miércoles, 20 de diciembre de 2017

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (V)


La actuación general de Lersundi parecía dar alas a la insurrección, al tiempo que sabía controlar la acción de los voluntarios. Mientras el Obispo Jacinto María Martínez, enfrentado a Lersundi y a éstos, arremetía abiertamente en sus cartas pastorales la insurrección:



Estáis sufriendo, muy amados hijos, los males de una guerra injusta, promovida por hombres extraños a nuestra nacionalidad, a nuestra lengua, a nuestras tradiciones, y quizás a nuestra fe, quienes han alucinado a algunos de nuestros hermanos, arrojándolos a un combate, en el cual, faltos de justicia y de derecho, no podrán encontrar sino su propia ruina y la destrucción de sus familias. (Arrozarena 2012: 31)

¿Era el obispo Martínez el único en defender de verdad e inteligentemente la integridad de la Patria?

Sea como fuere, finalmente, y con la “gloriosa” triunfante, el cuatro de enero de 1869 Lersundi sería sustituido en la Capitanía General de La Habana por el general Domingo Dulce, que, haciendo honor a su apellido, pretendió parar la revuelta con métodos pacíficos (libertad de prensa, libertad de reunión,  amnistía para todos los rebeldes que se rindieran en un plazo de cuarenta días y envió de delegados de paz a hablar con Céspedes), lo que ocasionó que los voluntarios, finalmente, actuasen al margen de las instrucciones emanadas de la Capitanía General.

Y es que Dulce, al embarcar en Cádiz, recibía las últimas instrucciones a través de la prensa peninsular, que decía cosas como esta:

¿Quiere el general Dulce que los cubanos le presten atención? Propóngales el reconocimiento de su independencia; otra cosa es estrellarse en una Roca. (Pirala 1895: 384)

En orden a esa instrucción, amnistió a cuantos separatistas se hallaban presos y dio plena libertad para que la campaña propagandista tomase suficiente fuerza. Los agentes anglo usenses invirtieron su potencial económico en esta labor, siendo que, durante el gobierno de Dulce,

se publicaron 77 periódicos, ocho publicaciones volantes, y 15 que se llamaban décimas, consagrado todo a la política y a personalidades poco edificantes…/… Se aumentaron los denuestos contra España, se desataron los lazos de la obediencia, se removieron recuerdos irritantes, y efectuóse un desbordamiento que evidenciaba la saña y la ingratitud de los que, tan enemigos se declaraban de los hermanos de sus padres, ya que nada quisieran deber a la patria común. La supresión de las comisiones militares permanentes sólo aprovechó a los reos de homicidio, robo e incendio…/… todo se iba perturbando para que nada fuera comprendido.  (Pirala 1895: 399)

Pero el general Dulce atendería no sólo esa cuestión, sino aquellos intereses de estricto carácter personal que lo llevaron a Cuba ya en 1862. De hecho, antes de salir para su destino dio que hablar a la opinión pública, que veía con recelo la demora de su partida.

Mucho se comentó la tardanza de la ida de Dulce, aunque no se dudó de ella, por el interés que tenia el general en devolver á su mujer los cinco millones de reales que había prestado para la revolución de España, y se proponía hacerlo con sus ahorros en el mando de la Isla. (Pirala 1895: 384)

Y es que, la “gloriosa” debía pagar a sus financiadores. Cierto que la revolución marginó a uno de los principales conspiradores, el duque de Montpensier, que finalmente acabaría siendo suegro del futuro Alfonso XII… pero es que las intenciones de éste conspirador superaban ampliamente lo que estaban dispuestos a conceder Topete, Prim y Serrano. Las aspiraciones de Dulce no eran tan grandes que no pudiesen cubrirse con un poco de prevaricación en Cuba. Además, ya había demostrado en su anterior mandato que, además, posibilitaría el crecimiento de la insurgencia, tan del gusto de los anglo usenses.

0 comentarios :

 
;