lunes, 30 de octubre de 2017

La tortura en la Inquisición (I)

“Hay que señalar que el uso de la tortura, como medio para arrancar la confesión de la víctima, no fue algo peculiar de la Inquisición española. Se utilizó en la práctica penal de muchos tribunales de Europa, así como en la Inquisición romana.”  Así, no parece lógico pensar en la Inquisición cuando de habla de tortura, pero resulta que, además, es ahistórico pensar en la Inquisición cuando se habla de tortura, ya que conforme declaran historiadores para nada simpatizantes con la Inquisición como Lea o Kamen “confirman con estadísticas que en épocas "duras" (hasta 1530) en tribunales muy activos se utilizó el tormento en el uno o dos por ciento de los casos.”

Otros investigadores no identificados como “anti” sino sencillamente como historiadores señalan que “en honor a la verdad hay que manifestar que el empleo del tormento por el Tribunal de Santo Oficio fue limitado. Se estima que fue empleado en no más de un 6 a 9% del total de procesos en toda la historia, aunque hubo épocas en las que la aplicación fue  importante, especialmente en sus etapas iniciales contra los judeoconversos. Además, en contra de lo que se suele creer, en los juicios de la época de Torquemada el tormento para interrogar casi no se utilizó. Fue a partir del segundo tercio del s. XVI cuando aplicó con mayor frecuencia, mientras que en el s. XVII su empleo disminuyó y de hecho en el s. XVIII casi desapareció.” 

Esa estadística nos desvela una realidad que ya venimos anunciando: Los delincuentes, en no pocas ocasiones simulaban ser reos de herejía para que fuese la Inquisición la encargada de tratar su caso judicial. Y es que el trato brindado por la Inquisición era notablemente mejor que el brindado por los otros tribunales. Por otra parte, la Inquisición “fue el primer tribunal del mundo que suprimió el tormento cien años antes de ser extinguida.”

“Con respecto al tormento hemos de empezar por reconocer que su uso, tanto en plan de castigo como para extraer confesiones de los presos, fue general en la Alta Edad Media, el Renacimiento y, en algunos casos, entrada la Edad Moderna, en todos los países de la Cristiandad y por parte de todos los tribunales, seculares o eclesiásticos.”  “Como muestra la actuación de la justicia civil y religiosa dentro y fuera de España, no fue sólo el estigma de la Inquisición, sino el de toda una época.”  Con esa premisa deben ser tratadas las torturas de la Inquisición; por eso, hay que decir que la Inquisición no inventó el tormento, “sino que moderó sus rigores y su duración; que exigió para su aplicación condiciones muy favorables a los reos; que dificultó primero su práctica, y acabó después por abolirlo con mucha anterioridad a los tribunales civiles.” 

Siendo así, es preocupante la existencia de la historia negra inventada por la Ilustración y por los países europeos en unos momentos en que esa Ilustración y esos países europeos estaban llevando a cabo los peores genocidios conocidos hasta el momento.

Por otra parte, en los escasos casos de tormento infligido en la Inquisición a lo largo y ancho de toda la Hispanidad, “la práctica del tormento era controlada por el médico, que a veces lo impedía al reconocer previamente a la víctima… En los tribunales civiles de la época no habían tales consideraciones y su empleo fue general aún en aquellos casos en que los sospechosos habían declarado plenamente sus culpas… (por otra parte), El acusado era sometido a tormento sólo si los delitos que se le atribuían previamente estaban semiplenamente probados y siempre que los Inquisidores estuviesen de acuerdo en la conveniencia de su empleo.”


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