miércoles, 22 de noviembre de 2017

España bajo el Islam (17)

Finalizando el siglo IX se refuerzan las relaciones con Asturias. Pero eso lo veremos más adelante. Falta un siglo para continuar este asunto.

A Fruela le sucedió su primo Aurelio, cuyo recuerdo se centra en la concesión de parias a los moros consistente en la entrega anual de un número indeterminado de doncellas, que parece equivale a que permitía la unión en matrimonio de doncellas nobles con musulmanes,  y en el sometimiento de una rebelión popular. Probablemente ocasionada por la población servil que había emigrado del sur.  Lo peor que se dice de él es que no hizo cosa en paz y en guerra que sea digna de memoria . Fue coetáneo de Carlomagno y de Abderramán I. Alfonso, el hijo de Fruela, contaba cuatro años de edad.

Silo, descendiente de Pelayo y casado con Adosina, hija de Alfonso I y tía del futuro Alfonso II, sustituyó a Fruela el año 774 y hubo de hacer frente a una sublevación de Galicia.  Con los ismaelitas tuvo paz. Cuando Galicia se le rebeló, la venció tras entablar combate en el monte Cubeiro y la sometió a su impero. Mientras éste reinaba, Alfonso “el casto”, hijo de Fruela y nieto de Alfonso el mayor, gobernó el palacio, porque Silo no engendró hijo alguno de Adosinda. Éste, tras nueve años de reinado, partió de este mundo por muerte natural   en 783 y pasó a ser rey Mauregato, hijo bastardo de Alfonso I y de una cautiva árabe según unos relatos, y concubina astur según otros, contra la voluntad de Adosina y los magnates, que colocaron a Alfonso en el trono del reino paterno. Huyendo de él Alfonso “el casto” se dirigió a Álava y se refugió entre los parientes de su madre. Mauregato retuvo por seis años el reino del que se apoderó ilegítimamente.

Cocluían  con Mauregato quince años de paz con los invasores, motivados por los asuntos que atraían la atención de Abderramán y por la falta de ímpetu de los reyezuelos asturianos.

Mauregato mantuvo estrechas relaciones con los invasores, a quienes pagó vasallaje ominoso como el reflejado en la “leyenda de las 100 doncellas” por la que se comprometía a entregar 50 doncellas hidalgas y 50 villanas al año. Pero este hecho, según algunos historiadores no deja de ser falso, si bien parece cierto que durante estos años, y en concreto en los reinados de Silo y Mauregato, el sometimiento al invasor era evidente. Los musulmanes lanzaron una aceifa que no tuvo consecuencias… ¿Tal vez no las tuvo al haber aceptado el tributo de las doncellas? Todas las opiniones están en los historiadores. Sánchez Albornoz condena a la leyenda el tributo de las 100 doncellas.

En tiempos del rey Mauregato fue compuesto el himno O Dei Verbum en el que se califica al apóstol Santiago de «áurea cabeza de España, nuestro protector y patrono nacional», basándose en el Breviario de los Apóstoles, que señala a Santiago predicando en España, donde tiene origen la creación del Camino de Santiago,  que se verificaría en el reinado de Alfonso II, cuando un ermitaño llamado Pelayo había observado durante varias noches sucesivas resplandores misteriosos sobre el bosque de Libredón.

El acontecimiento mas relevante de su reinado es la querella del adopcionismo, herejía de la Iglesia promovida por Elipando de Toledo y Félix de Urgell y respondida por el Beato de Liébana y su discípulo Eterio obispo de Osma, de la que ya hemos tratado. A esta herejía, o mejor, a quienes la combatían, debemos la creación del himno de Santiago, en el que se cita al apóstol como patrono de Hispania, y la carta del beato a Elipando en 785, donde le dice que la herejía se discute no sólo en Asturias, sino en toda España. . Dice Claudio Sánchez Albornoz que por primera vez se habló entre nosotros de la evangelización de España por Santiago en los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana del 786 y por primera vez se le invocó como patrono y protector de Hispania en un himno litúrgico en que se evoca en un acróstico la bendición del Rey de los Reyes para el rey Mauregato.

La existencia del beato de Liébana y su labor cultural nos indican que el ambiente cultural estaba renaciendo y el espíritu cristiano se imponía sobre las creencias paganas. La obra de mayor trascendencia creada por Beato fueron sus Comentarios al Apocalipsis, que fueron copiados en manuscritos en los siglos posteriores. Beato expone en ellos una interpretación personal del relato apocalíptico, a la que añade citas procedentes del Antiguo Testamento y de los Padres de la Iglesia, y todo ello acompañado por magistrales ilustraciones. En los Comentarios se da una nueva interpretación a los símbolos del Apocalipsis: Babilonia ya no representa a la ciudad de Roma, sino a Córdoba, sede de los emires de Al Ándalus; la Bestia, antiguo símbolo del Imperio Romano, encarna ahora al invasor islámico que amenazaba con destruir la cristiandad occidental y que en esa época atribulaba con sus frecuentes razzias a los territorios del Reino de Asturias. Beato estaba convencido de la llegada inminente del Fin de los Tiempos, que vendrían precedidos por el reinado del Anticristo, cuyo imperio duraría 1290 años. 

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