jueves, 2 de noviembre de 2017

Nada en común (XIII)

1969
El ambiente estudiantil se mantendría alterado. Así el diecisiete de Enero siguiente fue asaltado el rectorado de la Universidad de Barcelona, y la policía entró en el recinto universitario de Madrid y de Barcelona.



Como consecuencia de los disturbios, el día veinticuatro  fue decretado el estado de excepción, que sería levantado el 25 de Marzo.

Lo que resulta evidente es que el desarrollismo y la inmigración interior había propiciado unas importantes desigualdades que la tecnocracia imperante era incapaz de resolver. Sin embargo, sí es muy capaz de evitar la aplicación de las medidas que supuestamente debe aplicar: las nacionalsindicalistas.

España se desarrolló asimétricamente. Así, Cataluña, Vascongadas y Madrid, los grandes receptores de mano de obra y de generosas inversiones del gobierno tienen un poder adquisitivo mucho más elevado que las provincias tradicionalmente agrícolas: las dos Castillas, Andalucía, Galicia. Y justo ahí, donde se crearon grandes bolsas de proletariado urbano, es donde surgieron los conflictos, que, casualmente, fueron provocados por las clases acomodadas.

En el Colegio de Arquitectos de Barcelona se desarrollaba una exposición de la obra de Miró; un pintor manifiestamente contrario al régimen, aseguran que perseguido... del que Cesáreo llegó a comprender su arte cuando lustros después el “artista” se sometió a una operación de cataratas. Al propio tiempo, en la Universidad, elementos democráticos quemaban la bandera nacional.

En acto de desagravio, se convocó en la Plaza de la Universidad una gran manifestación de afirmación patriótica, que años después, mamporreros de la democracia como María Lorente y Pedro J. Ramírez, aseguraban que había sido nutrida, de forma forzada, por funcionarios. Una cosa debe quedar clara: En democracia, el número de funcionarios multiplica significativamente al funcionariado existente en el régimen del 18 Julio, y la relación de clientelismo, en democracia, es también significativamente mayor. En fin, será verdad que acudieron funcionarios; ¿o es que tal vez no tenían derecho? Pero también acudieron dos o tres personas que no eran funcionarios, como era el caso de Cesáreo.

Concluida la manifestación de Plaza Universidad, los falangistas se concentraron en Plaza de Cataluña y marcharon Ramblas abajo lanzando consignas contra el gobierno y contra el Opus. Posteriormente se dirigieron al Colegio de Arquitectos, donde Cesáreo y otros chicos fueron designados para recoger piedras, que acabarían estampándose contra las cristaleras del Colegio de Arquitectos. La intervención de la policía impidió mayores.

El estado, bastante menos intervencionista que el sistema democrático a la hora de resguardar sus principios. Permitía la libre actuación de los elementos que le resultaban manifiestamente hostiles, siempre que éstos se atuviesen a una mínimas normas de convivencia, que prácticamente se limitaban a no citar con nombre y apellidos al Jefe del Estado... y cuatro cosas más.

Una libertad real bastante más amplia que la conocida en el sistema democrático, donde la posibilidad de pervivencia de cualquiera que se manifieste contrario al mismo es inexistente de todo punto. Y es que, en democracia, una persona discrepante es primero, un cadáver político; seguidamente un cadáver administrativo, y siguiendo en el tiempo es un cadáver físico.

Para esta tercera fase, la democracia acabaría conociendo diversos capítulos; primero, la actuación de los grupos terroristas, que harían una limpieza sistemática de personas y de lugares, consiguiendo, en concreto en Vascongadas, el exterminio físico de quienes podían encabezar un movimiento de sentido español. Quienes no serían asesinados, eludirían el traje de madera poniendo distancia kilométrica entre ellos y su tierra natal. El exilio provocado por la democracia, en particular en Vascongadas acabaría siendo de una categoría mucho más lacerante que el provocado en 1939 tras la victoria que el pueblo español obtuvo sobre la tiranía democrática de entonces.

Es el caso que el gobierno del momento, incapaz de llevar a efecto la doctrina social que hacía años venía diciendo que conformaba el propio sistema, a saber, la Nacionalsindicalista, no obstante, y comparando con lo que vendría después de la muerte de Franco, llevaba una actuación más que digna.

Así, en Febrero de  de 1969 se establecería que el 40% de la música emitida en los medios fuese de autores hispánicos. Algo que, sencillamente, y habiendo padecido la acción democrática a partir de 1976, era de agradecer. Y es que, en democracia, se primaba en primer lugar la invasión injusta de todo lo que, como mínimo no era español. Mejor si directamente era antiespañol.

