viernes, 16 de febrero de 2018

Intereses europeos en las guerras carlistas (4)

Con esta situación, no es de extrañar que, en 1837, fuese Villiers, el embajador británico quién impusiese a Mendizábal como ministro de Hacienda, ya que se encontraba

Dotado de tantas y tan brillantes cualidades para un momento de crisis como el presente, gozando como gozaba de gran reputación en el extranjero (Rodríguez 1985: 62)



Esta situación de absoluta dependencia no pasaba desapercibida para los intelectuales españoles; así, en 1839, en la Revista de Madrid, denunciaba Donoso Cortés en su comentario sobre el estado de las relaciones diplomáticas entre Francia y España:

Si el fallecimiento de Fernando VII hubiera acaecido antes de la revolución de julio, la cuestión española hubiera sido resuelta sin duda ninguna de la manera siguiente por las grandes potencias de la Europa. La Francia no hubiera vacilado un momento en apoyar directa o indirectamente las pretensiones del príncipe rebelde, representante de su interés dinástico, y símbolo de sus principios políticos. El Austria también se hubiera puesto de su parte, movida por sus intereses políticos y a pesar de sus intereses dinásticos, Las demás potencias del Norte hubieran seguido probablemente su ejemplo. La Inglaterra por el contrario se hubiera declarado sin vacilar por Isabel II, no solo como representante de principios políticos análogos a los suyos, sino también y mas principalmente porque su elevación al trono era un golpe dirigido contra la dinastía reinante en Francia. De todo lo cual se deduce que si Fernando VII hubiera fallecido antes de la revolución de julio, la causa del príncipe rebelde hubiera encontrado un vigoroso apoyo en los intereses y en los principios a la sazón dominantes en la diplomacia europea. (Donoso 1848: 465)

para la Francia es indiferente el triunfo del rebelde Carlos o el de Isabel II, porque aun entonces se vería obligado a intervenir en los asuntos de España si no demostraba otra cosa imposible: conviene a saber, que siéndole indiferente que reine Isabel o reine Carlos, le es indiferente también que haya o no haya un gobierno pacífico y asentado en la nación española, porque si no demostraba esto también, demostrando que la anarquía en España le es de todo punto indiferente, estaba obligado a intervenir si no en favor de ninguno de los ejércitos beligerantes, a lo menos para sofocar en ambos campamentos la anarquía. Para demostrar esta segunda cosa imposible, es decir, que le es indiferente que en España haya anarquía o haya gobierno, estaba obligado a demostrar antes otra tercer cosa imposible: conviene a saber , que puede ser indiferente a una nación todo lo que suceda en una nación vecina. Solo demostrando todas estas cosas, puede justificar el gabinete francés su absoluta indiferencia en los asuntos de España. (Donoso 1848: 479)

También los agentes británicos señalaban esta realidad, en este caso centrándose en el armamento utilizado en la guerra por los carlistas, remarcando que

Desde los primeros años de la guerra notábase que el cureñage construido en Oñate lo estaba con arreglo a la forma, dimensiones etc. del nuevo modelo francés. Las piezas de grueso calibre tomadas por nuestras tropas a los rebeldes en el último sitio de Bilbao, tenían igualmente cureñas del nuevo modelo de sitio francés, y estaban perfectamente construidas. Circunstancia que no deja de ser muy notable cuando en aquella sazón, no solo nosotros, pero ni los prusianos, ni aun los ingleses los tenían aun. Mas fuera interminable si hubiéramos de hacer una reseña de los infinitos recursos que percibían los carlistas de Francia, puesto que todo les venia de allí, o por conducto y con el pláceme o refrendo de aquella nación. (Flórez 1845 tomo III: 45)

La jugada a dos bandas por parte de las potencias europeas quedaba manifiesta. Cual era el objetivo es algo que habrá que determinarse en otros ámbitos fuera este repaso histórico. Lo cierto es que ante las desventuras de España, las bolsas europeas respondían con alzas generalizadas, algo que sucede justamente al revés en 2016, cuando Inglaterra plantea la posibilidad de retirarse de la zona euro.

Una jugada a dos bandas que tenía claros apoyos en el gobierno de España, y que en 1840 se materializó en una propuesta de Evaristo Pérez de Castro, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, en la que se planteaba al Senado, la venta de Fernando Poo y Annobon a Inglaterra. Propuesta que, misteriosamente, no prosperó al no encontrar acuerdo en el precio que debía pagar Inglaterra.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/intereses-europeos-en-las-guerras_15.html

0 comentarios :

 
;