jueves, 12 de octubre de 2017

Las "formas" del comunismo (9)

El terror rojo


La historia del terrorismo la vamos a iniciar por quienes le dieron tal nombre y lo usan como arma ideológica: el marxismo leninismo.

“La revolución —se lamenta Kautsky— nos ha traído el más sangriento terrorismo ejercido por gobiernos socialistas. Comenzaron los bolcheviques rusos, que fueron severamente juzgados por los demás socialistas no partidarios del bolchevismo, entre ellos los mayoritarios alemanes. Pero apenas estos sintieron amenazado su poder, acudieron a los mismos medios que tan duramente habían condenado en Oriente”.

Trostki anunció:"En no más de un mes de tiempo el terror asumirá formas muy violentas, tras el ejemplo de la gran Revolución Francesa; la guillotina... estará lista para nuestros enemigos... esa notable invención de la Revolución Francesa que acorta al hombre por una cabeza". Y que Lenin incluso fomentaría: “"El uso de rifles, revólveres, bombas, cuchillos, manoplas, garrotes, trapos empapados en keroseno para iniciar incendios... alambres de púas, clavos (contra la caballería)... o ácidos para arrojar sobre la policía... El asesinato de espías, policías, gendarmes, volar estaciones policiales... debe comenzar en cualquier momento". Algo que no es creación exclusiva de Lenin, sino que procede de Marx: “"Nosotros no tenemos compasión y no pedimos compasión de ustedes. Cuando llegue nuestro turno, no pondremos excusas para el terror".

El primer acto de la “organización de combate” de Guerchuni, en 1902, fue el asesinato del ministro de Instrucción Pública en Rusia; el segundo acto, en 1903, el asesinado sería el gobernador de Ufa. El léxico utilizado en la relación de estos hechos es también sintomático del marxismo-leninismo. Dice Victor Serge: “Al día siguiente del atentado publicó el partido socialista revolucionario un documento en que justificaba aquella ejecución”.

Pero es de significar que no tienen los ideólogos marxistas el menor apuro en reconocer su situación real en este sentido; así, manifiesta: “Al ser encarcelado Guerchuni, vendido por Azev, quedó este último a la cabeza de la organización terrorista.”   Y esa es la trayectoria normal del marxismo leninismo durante su existencia, hasta que le ha interesado, curiosamente, significarse verbalmente contra el terrorismo, mientras por otra parte continúa ejerciéndolo, como le exige sus principios ideológicos.

“A las órdenes del agente provocador estuvo un terrorista de vocación y de un valor a toda prueba: Boris Savinkov. En 1904 caía despedazado por la bomba de Egor Sazonov el presidente del Consejo, Plevhe. El organizador de este acto había sido Savinkov, que trabajaba a las órdenes de Azev. Llególe luego el turno al sátrapa de Moscú, el gran duque Sergio Alexandrovich, ejecutado por Ivan Kaliaev. Los terroristas Sazonov y Kaliaev merecen ser contados entre las más formidables figuras de la Revolución rusa. Los atentados se fueron sucediendo cada vez en mayor número. Durante la revolución de 1905, después de la publicación del rescripto imperial del 17 de octubre, el partido socialistarevolucionario, completamente desorientado, decretó el fin de la acción terrorista.”

“Los atentados cometidos por el partido socialista-revolucionario durante el año 1905 fueron 58; 93 durante el año 1906, y 74 durante el año 1907.”

Luego empezarían a matarse entre sí, costumbre que también han  exportado a sus filiales. Si en España asesinaron a Nin y a sus compañeros del POUM, ya habían iniciado la saga con el intento de asesinato de Lenin y el jefe de la cheka de Petrogrado en 1918. En cualquier caso, ni fueron los primeros en ser víctimas de sus propias purgas, ni por supuesto fueron los últimos. Pensemos en Yoyes y en los otros purgados de la ETA. Lo curioso es que son tan hábiles que son capaces de usar como arma arrojadiza contra sus enemigos a las víctimas de sus filas asesinadas por ellos mismos.

El intento de asesinato de Lenin, llevado a cabo por sus mismos correligionarios, pero de otro sector, significó que se recrudeciese la carnicería de inocentes: “Ya es hora de que también nosotros empecemos... Decíamos en otra ocasión que a la muerte de uno contestaríamos con la muerte de un millar; henos aquí forzados a llevarlo a efecto.
¡Que dejen libre el camino aquellos sentimentales que tienen miedo de derramar sangre inocente! ¿Cuántas vidas de mujeres y niños pesan en la conciencia de cada burgués? Cada gota de sangre de Lenin debe costar a los burgueses y a los blancos centenares de muertos... El interés de la revolución exige el exterminio físico de la clase burguesa. Ellos no tienen compasión, no la tengamos nosotros tampoco.” (31 de agosto.)

