jueves, 16 de noviembre de 2017

Algunos apuntes sobre la Inquisición (12)

Mucho se viene hablando respecto a si la Inquisición es un instrumento político al servicio de la corona de España o si se trata de un instrumento al servicio de la Iglesia. Parece que que la respuesta no es errónea en ninguno de los sentidos. La Inquisición es un instrumento religioso al servicio del estado, y sobre todo es un instrumento del estado al servicio de la iglesia… o al revés.

Y es que España, en los momentos en que encuadramos a la Inquisición tenía muy clara su identidad. Así, la Inquisición española puede servirnos para definir el punto álgido de España en la historia. La época dorada del Imperio Español coincide con la época dorada de la Inquisición Española, y dudo que eso sea fatal coincidencia.

“Institucionalizándose la Inquisición en 1483 como un Consejo  de la monarquía de los Reyes Católicos, se convierte aquélla en una herramienta poderosa al servicio de la Corona. La unidad de la fe actuaría así como telón de fondo para la consolidación del Estado moderno en España.”

Debemos tener en cuenta que los Reyes Católicos nunca fueron reyes de España; lo fueron de Castilla, de Aragón, de Navarra, de Sicilia, de Nápoles, de Granada… Pero nunca fueron reyes de España; primero porque faltaba Portugal, como falta ahora, pero también porque cada uno de los reinos contaba con leyes propias que lo blindaban en relación a los otros reinos. Los reyes debían jurar los fueros de cada uno de los reinos, en actos privados en cada uno de los reinos, y la justicia se aplicaba de manera distinta en cada uno de ellos, de acuerdo con los fueros de cada uno. La Inquisición venía a ser una institución situada por encima de todos los fueros, por encima de todas las leyes particulares de cada reino; igual para todos los españoles, con una estructura única y con un mando único. La Inquisición representó por tanto la vertebración de España. No es sólo un tribunal con unas delegaciones determinadas, sino la columna vertebral del estado moderno.

Veamos dos interpretaciones del mismo asunto:

“El empleo de la Inquisición como instrumento político por parte de la monarquía, sobre todo en los siglos XVI y XVII, fue indiscutible, sin embargo, a través de las bulas el pontífice aseguró su posición como depositario de la legitimidad final del Santo Oficio, reivindicando así la base espiritual de su poder.”

“Frente a la  vieja Inquisición papal, la versión renovada del Tribunal para la defensa de la fe católica tenía como principal diferencia ser un instrumento al servicio de la política real y sujeto a la monarquía. Sin embargo la autoridad inquisitorial dependía en último extremo del Papa y aunque el nombramiento de los Inquisidores era una prerrogativa real, debía ser ratificado por Roma. Es decir, era un organismo gubernativo que no dejaba de ser un tribunal eclesiástico amparado, aunque fuera desde lejos, por la máxima autoridad de la Iglesia Católica.”

Era la Inquisición la encargada de extender a todo el territorio nacional las pragmáticas dictadas por el poder político; así, en 1516, en Navarra, que había sido incorporada al reino de Castilla en 1512, se decretó que la población musulmana fuese convertida o expulsada. Era continuación de la Real Cédula de 12 de Febrero de 1502 que se publicó como consecuencia de las sublevaciones acaecidas entre 1499 y 1501 en Granada, y a esta medida seguiría en 1525 la conversión o expulsión de los mudéjares aragoneses, consecuencia directa de las tensiones ocasionadas en la Guerra de las Germanías.

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