sábado, 18 de noviembre de 2017

La revuelta comunera (13)

El 20 de Julio de 1507 desembarca Fernando en Valencia, procedente de Nápoles donde había sido jurado como rey, y como reina su hija Juana, para desazón del rey de Francia, que esperaba que la reina fuese Germana de Foix, y acude a tomar la regencia de Castilla, asistido por el cardenal.
A todos los que se oponían a los designios de Fernando se enfrentó con vigor Cisneros, formando un poderoso ejército nacional permanente con el que poder contenerlos.

Fernando era un guerrero y un diplomático, por lo que en diciembre de 1509 pactó con el emperador la renuncia de las pretensiones imperiales de regencia en Castilla, y en las Cortes de 1510 fue ratificado como regente. Por otra parte, la actitud de Carlos desagradaba a Fernando, quién veía con más cariño a su otro nieto, Fernando, hermano de Carlos y contrariamente a lo sucedido con Carlos, criado en España.
En 1512 Fernando acomete uno de los sueños de su vida: la Conquista de Navarra, donde los aliados ingleses abandonaron el campo de batalla. Sólo con tropas castellanas se expulsó a las tropas francesas.

Muerto Fernando el Católico el 23 de Enero de 1516, su hija Juana hereda la corona de Aragón, mientras Cisneros queda nuevamente como regente por disposición testamentaria de Fernando hasta que Carlos, viniese de Flandes y hubiese cumplido los veinte años. Esta disposición, llevada a cabo sin el conocimiento de la facción partidaria del otro nieto de Fernando, Fernando, hermano de Carlos, ocasionó cierta tensión que no llegó a mayores gracias a la intervención de Cisneros.

Fernando dejó como regente de Aragón y Nápoles a su hijo natural, Alonso, arzobispo de Zaragoza y al cardenal Cisneros como regente de Castilla, en espera de la llegada de su sucesor, Carlos I. A la regencia de Cisneros, y no a la de Alonso de Aragón, es a lo que vamos a atender, ya que nos ceñimos al conflicto comunero.

Fueron dos años en los que la regencia de Cisneros fue indiscutida, aunque ciertamente la corte de Bruselas pretendía manipularla a su antojo, enviando personas que supuestamente debían encargarse de los negocios del reino. Cisneros lo impidió, aunque dejó cerca de sí al único que tenía virtudes: Adriano de Utrecht, que además había sido enviado para ocupar el cargo que ocupó Cisneros.
Por su parte, los nobles, siempre convulsos, aprovecharon la muerte de Fernando para volver a crear convulsiones sociales, en busca del poder que habían perdido en tiempo de los Reyes Católicos.

En estos momentos, Cisneros se tendrá que enfrentar a la sublevación de las ciudades castellanas (Comunidades de Castilla) por una parte, y por otra a los intentos de los colaboradores flamencos de Carlos I por intervenir en la política castellana. Para evitar conflictos decide organizar una milicia urbana que recibe el nombre de Gente de Ordenanza.

“Las iniciativas de los grandes señores, la escasa obediencia que prestaban a los tribunales ordinarios a la hora de solucionar sus conflictos y la tendencia a tomarse la justicia por su mano, por medio de las armas, hacían correr al Estado un peligro permanente, ya que la falta de un soberano respetado por todos le impedía actuar con eficacia para evitar los desórdenes. Es por ello por lo que Cisneros pensó en crear una fuerza armada permanente que se encargara de poner coto a los desmanes subversivos, y sobre todo para controlar las veleidades de los nobles.”

Esta Gente de Ordenanza, organizada al margen de la nobleza fue la base del futuro ejército nacional; algo totalmente novedoso. “Los nuevos soldados sólo se dedicarian al ejercicio de las armas los dias festivos, y únicamente saldrían de sus pueblos en casos extraordinarios, cuando el honor de la pátria ó la defensa del órden público lo reclamase.”

Era una reorganización total de la defensa, dividiendo el territorio en distritos y demarcaciones, y llamando a filas a los hombres comprendidos entre 20 y 40 años, a los que se otorgaba una serie de exenciones. Era el germen del ejército permanente, algo que no fue del agrado de los nobles, quienes con la debida propaganda consiguieron que las gentes se quejasen de la medida. “De todas partes dirigian á Jiménez cartas llenas de quejas mezcladas con súplicas,…/… Los de Valladolid principalmente, habiendo llegado á conocer que las súplicas y quejas enviadas en sus cartas eran de poco valimiento para con el fraile, toman las armas, comienzan á cerrar puertas, á reparar las murallas, á dividir las guardias, á poner centinelas en los caminos…/… al tenor de Valladolid las otras ciudades, aunque al parecer estaban tranquilas, formaban alianza y amistad por medio de mensajeros y enviados ocultos, preparándose para resistir á Jiménez, aunque fuese por las armas.” 

“Los reclutamientos de soldados serían voluntarios y sólo en caso necesario se recurriría al alistamiento obligatorio para completar los efectivos. Voluntarios o no, estos hombres deberían proceder de las clases medias (pecheros menores y medianos). Cisneros no quería para su ejército ni caballeros ni miserables.”

También fomentó la artillería y no descuidó la marina ni la construcción naval. Gozó de un gran talento e intuición para moverse en las relaciones internacionales mantenidas con Inglaterra, Francia y Portugal, consiguiendo frenar el intento navarro-francés de establecer en el trono a Juan de Albret. Sin embargo no tuvo el mismo éxito con los continuos ataques de Horuc Barbarroja contra las posesiones españolas del Norte de África.

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