miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL ANEXIONISMO ANGLO-USENSE (IV)


En 1823, Monroe declaraba que consideraría como casus belli todo intento de dominio y colonización por parte de las potencias europeas en América. Ese mismo año, el futuro presidente John Quincy Adams (1825-1829) sostenía el criterio de que la anexión de Cuba a los Estados Unidos era fundamental para mantener la integridad de la Unión. Los usenses pensaban entonces comprar la Isla como lo hicieron con la Luisiana a Francia en 1803 y con Florida a España en 1819.



Inglaterra respaldaría esa doctrina porque con ello imponía el monopolio financiero Inglés a las nuevas Repúblicas que habían surgido de las cenizas del Imperio Español, y liquidaba los sueños de reconquista de los Cien Mil Hijos de San Luis.

No obstante el apoyo de Londres a la Doctrina Monroe, los ingleses pusieron límite al expansionismo de los Estados Unidos de América, no permitiéndole ir más allá del Río Grande. Por esto pudieron sobrevivir las repúblicas Centroamericanas, y no procedieron los intentos anexionistas Haitianos y Yucatecos, y México sobrevivió a la ocupación Americana durante la Guerra entre la nación Azteca y los Estados Unidos. (Adán 1979)

En 1826 ya habían adelantado considerablemente el camino. Cierto que todavía no habían invadido todavía México, pero Cuba ya entraba en objetivo distinto por razones obvias. Ahora eran dos frentes en lugar de uno, pero la debilidad de ambos era inmensamente superior a la preexistente. Así, el asunto de Cuba y Puerto Rico era tratado aparte. Como tal, el 15 de Marzo de 1826, el Presidente Adams, dijo al Congreso usense:

La condición de las islas de Cuba y Puerto Rico es un asunto de profundo interés, que influye directamente sobre los  intereses presentes y futuros de nuestra Unión. La invasión de ambas islas por fuerzas combinadas de Méjico y Colombia es uno de los asuntos que se tratarán en el Congreso de Panamá. Los resultados a que esto pueda conducir... y el peligro posible de que al fin y al cabo vengan a caer éstas en manos de una Potencia Europea que no sea España, no permite mirar con indiferencia lo que se delibere en Panamá, o las consecuencias que de ello puedan derivarse. (González 1903: 35)

El proyecto de la invasión de las islas, barajado ampliamente por Bolívar y los otros agentes británicos era, así algo que dividía a los ingleses. Pero perro no come carne de perro, y era manifiesto que Cuba y Puerto Rico, por su situación geográfica, debían caer en la órbita inglesa llevada desde América.

Es el caso que, al mensaje de Adams antes citado, contestó la Comisión de Negocios Extranjeros, con aprobación de la Cámara:

Junto con la cuestión de la guerra entre España y los nuevos Estados, hay que  considerar otra muy grave, relativa al destino de las islas españolas, especialmente Cuba. Si continúa la guerra, se intentará seguramente la invasión de la isla... El punto, como quiera que se mire, es serio para los Estados Unidos y tiene que ocupar su atención... El Castillo del Morro de la Habana se puede considerar como una fortaleza en la boca misma del Mississipí. (González 1903: 35)

Un territorio que ilegalmente había sido cedido por Fernando VII a los EE. UU. era motivo de que los anglo-usenses ambicionasen algo más…

Y más… La acción para seguir rompiendo España seguía su curso. Sus agentes en la gobernación de lo quedaba de España llevaban su ritmo y mantenían sumida la península en una jaula de grillos.

Había quién se daba cuenta de la situación y no dudaba en señalar que

Inglaterra, colocadas como están las cosas, es, seguramente, por ley de su estructura geográfica, y pese a protestas y palabras que lo oculten, nuestro más apretado, constante y mortal enemigo, que nos pedirá la devolución de fuertes cantidades en el momento de vernos adquirir alguna ventaja en África, que proveerá de pepinillos a los carlistas para debilitarnos con afrentosas guerras civiles, que empujará y apoyará a los yankees hasta aniquilar nuestro imperio colonial completo, que mantendrá siempre viva la llama sagrada del separatismo en Portugal, a fin de impedir la total integración de la patria ibérica, posible principio de un engrandecimiento, mortal para ella. (Macías 1899: 25-26)

Señalamientos que, no obstante, caían en el saco roto de un gobierno cuyos intereses eran otros bien distintos a los de España.

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