sábado, 25 de noviembre de 2017

La caída del Imperio Romano (13)

En lo militar Recaredo debió enfrentarse a los francos, que atacaron Septimania, que fue genialmente defendida por el general Claudio, quién asestó una terrible derrota a los francos en Carcasona. Dice san Isidoro que los combatientes españoles no pasaban de trescientos , y se enfrentaron a un ejército de 70.000 francos. Esta batalla fue cantada como en su momento fue la de los Campos Cataláunicos, y según el cronista Juan de Biclaro esto pudo ocurrir gracias a la misericordia de Dios y a la fe católica que Recaredo y los godos habían adoptado . Por su parte, Gregorio de Tours, historiador franco la relata indicando que los francos tuvieron 5000 muertos y mil cayeron prisioneros . La agresión franca estaba encaminada a desalojar a los godos de la Narbonense.

En el terreno de la unidad nacional, dictó muchas leyes que mandó fuesen obligatorias indistintamente para los pueblos, echando de este modo los cimientos de la unidad política sobre la base de la unidad religiosa. 

Era Recaredo, dice San Isidoro, de un natural amable, pacífico y bondadoso, y tal el imperio de su dulzura sobre los corazones, que sus mismos enemigos no podían resistir al atractivo que los arrastraba hacia él, liberal hasta el extremo.

El binomio Leovigildo-Recaredo se caracterizó por los esfuerzos del poder monárquico por mantener o crear un Estado centralizado, con una administración pública de tradición tardorromana –justinianea, no totalmente en manos de la potente nobleza terrateniente hispanovisigoda, para lo que era necesario lograr la máxima unidad jurídica e ideológica de la sociedad hispanovisigoda, realzando el vinculo personal de súbdito frente a los lazos de dependencia personal de tipo clientelar y protofeudal.   El Código revisado de Leovigildo sería el cuerpo legal desarrollado en este sentido, tanto por él como por Recaredo.

A la muerte de Recaredo quedaba una España unificada, poderosa y temida que seguía teniendo físicamente presente, en Cartagena, al imperio bizantino, que coincidiendo con la celebración del III Concilio de Toledo reforzaba las defensas y dejaba en entredicho la afirmación en que justificaba su presencia en España: La defensa de la fe católica… Y se hablaba de España como patria, lo que posteriormente posibilitó que, tras la asonada árabe, se hablase de Reconquista.

La nobleza, cuyo influjo disminuyó por favorecer el del clero, no perdonó nunca a Recaredo, y la veremos pronto tomar venganza en su descendencia.

Se hablada de España como patria en los ámbitos de los grandes pensadores hispánicos (San Isidoro, San Julián…), y se hablaba de “Spaniam”, de “Hispaniam”, en el resto de ámbitos. Así, el papa Leon II habla de “universi epsicopi per Spaniam constituti”.

En todos los ámbitos, nacional y social, Recaredo redondeó la revolución que inició su padre Leovigildo.

A Recaredo le sucedió su hijo bastardo Liuva II, el año 601, que reinó con 18 años y fue muerto con veinte por Witerico, que dio un golpe de estado (año 603). Éste general ya se había opuesto a Recaredo y al III Concilio de Toledo y fue perdonado por Recaredo, a pesar de haber estado implicado en el intento de asesinado del obispo Mausona  de Mérida. Era de la rama nacionalista, y aunque no volvió a instaurar el arrianismo, permitió que los nobles volviesen a la religión nacionalista. Witerico reinó hasta el año 610, cuando fue asesinado en medio de un banquete por la nobleza disconforme con sus actuaciones en el campo internacional, donde procuró la guerra entre burgundios y francos, sin obtener resultados positivos. El pueblo le dio, tras la muerte, el peor de los entierros: arrastrado por las calles de Toledo y sepultado fuera de los muros de la ciudad.

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