viernes, 3 de noviembre de 2017

La rebelión de Paulo (y XII)

TRAS LA DEFENESTRACIÓN DE WAMBA

El Concilio XII de Toledo fue convocado para dar carta de naturaleza legal al golpe de estado que acabó con el reinado de Wamba y colocó en su lugar a Ervigio, actor principal de la conjura, con la colaboración del obispo Julián, otrora vocero de Wamba.

La justificación queda reflejada el principio del concilio, cuando se afirma: “Hemos visto con claridad y examinado en juicio contradictorio el contenido de las escrituras, esto es, la firma puesta por los palatinos, ante quienes el precedente príncipe se hizo religioso, y se tonsuró; y también el pliego en que desea que se consagre para sucederle en el reino al glorioso Señor nuestro, Ervigio; ó igualmente otra información del referido varón en nombre del honorable y santísimo hermano nuestro, Julián, obispo de la sede toledana, en que separadamente le instruyó para que cuidara de ungir por rey al referido Señor nuestro Ervigio; y que esta ceremonia se hiciese con toda diligencia: en las cuales escrituras reconocimos con claridad la firma del mismo príncipe Wamba, y nos persuadimos de su legitimidad con toda evidencia.” 

La ascensión de Ervigio tiene todas las pintas de un golpe de estado llevado a cabo por el oficio palatino; de ahí el texto de la cita anterior, y de la que sigue: “Y por lo tanto, absuelto el pueblo del juramento de fidelidad que habia prestado al referido Wamba mientras fué rey, debe servirse con gusto á este solo serenísimo príncipe Ervigio, á quien el juicio divino eligió  para el reino, y el anterior principe instituyó para que le sucediera; y ademas de todo esto, á quien la amabilidad de todo el pueblo buscó. Conocido y sabido de antemano esto, debe servirse después del Dios del cielo al referido príncipe nuestro, rey Ervigio, con piadosa devoción; obedecerle también con voluntad pronta, y hacer y procurar todo lo que conduzca á su salud, y cuanto convenga a la nación ó á la utilidad de su patria. Por lo tanto, en adelante será anatematizado, y de seguro castigado con la animadversión divina, cualquiera que levantare la voz soberbiamente contra su salud, incitare para su muerte, ó buscare cualquier ocasión de hacerle daño.” 

Treta sumamente extraña la de señalar a Ervigio como elegido de Wamba, porque en el mejor de los casos, ¿quién era Wamba para elegir a su sucesor, cuando la monarquía era electiva?

También en este concilio señalaba Ervigio los pasos que debía seguir para cumplir con los pagos debidos a sus necesarios colaboradores en la conjura: “que corrijais la ley de nuestro predecesor que mandaba que todo el que no hubiera acompañado al ejército, ó se hubiere huido de él , fuese privado irrevocablemente del testimonio de su dignidad; cuya severa determinación vigente en toda España, hizo perder la nobleza casi á la mitad del pueblo; porque con su observancia ha sucedido que en algunas villas, territorios ó aldeas sus habitantes han degenerado con esta infamia; pues como que se les ha privado de testificar, no puede averiguárse la verdad, lo que acarrea dos males, uno la nota infame de la plebe, y otro el de no haber medios de hallar la verdad.”

Evidentemente, ya en el Concilio XII se abría la puerta para la total amnistía de los traidores, y la inculpación de quienes habían actuado en defensa de los intereses de la Patria. El Concilio XIII los encumbraba.

Historiadores más prudentes que este aficionado, señalan que“Probablemente Ervigio está pagando el apoyo recibido en su propia conjura contra el referido Wamba por parte del sector que había apoyado y animado a Paulo, y para ello no solo se preocupa por la reparación del honor de los condenados, también de sus hijos y de todos aquellos que desde tiempo de Chintila cargaban con esa infamationis nota, lo que era una manera de aparentar que, como anota el preámbulo del canon, se ejercía un acto de caridad. Pero lo que a continuación se demanda reparar es el daño económico causado, pues quia incassum a servitute exuitur qui spoliis premitur.”

Tan sólo diez años después de haber sido vencidos, decalvados y paseados con infamia por toda España, los condenados por sus responsabilidades en la sublevación de Paulo, incluido Paulo, fueron rehabilitados mientras Wamba se encontraba condenado a retiro forzoso. “El canon segundo del Concilio de Toledo XIII, …/… decretó que aquellos acusados de algún delito no sean despojados de las prerrogativas de su categoría de forma brutal, sino que en pública deliberación de los sacerdotes, de los señores y de los gardingos sean interrogados con toda justicia, y si se hallara culpable sufra las penas que las leyes señalan, y si fuese inocente sea así declarado por el juicio de todos.”

“Como en el año 653, la restitución de las propiedades a los rebeldes de 672 en virtud de las actas del concilio de 683 sugería la idea de que se había ejercido contra ellos una violencia indebida y que se había empleado la coerción para obtener confesiones, todo lo cual dio como resultado unas injustas sentencias de expropiación.”

Y todo dirigido por el obispo Julián, judío de raza que de adalid de Wamba se convirtió en verdugo del mismo. Con él se fortaleció la ley antijudía, no sin antes conceder inusitados privilegios a los judíos realmente convertidos, a quienes da título nobiliario y los exime de capitación. Menéndez Pelayo afirma que “Deseosos de acelerar la difusión del cristianismo y la paz entre ambas razas, los concilios XII y XIII de Toledo conceden inusitados privilegios a los conversos de veras (plena mentis intentione), haciéndolos nobles y exentos de la capitación. Pero todo fue en vano: los judaizantes, que eran ricos y numerosos en tiempo y de Egica, conspiraron contra la seguridad del Estado, quizá de acuerdo con los musulmanes de África. El peligro era inminente. Aquel rey y el concilio XVII de Toledo apelaron a un recurso extremo y durísimo, confiscando los bienes de los judíos, declarándolos siervos y quitándoles los hijos para que fuesen educados en el cristianismo.”

Que los judíos cooperaron con los invasores musulmanes es una cuestión de sobras sabida. Lo que no deja de llamar la atención es que el obispo Julián y el mismo Ervigio dieran pasos en ese sentido.

Que la feudalización avanzaba a marchas aceleradas ya ha sido apuntado más arriba, pero hay autores que señalan que “cuando el XII Concilio de Toledo se reunió en enero de 681, los obispos y los nobles más poderosos de la corte parecieran haberse puesto de acuerdo una vez más, como en 653, para intentar restringir la autoridad de los reyes, y para sugerir que éstos podrían haber abusado de su poder en el trato dado a sus oponentes políticos. Era una alianza que ya había salido a la luz durante los acontecimientos de octubre de 680, en el transcurso de los cuales se puso fin al reinado de Wamba.” 

El reinado de Ervigio fomentó la legislación antijudía, solidificó la preeminencia de los señores prefeudales, y dejó España a 24 años de la asonada árabe. El devenir del reinado en esos años, lubricó el momento.
“En consecuencia, el reinado de Ervigio, un instrumento de los nobles descontentos con una monarquía lo suficientemente fuerte como para atentar contra sus privilegios, supuso una serie de concesiones al alto clero y a la nobleza que dejaron al país en manos de las distintas facciones de ésta y, en todo caso, desprovisto de un órgano de poder eficaz frente al exterior. En adelante, la historia del Estado visigodo será la historia de las luchas entre las distintas familias nobles rivales.”

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