viernes, 26 de enero de 2018

Guerra de secesión de Portugal (14)

Con el conflicto de Portugal recién inaugurado, “En enero de 1641 la Diputació y sus restantes seguidores pusieron a Cataluña bajo la autoridad del rey de Francia y, en su nombre, un ejército conjunto franco-catalán infligió una importante derrota a las tropas reales, rechazándolas en Montjuich el 26 de enero de 1641.”



Surrealismo que se enquistaría en España, en los cinco continentes, y se extenderá en el tiempo hasta el siglo XXI.

La ayuda la recibirían, sin lugar a dudas, pero Francia estaba demasiado ocupada en la invasión de Cataluña, y los otros aliados no veían excesiva claridad en el asunto. Apoyaban sí, pero siempre que la posibilidad de éxito fuese plausible. La prudencia propia de los británicos…

“Richelieu ya había prometido a los portugueses la ayuda de Francia si estallaba una rebelión y, al mismo tiempo, esperaban que los holandeses reducirían la presión que ejercían sobre sus territorios coloniales si declaraban su independencia de España…/… En tanto en cuanto el frente catalán absorbiera las energías de España en la península no había posibilidad alguna de recuperar Portugal. Por tanto, España tuvo que situarse, por el momento, a la defensiva contra los portugueses hasta que consiguiera tener las manos libres para reducirlos.”

Y es que la oligarquía portuguesa, a pesar de estar los ejércitos del Imperio excesivamente ocupados; a pesar de estar España entera incapacitada para dar respuesta al conflicto, no podía culminar su objetivo porque el pueblo portugués no estaba por la labor. “El patriarca Braganza no podía confiar aún en sus propias elites nobiliarias o eclesiásticas. Varios miembros de las primeras desertaron a España en los años 40, abandonando sus estados, sus rentas e incluso, en ciertos casos, sus familias; y muchos de quienes formaban las segundas obedecieron la moratoria ordenada por el papa relativa al culto y al pago de los impuestos.”

Como consecuencia de esta situación de indefinición, la guerra de secesión de Portugal se alargaría desde 1640 hasta 1668, pero en la misma se sucedieron pocos actos de armas, entre los que destaca los efectuados sobre Badajoz, punta de lanza contra la secesión, que sufrió asedios varios por parte de los “restauradores” portugueses.

La situación era sumamente extraña. Los sublevados controlaban la práctica totalidad del territorio, pero se mostraban incapaces de manifestarlo y hasta de creerlo. El pueblo se limitaba a sobrevivir y a callar, mientras esperaba una acción del ejército español que acabase con semejante situación, pero el ejército español estaba sencillamente ausente. Y por su parte, la nobleza portuguesa llevaba largo tiempo entroncada en el resto de España; entre ellos los Villena, Osuna, Sarria, Benavente, Gelves, Pastrana y tantos otros. Algunos acabarían pagando con el desarraigo de su tierra natal las consecuencias derivadas de estos hechos.

El desgajamiento de Portugal del tronco nacional acabaría siendo llevado a cabo en el último periodo de la Guerra de los Treinta años, en general contraria a los intereses hispánicos en Europa, aunque “no fue posible conseguir que la independencia lusitana se ratificara en los tratados de Westfalia o en la Paz de los Pirineos.”

“La única batalla del periodo fue la de Montijo, el 26 de mayo de 1644, de la que ambos bandos se atribuyeron la victoria, algo que permanece aún tanto en la historiografía hispana como lusa. Junto a esta batalla, solamente podemos encontrar otras dos operaciones de sitio dignas de mención. Por un lado el intento de cerco español sobre Elvas de 1644 -que duró menos de un mes, renunciando el comandante español, el Marqués de Torrecuso, a realizar un asalto sobre la ciudad al estar muy bien defendida-, y el cerco español de Olivenza de 1645, del que el Marqués de Leganés tuvo que desistir por la llegada de invierno.

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