lunes, 18 de diciembre de 2017

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XIII)

El 15 de Abril de 1581 Felipe II unía Portugal al trono hispánico. “La energía del Rey Emperador Carlos I consolidó en Castilla el poder real al principio de su reinado, y la mano firme de su hijo mantuvo despues sumisos á los señores y á los pueblos; pero en el seno de la monarquía se encerraban aún elementos poderosos de desorganizacion. Aunque apartada del gobierno la nobleza conservaba su consideracion social y sus fuerzas, de que en aquel mismo año hacía digno, pero peligroso alarde, acudiendo, por última vez en la historia, al llamamiento del Rey para auxiliarle en la conquista de Portugal :  era natural que recordando su antigua importancia, quisiera recobrarla, y si á la sazon se mantenia tranquila, podia tenerse por cierto que, presentándose ocasion favorable, se apresuraría á aprovecharla. La grave enfermedad que Felipe II sufrió durante su estancia en Badajoz habia puesto al descubierto este peligro, porque algunos Grandes se reunieron para concertar la conducta que seguirian caso de que llegase á faltar.”  Se evidenciaban coletazos del conflicto de los comuneros… Tan es así que el conflicto era detectado por Gian Francesco Morosini, embajador de Venecia, que refería: “se podría dudar de con ocasión de la muerte de este rey, o de cualquier accidente siniestro que le sobreviniese podría renovarse la sublevación de la comunidad contra el príncipe, como sucedió en tiempos del emperador Carlos V… podría renovarse estos y otros humores de peor digestión.”

Y entre tanto, Antonio Pérez continuaba despachando los negocios públicos como secretario de Estado… Como lo hizo incluso cuando se encontraba nominalmente preso.  Y continuaba con lo que hoy podríamos llamar “tráfico de influencias” al máximo nivel, dependiendo de sus buenas artes personajes como Pedro de Médicis o Andrea Doria. También a su alrededor ocurrieron muertes sospechosas, como la del astrólogo que le asesoraba y la del caballerizo, ambos conocedores exactos de los recovecos del ministro, de los que se sospechó fueron envenenados por Pérez para que no descubriesen sus secretos.

Pero el rey prudente no cejaba en su empeño. Recordemos que Antonio Pérez había sido tomado preso por segunda vez el 26 de julio de 1579. El 30 de Mayo de 1582 se incrementó la investigación. Un rosario de testigos hablaban del lujo y el boato del secretario de Estado, de sus relaciones con la princesa de Éboli, de sus costumbres relajadas… Entonces sí, tal vez instigado por el propio monarca, Pedro de Escovedo, incitado por Matheo Vazquez, hacía las mayores diligencias por buscar pruebas de la muerte de su padre en los barrios de la córte, y no pudiendo hallarlas completas como pretendía, marchaba al estrangero para seguir las huellas de un hombre, sospechoso de haber tomado parte en el asesinato”.  Pero no se habló sólo del lujo y el boato; una legión de inspectores analizó todo tipo de actuaciones que habían sido llevadas a cabo por el secretario de estado; tanto públicas como privadas; las dádivas que había recibido y las que había dado; la correspondencia que había mantenido… “probar los manejos tortuosos de un hombre tan hábil como Perez, no era empresa tan fácil como a primera vista aparecía: si alteraba algunas notas, si traducía infielmente algunas cifras, en cambio podía presentar billetes del rey que le autorizaban para ciertas supresiones o modificaciones importantes.”

En 1584 Antonio Pérez sufre un proceso de visita (lo que hoy llamamos auditoría), acusado de corrupción y de alterar mensajes. Juicio que termina a primeros de 1585. En sus descargos, el propio Antonio Pérez señala que es objeto de una conspiración, de la que “alega por sospechosos a todos los que en su tiempo han pedido offiçios, o cargos, o merçedes a Su Magestad, y no los alcançaron o las tuuieron menores de la que las pretendieron, y a todos los que, hauiendo pedido merçedes por consejo de estado y no las alcançando, se boluieron a otros secretarios. Que por las dichas razones pueden ser sus enemigos y hauer en sus deposiçiones proçedido con ánimo dañado, añadiendo y encubriendo de la verdad.”

En cuanto a las acusaciones de prevaricación, “en respuesta de todos los dichos cargos que tocan a presentes dize que no ay ley, ni pregmática, ni costumbre, ni juramento que no puedan para los secretarios de Su Magestad, mayormente los de estado, recibir presentes; antes está la costumbre en contrario, como es notorio. Y por tal lo alega, y en particular la que vio vsar a Gonzalo Pérez, su padre, continuamente de resçebir semejantes regalos, de cuartagos, sortijas, Pinturas, Vasos y otras cosas tales de personas prinçipales, aunque fuessen negoçiantes, y que ansí mismo huuo en tiempo del dicho Gonçalo Pérez visita general y nunca su persona fue visitada de ninguna cosa de las dichas ni de otra alguna, lo qual no pudo ser sino por no tener el Emperador nuestro señor de gloriosa memoria, ni Su Magestad del Rey nuestro señor, por visitable el dicho offiçio.” 

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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