional que representó la desamortización, llegó a fin... de momento, hasta que dos décadas después se recrudeció.

En 1854, las Juntas Revolucionarias expulsaron a jesuitas, cerraron Seminarios conciliares y se pronunciaron a favor de la libertad de cultos. La ley de  desamortización de Madoz de mayo de 1855, más conocida por sus efectos sobre posesiones no eclesiásticas, reanudó la desamortización de los bienes de regulares y comenzó las ventas de los del clero secular. (Orozco 2013: 38)

Tampoco acabaría ahí la cuestión. El 2 de Junio de 1865 decía Castelar:
El pensamiento de la revolución puede resumirse en una frase capital: guerra al poder político del clero. (Castelar 1870: 160)

Nuevamente en 1868 la persecución religiosa tuvo distintas medidas. La persecución religiosa llevada por el gobierno (expulsión de los jesuitas, extinción de conventos y monasterios…) es completada por las juntas municipales, que en no pocas ocasiones proceden  a la demolición de edificios religiosos, la incautación de campanas o la supresión de los toques de campanas.

Las iniciativas anticatólicas en Madrid suelen ser rebasadas ampliamente por las juntas locales, arbitradas por escépticos y masones, hábiles en el manejo de unas masas hundidas en la ignorancia y miseria más oprobiosas, en las que desatan una furia iconoclasta que causa multitud de daños irreparables.

La Junta de Córdoba cerró cuatro conventos de monjas. En Zaragoza, el 29 de septiembre las turbas intentaron quemar el palacio arzobispal, pero “algunos republicanos de orden y revolucionarios de mejor sentido” evitaron el desmán. En Valladolid, los demócratas se hicieron dueños de la situación y convirtieron el templo de los Mostenses en “templo de la libertad” para sus reuniones políticas. La Junta de Lérida derruyó una parroquia y cerró el Seminario Conciliar, medida esta muy frecuente, que se repitió en Salamanca, Valladolid, Tortosa y Málaga. En Huesca, el obispo fue expulsado el 8 de octubre por la Junta revolucionaria. Las Juntas de Barcelona y Calatayud decidieron la expulsión de los jesuitas…/… No faltaron Juntas muy moderadas en su conducta hacia el clero. La de Valladolid, aunque expulsó a los jesuitas, se mostró respetuosa con el cardenal, que confesó haber recibido díariamente testimonios de respeto de toda clase de personas, incluyendo a los miembros de la Junta revolucionaria. En Astorga, el obispo se congratulaba de lo juiciosa y pacífica había sido la actuación de la Junta local. La de Santander se apresuró a comunicar que su principal objetivo era conservar el orden y consagrar un respeto religioso a la propiedad, y solo explicitó el derecho a la Soberanía Nacional. La Junta de Cuenca y otras se pusieron decididamente a favor de la Iglesia. La Junta de Burgos no tomó ninguna medida contra las órdenes religiosas. (Orozco 2013: 46)

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