jueves, 18 de enero de 2018

La revuelta comunera (14)


Los nobles se opusieron abiertamente a la creación de esta milicia, llegando en Valladolid a ocasionar alborotos que se extendieron a Arévalo, Medina del Campo y Ciudad Rodrigo. Las protestas llegaron hasta Carlos I, que conminó a Cisneros a disolver la milicia, orden que cumpliría en febrero de 1517.

“Si disponía de esta fuerza armada, el Estado podría prescindir de los nobles y en caso necesario incluso dirigirla contra ellos. Esta es verdaderamente la razón poderosa que impidió a Cisneros la ejecución de sus planes. Los Grandes no deseaban que el Estado pudiera disponer de una tropa a su servicio exclusivo, la cual hubiera podido abortar en su inicio cualquier tentativa de acción subversiva del orden establecido. Fueron los levantamientos que se produjeron en Valladolid la circunstancia inmediata que produjo la disolución de la milicia, pero estos levantamientos habían sido organizados, provocados y alentados por la alta nobleza.”

“La creación de la milicia popular, bajo muchos aspectos tan conveniente, tuvo por principal objeto, a juzgar por lo que dicen sus mismos contemporáneos, armar al pueblo en defensa de las prerrogativas reales para ayudar al trono al abatimiento de la nobleza.”

La organización de los nuevos territorios americanos fue otra de las preocupaciones del Regente. A partir de 1500 había promovido diversas expediciones de misioneros, especialmente franciscanos, para la evangelización del Nuevo Mundo. Colón se había demostrado inepto para gobernar el territorio recientemente adquirido, al tratar como esclavos a los indios conquistados, y su método de acción mereció la más severa condena de parte de Cisneros, quien tomó fuertes medidas para reprimirla. Elaboró un código de instrucciones para el bienestar de los nativos y utilizó todos sus esfuerzos para protegerlos de la opresión y convertirlos a la fe cristiana.

Fueron casi dos años de regencia de un hombre octogenario que demostró una claridad mental envidiable y una extraordinaria capacidad para gobernar. Mantuvo a raya a los nobles castellanos, que se mostraban ávidos de recuperar el poder perdido, así como a las intrigas de los que pretendían colocar en el trono al infante Fernando.

“Las cosas amenazaban ruina; los gobernantes y el consejo, por cartas y mensajeros, suplicaban con instancia al príncipe viniese a estos reinos, que con su presencia se consolarían. Respondía dando esperanzas de su venida y muestras de intitularse rey.”
Mientras, la corte en Bruselas, ajena a lo que sucedía en España, decidió coronar rey a  Carlos, que abandonado en manos de personajes de difícil catalogación, hacía caso omiso de las leyes de los reinos que era coronado, desoyendo al consejo de estado, y comenzaba a ganarse la enemistad de sus súbditos incluso antes de pisar tierra española al llevar a cabo un hecho que muchos han catalogado de golpe de estado. Algo que no mejoraba en nada la situación de Carlos, y que sin embargo lo enfrentaba al pueblo.

“El impaciente príncipe, como había tomado el título de rey de España, aunque vivia su madre Doña Juana, en cuanto llegó á su conocimiento la noticia de la muerte de su abuelo Don Fernando, exigió al cardenal gobernador que las ciudades y villas del reino le reconociesen aquel título, y le proclamasen rey solemnemente, según costumbre antigua; y aunque Jiménez de Cisneros, de acuerdo con el Consejo Real de Castilla, «expuso al príncipe lo improcedente é impolítico de semejante paso, Don Carlos insistió con energía en hacer cumplir sus deseos, aconsejado por los ignorantes flamencos que le rodeaban, y fué, por último, proclamado en Madrid á 30 de Abril de 1516.”

Era el 14 de marzo de 1516, y se actuaba contra la voluntad del Consejo de Castilla y del Consejo de Aragón, y sin que por otra parte Juana fuese declarada incapaz de reinar.

Al respecto, sencillamente se actuaba como se venía actuando, y ello comportaba, si aún cabía, más animadversión de la nobleza, y por supuesto, del pueblo.

El cardenal Cisneros, finalmente, se reunió con el Consejo de Estado, al que, ante las disidencias, recordó a los presentes que “les habia juntado, no para consultar sino para obedecer, y que su rey les pedia sumisión y no consejos…/… de una sola plumada les arrancó Cisneros todas las rentas y posesiones que les fueron donadas por Fernando V…/… entonces fué cuando se presentaron al severo regente comisionados…/… para preguntarle en virtud de qué poderes gobernaba el reino, y les respondió, llevándoles como por acaso hácia un balcon, desde donde les enseñó la guardia que custodiada su persona, y haciendo que, á una señal suya, tronase una descarga, para darles a entender que habia terminado la anarquía feudal de sus ascendientes.”  Este hecho, comentado por los biógrafos primeros del Cardenal, se apoya en la tradición oral, y no en documento alguno.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/la-revuelta-comunera-texto-completo.html

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