En ese mismo año, el veintidos de Junio, y en aras precisamente de los intereses nacionales, se cierra la verja de Gibraltar.

La verja de Gibraltar fue cerrada como réplica a una nueva maniobra de Inglaterra y que daba a la roca un estatus que contravenía manifiestamente el Tratado de Utrecht.

Permanecería cerrada hasta que los gobiernos claudicantes y antiespañoles que parasitaban España, la abrieron nuevamente en 1982.

Cierto que este hecho sirvió para justificar la subida del precio del correo, con la excusa de usar la misma para atender los sueldos que los habitantes de la Línea de la Concepción no volverían a percibir. Se incrementó el precio de los sellos de correos en 25 céntimos. Nunca volvería a bajar. Cierto que esta medida pudo servir para enmascarar la entrega Ifni a Marruecos, y algo peor incluso: la imposición de Juan Carlos de Borbón, que el 23 de Julio juró en las cortes como sucesor a la Jefatura del Estado.

El ocho de Agosto de 1969 estalló el escándalo MATESA. Fue un lance monetario-fiscal de importancia, Fraude que supuso varios miles de millones de pesetas. Coincide que los Ministros de Hacienda y Comercio, Espinosa y García Moncó, eran  miembros del Opus Dei. El escándalo, que en comparación con los acaecidos en democracia no puede ser calificado sino de “unas pesetillas”, significó una dura reacción por las autoridades del momento.

¿Cual habría sido el desarrollo del escándalo MATESA en un régimen de censura de prensa? se preguntaba Salvador Millet en el diario “La Vanguardia” de 29 de Agosto de 1969. Tal vez la respuesta la podemos encontrar en el escándalo RUMASA, acaecido en los gobiernos del PSOE, o en el escándalo Filesa, o en el escándalo de Fórum Filatélico...

En el mismo artículo se hace una loa de la banca privada en contra de la banca oficial, aduciendo que aquella jamás hubiese dado créditos a una empresa como Matesa...
Cesáreo sonreía con tristeza al recordar estos extremos. Cesáreo sonreía porque era conocedor del dominio total y absoluto que la banca llevaba tiempo ejerciendo sobre una sociedad inerme, que se limitaba a ver la tele, a votar, a consumir y a pagar.

Es curioso, se decía, cómo la gente queda idiotizada ante la pantalla del televisor y toma como dogma todo lo que sale por ella. Pero es también increíble la capacidad de pago que tiene cada español.

Y es que la banca se ha convertido en el ser todopoderoso que todo lo controla y que por todo cobra.

Quién quiere pagar el recibo de un servicio público, debe hacerlo a través de un banco; el banco tiene beneficio... que es pagado por el cliente, naturalmente. La administración pública canaliza todas sus operaciones a través de la banca; naturalmente, la banca opera con un claro objetivo de servicio público... El uso de las tarjetas de crédito y de débito ha facilitado la vida de las personas... y ha ayudado a engrosar las arcas de los bancos, quienes cobran por la emisión de la tarjeta; por la disposición de efectivo en los cajeros; por el uso en los comercios... ¡Ah!, la banca, además, aplica comisiones leoninas por cada uno de sus servicios.

Jamás hubiese dado créditos como los de Matesa... ¿Por qué no callará la gente cuando callada está más guapa? Y esa falacia, no obstante, fue publicada en un periódico español, en 1969.

En los años de democracia, la banca, ha hecho y hace lo que le place, y entre lo que le place se encuentra la financiación de los partidos políticos. Unos partidos políticos que, conocedores del dicho “no morderás la mano de quién te da de comer”, no sólo no legislan contra los abusos de comisiones bancarias, que hay quién cataloga dentro de lo que es conocido como usura, sino que les dan rango de derecho.

Y es que los partidos políticos no tienen dinero para afrontar los inmensos gastos que generan, y como consecuencia se ven forzados a pedir empréstitos a la banca; empréstitos que en unas ocasiones no son devueltos, empréstitos que en otras ocasiones no generan intereses ni comisiones... Vamos, empréstitos que dejan en manos de la banca la actividad política.

Lógicamente, los grupos que no se avienen, no reciben préstamos, y como consecuencia no pueden hacer propaganda, y como consecuencia no salen elegidos, y como consecuencia están fuera del sistema democrático, y como consecuencia son sus enemigos.

El analfabetismo alcanzaba entonces el 3,46% en España.

0 comentarios :

 
;