domingo, 4 de febrero de 2018

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN EL SIGLO XIX (y IV)

El 5 de abril de 1869 se procedió a una entrega inicial de peticiones que contenía, según la asociación, dos millones ochocientas treinta y siete mil ciento cuarenta y cuatro firmas, procedentes de ocho mil cuatro lugares…/… El 14 de abril se remitió a las Cortes una segunda remesa de firmas, trescientas cincuenta y nueve mil cuatrocientas ochenta y nueve, de otras mil veintiocho localidades. (Orozco 2013: 60-61)



A todo ello,

…el republicano García Ruiz recordó que en España había dieciséis millones de personas, cantidad muy superior a la de las firmas que pedían el mantenimiento de la unidad católica. (Orozco 2013: 61)

No parece que en esta ocasión se tuviese muy en cuenta el principio democrático, ni el hecho de que los firmantes representasen mucho más que sus solas personas... Algo así como la mitad de la población.

Cuando ya se había destruído una cantidad ingente de obras de arte de todo tipo y se había malbaratado el resto, en una de las operaciones de latrocinio, despilfarro y destrucción más grandes jamás ocurridas,

A finales de año 1873  se promulgó un decreto para proteger los edificios religiosos. “El decreto llegaba tarde, porque se refería a proyectos de derribos en un momento en que estos ya se habían ejecutado. Castelar ordenaba a los gobernadores civiles que comunicaran las iniciativas de Ayuntamientos o Diputaciones provinciales cuando intentaran proceder a la destrucción de un edificio público que por su mérito artístico o por su valor histórico debiera considerarse como un monumento digno de ser conservado. De esta manera, suponiendo que se tratara de ejecutar un derribo a partir del decreto, si el gobernador estimaba que el edificio no tenía valor artístico o histórico no tenía que hacer nada para evitarlo. (Orozco 2013: 80)

En 1874, cuando la Primera República estaba a punto de acabar con su primer producto, el cantonalismo, y cuando en esencia se anunciaba su propia defunción, Serrano suavizó las relaciones con la Iglesia, permitiendo procesiones, devolviendo algunos bienes y hasta permitiendo que los serenos volviesen a anunciar las horas con la salutación “alabado sea Dios”, mientras en algunos lugares seguía anunciándose con el grito ¡Viva la República Federal!

En Barcelona, el 17 de enero salía por la calle, nuevamente el Viático. Significativo es señalar que el doce del mismo mes se había rendido el cantón de Cartagena.

Las guerras carlistas, así, no fueron sino la mínima respuesta que pudo dar el pueblo español a la tiranía liberal que finalmente resultaría triunfante.

Hubo también réplica literaria a la persecución religiosa; así, se hicieron publicaciones denunciando al liberalismo, como la célebre y documentada de Félix Sardá Salvany, “El liberalismo es pecado”, y se imprimieron cosas curiosas, como el “catecismo del liberalismo”, por parte del sacerdote Ramón Valle, que inicia como sigue:

“P. ¿Qué es liberalismo?
R. Es la doctrina que prescinde de Dios en todas las manifestaciones de la actividad humana.
P. ¿De qué modo se podría aclarar esta definición?
R. Diciendo así: El liberalismo es una doctrina religiosa, social y política, que tiende a separar de Dios al Individuo, a la familia y a las naciones.
P. De manera que son tres doctrinas?
R. No es sino una misma, pero que se desenvuelve en esas tres esferas de acción.
P. Se podrá profesar el liberalismo político sin profesar el liberalismo religioso?
R. No, porque el liberalismo religioso y el político son una misma doctrina, aunque aplicada a diversos objetos. Lo mismo debe decirse del liberalismo social.
P' ¿Cómo se explica más esto?
R. Haciendo ver que el liberalismo religioso funda los principios, y que el liberalismo político no es otra cosa que la aplicación de esos mismos principios.
P. ¿Pues cómo hay liberales que pretenden serlo en política y no en Religión?
R. Porque quieren engañarse a sí mismos, oporque intentan engañar a los demás. En muchos casos porque han meditado suficientemente acerca de las doctrinas que dicen profesar.”

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