jueves, 22 de febrero de 2018

La familia, base de la sociedad (XIV)

Parece poco lógico que la familia sea entendida sólo como “un instrumento básico de socialización”, cuando a la familia debe reconocérsela como el instrumento básico para la formación de la personalidad y de la socialización. Ciertamente, otros factores en principio extraños son también determinantes en este sentido, pero equiparar a la familia con esos agentes es desvirtuar y minimizar la función de la familia.

Sería ridículo atreverse a decir que la familia incluso llega a competir en el aspecto socializador, con otros factores como son, entre otras, la escuela, los medios de comunicación, las diferentes confesiones religiosas, los partidos políticos, entre otros agentes sociales.

La misma calificación merece el aserto siguiente, “Por otro lado la familia en la actualidad desempeña un papel central en las estructuras sociales, económicas y políticas”. Resulta tan peregrina —por evidente, histórica y consustancial— la afirmación, que es de difícil refutación. ¿Acaso es sólo en la actualidad cuando la familia desarrolla ese papel? ¿No es acaso histórico el desarrollo del mismo?, ¿o es que la voluntad del legislador, acaso, era introducir en el texto el adverbio todavía?

Parece, cuando menos, lamentable el trato que el legislador da a la familia. Sencillamente como un ente económico a ser tenido en cuenta en el desarrollo total de la economía; extremo que también es la familia, pero como subproducto de su función principal.

Pero que el tratamiento que recibe la familia es de mero ente económico resulta evidente en la Recomendación de 21 de enero de 1998, donde el Consejo de Europa recomienda la aplicación de este tipo de legislación, basándose en el coste social y económico de las separaciones y los divorcios.

En este orden, es de destacar que la preocupación de los políticos por la familia en España es una cuestión sumamente novedosa. Así, mientras en la legislación anterior se manifestaba que el Estado reconocía y amparaba la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva , en el Plan Integral de Apoyo a la Familia, parece que los legisladores quieren corregir algo de lo actuado en las últimas décadas, y proclaman su preocupación por la familia.

La citada preocupación se ha plasmado en “la ley de conciliación de la Vida Familiar y Laboral aprobada en 1999, la aprobación del “coste cero” para las cotizaciones de la Seguridad Social de los contratos de sustitución por maternidad, la reforma del IRPF del año 1999 y la mejora de la protección familiar de la Seguridad Social”, y que tales extremos “son una muestra de que el Gobierno ya ha venido situando a la familia como eje de su labor” .

Pero la realidad es que, hasta llegar a la redacción de ese PIAF, y hasta ahora mismo, el trato legislativo que ha dado el sistema democrático a la familia ha sido, como mínimo, penoso, si no de claro matiz antifamiliar, habiendo sido derogadas leyes de protección a la familia que habían sido iniciadas por Antonio Maura por ley de 27 de Febrero de 1908, mejorada en 1923 con el Subsidio de Maternidad, que nuevamente fue mejorado en 1929, llegando a su mejor momento con la implantación del Seguro de Vejez (1 de septiembre de 1939) y del Seguro Obligatorio de Enfermedad (14 de diciembre de 1942).

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-familia-base-de-la-sociedad-texto.html

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