Las instrucciones eran determinantes: “Los Soviets locales deben detener en el acto a todos los socialistas-revolucionarios de derecha que conozcan. Tómense rehenes en gran número entre la clase burguesa y los oficiales. A la menor resistencia o a la menor actividad de los blancos, se contestará, sin discusiones, por medio de fusilamientos en masa. Corresponde a los comités ejecutivos de provincia tomar la iniciativa en este sentido... Estas medidas serán tomadas en el acto; infórmese inmediatamente a esta comisaría de todos los casos en que las autoridades locales muestren indecisión.”

“En Cronstadt fueron pasados por las armas 500 contrarrevolucionarios, según un informe oral pronunciado a mediados de septiembre en la conferencia de comisiones extraordinarias de la Comuna del norte. Las ejecuciones fueron en número mucho menor en Moscú, en donde las listas de fusilados fueron publicadas…Es difícil hacerse una idea, ni siquiera aproximada, de lo que fue el terror en las provincias. Los periódicos sólo daban informaciones fragmentarias y en cierto sentido ocasionales. En Perm se fusiló la primera vez a 50 rehenes, luego a 36; en Tver se limitaron a encarcelar a 150 rehenes; de Penza, donde primero se fusiló a un noble y algunos oficiales, telegrafían el 25 de septiembre: “El asesinato del obrero Egorov ha sido pagado con 152 vidas”.   Y así, población por población.

“Después de las jornadas de septiembre el terror no cesa, se, hace más lento su ritmo, se convierte en sistema…“La Comisión Extraordinaria -escribe uno de los hombres que dirigen el terror no es ni una comisión de instrucción ni un tribunal. Es un órgano de combate que actúa en el frente interior de la guerra civil por medio de la instrucción, de los tribunales y de las fuerzas armadas. No juzga al enemigo, descarga sobre él sus golpes.” No se preocupa de fijar y dosificar las culpas; se pregunta a qué clase social, a qué medio pertenece el adversario, si es peligroso y hasta qué punto. Las comisiones procedían a realizar instrucciones a veces sumarias, a veces largas y complicadas, en un secreto casi absoluto, sin admitir defensa. El juez instructor formulaba sus conclusiones bajo su propia responsabilidad; la comisión sentenciaba sin oír al acusado. Tratándose de la pena capital, debía tomarse el veredicto por unanimidad (las comisiones se hallaban integradas al principio por doce miembros, bastando un solo voto para que no se condenase a muerte al acusado). Las ejecuciones se realizaban por lo regular en el mayor secreto, a fin de evitar a la población emociones malsanas. En las grandes ciudades se empleaba a veces el revólver, y la ejecución tenía lugar en sótanos.”

Pero el asunto no termina en la Unión Soviética ni en Lenin. Mao Tse-Tung  proclama que "Si tuviéramos que sumar a todos los terratenientes, campesinos ricos, contrarrevolucionarios, malos elementos y derechistas, su número alcanzaría los treinta millones... de nuestra población total de seiscientos millones de personas, estos treinta millones son sólo uno de cada veinte. Entonces, ¿de qué tenemos miedo?... ¡Tenemos tanta gente! Podemos permitirnos perder unos pocos. ¿Qué diferencia hace?".

La versión maoísta del comunismo no ha sido la menos destacada en el campo del genocidio; no en vano Mao opina que "Las muertes tienen beneficios. Fertilizan la tierra". Y más…:”Deberían haber mítines de celebración cuando muere la gente... Creemos en la dialéctica, así que no podemos no estar a favor de la muerte".

En los bailes de cifras de víctimas del comunismo, uno de los más moderados lo deja en 100 millones, correspondiendo a China el 50% de esta cifra. Los métodos utilizados, desde su instauración en 1952, al parecer, fueron los habituales: ejecuciones masivas, los “laogais” o GULAG chinos, las hambrunas intencionadas… “A finales del 1952 era el propio partido comunista chino el que mostraba con satisfacción las cifras de “2 millones de reaccionarios y 5 millones de terratenientes ejecutados” .

Tampoco termina ahí la ramificación del terrorismo. No olvidemos que el terrorismo no es sino un elemento más del marxismo, y esa afirmación no es deductiva, sino explícita en la doctrina de los grandes pensadores del comunismo. En el desarrollo de esa actividad, llegó un  momento que al comunismo le interesó desvincular de alguna forma los métodos terroristas de la primera línea de su política, por lo que a nivel mundial, desvió el centro del control terrorista a Rumanía, al tiempo que hacía que éste país mostrase aperturismo hacia el sistema capitalista occidental. Luego, en 1956, llegó la masacre de Hungría… y la de Checoslovaquia en 1968. Aquí el terror rojo mostró sus colmillos. “Trescientas mil personas huyeron a otros países” .Fueron pocos los muertos, 72, y 266 heridos.

José Antonio Sáenz de Santa María emitió en 1972 un informe en el que proponía la creación de un grupo de asesinos para acabar con el terrorismo etarra. Fue desestimado. Ese informe sería llevado a efecto por el gobierno de Felipe González. Se trata del famoso GAL.

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