sábado, 20 de enero de 2018

Siguiendo con la guerra de sucesión (XIV)

Intervención de la Triple Alianza que no salió gratis a España, ya que ese mismo año de 1668 se accedió a la voluntad británica de aceptar la separación de Portugal, cuando las fuerzas separatistas estaban en manifiesto retroceso y sin demasiado respaldo popular.

Iniciado ya el siglo XVIII, Felipe V modernizó el ejército; creó el cuerpo de granaderos y el de carabineros; creó regimientos de caballería ligera y de dragones, siendo el de dragones un cuerpo que alternativamente servía para combatir a pie o a caballo.

Pero con todo, el problema no era atajado porque, conforme indica David Alberto Abián Cubillo, “en el siglo XVIII continuó padeciéndose la falta de voluntarios para enrolarse al ejército lo que hizo que se tuviesen que seguir utilizando métodos de reclutamiento propios de los Habsburgo, como eran los alistamientos por parte de particulares con fuerte influencia en las comunidades, así como reclutamientos más novedosos, que podemos calificar ahora claramente forzosos.”

Todo hace indicar que la Pax Hispánica, muy a pesar de la evidente crisis económica padecida en la Península de manera casi secular, era mantenida, no sólo en América, donde se mostraba de todo punto innecesario mantener fuertes contingentes militares salvo en algunos puntos de la costa al objeto de repeler los periódicos ataques de piratas y corsarios al servicio de Inglaterra, Francia y Holanda, que buscaban saquear las riquezas y la tranquilidad de esa parte del mundo, que gozaba de un alto nivel de igualdad y de riqueza.

Esa Pax Hispánica significó que, según señala Germán Segura García, “al iniciarse el conflicto sucesorio, las tropas de la Monarquía se encontraban principalmente en Italia y Flandes. Desatado inicialmente el fuego de la guerra en estos territorios, Felipe V contaba en España con apenas 13.000 infantes y 5.000 caballos, por lo que resolvió levantar más tropas, además de ordenar la creación de otros 100 regimientos de milicias con una fuerza total de 50.000 hombres.” 

Esa situación precaria del ejército motivó una reestructuración en profundidad del mismo, creándose nuevas unidades acordes a los tiempos, al tiempo que la dependencia respecto a Francia se manifestaba también en la correspondencia mantenida entre Felipe V y su abuelo, el rey de Francia. “En cuanto a la contribución militar francesa, en muchas de estas cartas Felipe V insistirá en la solicitud de nuevos refuerzos a su abuelo para continuar la guerra. La dependencia de la causa filipista con respecto a las tropas francesas será trascendental en momentos claves como la batalla de Almansa (25-IV-1707), victoria conseguida por el duque de Berwick, un jacobita al servicio de Luis XIV, sin la que es difícil comprender la consolidación borbónica en España.”

Como queda señalado, la guerra no se inició inmediatamente después de haber ascendido al trono Felipe V. La actividad prebélica se manifestó, en el campo austracista, con el envío de un embajador holandés que tomó contacto con el Almirante de Castilla, quién le instruyó de la facilidad que encontrarían en Andalucía para conseguir sus objetivos. Por su parte, Francia por una parte, y el emperador por otra desarrollaban una fuerte actividad política en Italia al objeto de anexionarse los reinos españoles. En Italia empezarían las hostilidades, careciendo de las defensas necesarias. Y siendo que la fuerza naval de España estaba empobrecida, no se atendía su modernización.

Francia invadió Flandes, donde Inglaterra envió diez mil hombres sin declarar la guerra.
Mientras, en el baile de cifras que siempre acompaña a estas estimaciones, otro autor, Cristina Borreguero, abona lo apuntado cuando señala que “se puede estimar que el Ejército de la Monarquía española hacia 1701 apenas ascendía a 12.000 hombres en el territorio peninsular y otros 20.000 más repartidos entre Flandes e Italia.”  Y en América, sólo guarniciones esparcidas y compuestas por americanos.

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