jueves, 25 de enero de 2018

La caída del Imperio Romano (14)

A Recaredo le sucedió Gundemaro, cabecilla de la conjura, que aunque también nacionalista visigodo parece que fue más sincero en su conversión al catolicismo; reinó hasta el año 612 y pagó parias a los francos ; era más proclive a las tesis de Recaredo, y tuvo que sofocar levantamientos de los vascones. Pero sin duda, lo que marca el reinado de Gundemaro es la consecución de la primacía de la sede apostólica de Toledo sobre la de Cartagena, donde pertenecía anteriormente. El motivo del cambio es que Cartagena estaba en poder de Bizancio.

Con Gundemaro los nobles “romanos” (culturalmente hablando) ya no estarán excluidos del trono, si bien debían tener sangre goda. Tomó Cartagena y acabó expulsando a los bizantinos.

A Gundemaro, que murió por causas naturales, sucedió Sisebuto, conocido como “rey letrado” (había sido educado como romano) y como “padre de los pobres”. Emprendió una victoriosa campaña contra los rebeldes vascones y astures. Redujo la zona ocupada por los bizantinos al Algarve y desencadenó una brutal persecución contra los judíos (616) inducido por Heraclio, emperador de Bizancio, que habiendo sido vencido su general Cesáreo por las tropas de Sisebuto, no accedía a firmar la paz si éste, Sisebuto, no expulsaba a los judíos  , hecho que le valió la censura de san Isidoro y de toda la Iglesia, que se significó reiteradamente contra las persecuciones injustas.  Se produjo una diáspora y una conversión masiva al cristianismo que más perjudicó a todos que benefició a nadie. No obstante, Sisebuto pasó a la historia como hombre sensible que liberaba prisioneros a costa de su propio tesoro, y documentos escritos han quedado, visigodos, francos y bizantinos en los que se refleja esa realidad.

Los judíos que optaron por el exilio se encontraron con que el rey franco Dagoberto también les imponía el bautismo o el exilio. Actitud ambivalente la de Sisebuto, difícil de comprender. Sólo San Isidoro clamaba contra la injusticia.

En 621 subió al trono su hijo Recaredo II, que a los dos meses de ser coronado fue asesinado y sustituido por Suintila (hijo de Recaredo I), que realizó una campaña contra los vascones en la que intervino personalmente. Fueron sometidos y obligados a construir la fortaleza de Olite para frenar sus incursiones por el valle del Ebro. También expulsó definitivamente el poder de Bizancio, y este hecho completa la total conformación de España, que según San Isidoro “fue el primero que obtuvo el poder monárquico sobre toda la España peninsular”. Persiguió a los nobles y a la iglesia.

Suintila poseía cualidades de sabio, pero es lo cierto que el hombre a quien antes San Isidoro había llamado el padre de los pobres, aparece en las historias como avaro, sensual, inicuo y tirano, y como tal aborrecido del clero, de la nobleza y del pueblo.  Acabó siendo asesinado junto a su hijo, el año 631 como reacción popular a su voluntad de imponer en puestos de responsabilidad a sus familiares, lo que contravenía las leyes y las tradiciones.

El nuevo rey, Sisenando, alma de la conspiración, convocó de inmediato el IV Concilio de Toledo, con la intención de que fuese reconocido como rey y de que se condenase a Suintila y su hijo, con lo que da a los concilios un carácter político añadido; digamos que serían algo parecido a las cortes, donde los hispano romanos accedían a puestos y decisiones que antes les eran vetados. En él San Isidoro de Sevilla mostró sus cualidades. Se determinó que no se podía asesinar al rey, y éste sería elegido por la nobleza y por la iglesia.  También se señaló las reglas y principios con que habían de gobernar el Estado, imponiendo a los reyes la obligación de ser moderados y suaves con sus súbditos, y fulminando excomunión contra los que ejercieran potestad tiránica en los pueblos. Así mismo se marcaba que el rey no podía por sí solo dar sentencia en las causas criminales sino con los jueces públicos Mandaron igualmente que a la muerte del rey se juntaran los prelados y los grandes del reino para elegir pacíficamente el sucesor.  San Isidoro propició que el concilio derogase el decreto dado por Sisebuto contra los judíos , e impuso orden en la iglesia.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/09/la-caida-del-imperio-romano-texto.html

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