lunes, 5 de febrero de 2018

LA REVOLUCIÓN CANTONAL (2)

El menos ridículo y más esperpéntico fue, sin lugar a dudas, el caso de Cartagena.

La vida de este cantón tuvo lugar durante un periodo extremadamente prolongado. Se declaró el cantón, como hemos visto,  el  12 de julio de 1873 (Ver proclama en anexo 3) y sobrevivió hasta el 13 de enero de 1874 (seis meses), y el hecho de que en la ciudad existiera una importante y numerosa logia masónica, los "Hijos de Hiram", podía hacer pensar en una relevante participación de los masones (recordemos que la Masonería, a nuestro entender no es sino una sección del ministerio de asuntos exteriores británico) en el proceso revolucionario; algo más que plausible siendo que toda la estructura política estaba controlada por esta organización, que tanto venía laborando desde 1711 a favor de los intereses de Inglaterra.



Como ya hemos señalado, tres días antes de declararse el cantón de Cartagena, el 9 de julio había estallado la Revolución del Petróleo de Alcoy, y a partir de este momento se extendió el cantonalismo por Murcia, Andalucía, Extremadura, Salamanca, Toledo y otras ciudades. No es éste el dato más relevante, aunque quizá fuese Cartagena, de forma premeditada, el sitio elegido para iniciar la asonada. Es el de Cartagena, en cualquiera de los casos, paradigma del movimiento cantonalista, respecto del cual existen autores que justifican documentalmente que el verdadero título no es el de “Cantón de Cartagena”, sino el de “Cantón Murciano”. Pero todo eso es propio del mismo espíritu cantonal.

Es el caso que el día 11 de Julio todo era un mar de dudas; se rumoreaba que el gobernador civil de Murcia, de acuerdo con el Presidente del Consejo, secundaba el cantón; que los mineros de la Unión, se unían con armas y bagajes, y que todos los fuertes estaban dispuestos a prestar su apoyo incondicional, y finalmente, que España entera hervía de entusiasmo por la causa cantonal, que estaba siendo reconocida por las potencias extranjeras.

En el frenesí del levantamiento, al día siguiente, doce de julio, en Cartagena,

los revolucionarios se hacen con el gobierno civil, el militar y entran en el Ayuntamiento nombrando una Junta que en nombre del Cantón Independiente, toman el control del arsenal y del puerto donde estaba amarrada la mayoría de la flota española, la cual se une a la sublevación. En el Castillo de Galeras se iza la bandera cantonalista, una bandera turca que una vez pintada de rojo la medía luna, que, según ellos, representa la sangre derramada, se identificará con el Cantón. Con el armamento del arsenal y su flota, resisten el contraataque de las tropas gubernamentales. (Orte 2015: 25)

Antonete Gálvez había regresado a Murcia ya comprometido con Roque Barcia y el general Contreras, estratega del plan subversivo cantonal. A Gálvez se le encargó el levantamiento de Cartagena en tanto que Jerónimo Poveda haría lo mismo con la ciudad de Murcia, que efectivamente se alzó cuando el federal Saturnino Tortosa, de oficio lapidario y capitán de Voluntarios, entró con estos en el Ayuntamiento para izar en el balcón del Ayuntamiento la bandera roja de la Federación.

El 12 de julio, la Junta Revolucionaria nombraba a Antonete Gálvez Comandante General de todas las Fuerzas de Mar y Tierra de la plaza y departamento, poniendo a su disposición más de cuatro mil quintales de pólvora, ciento ochenta mil proyectiles y quinientas treinta y tres piezas de artillería, mientras los insurrectos, se apoderaban de las Casas Consistoriales y trataban de atraerse a la marinería de la base naval. Las tripulaciones de los buques Almansa y Victoria y el regimiento Iberia que el gobierno había mandado para sofocar la sublevación de Málaga, se unieron a los sublevados.

El mismo día, relata Giménez que la situación provocó el alza de las bolsas extranjeras, mientras los sublevados impedían que los buques de la armada zarpasen de puerto, al tiempo que Contreras, con su flamante título de capitán general del cantón, iba tomando posesión de las fortificaciones. Las fuerzas militares hicieron causa común con los revoltosos, mientras la fuerza de carabineros se disolvió, y con ellos, la caja, curiosa referencia que lucirá con luz propia en todas las actuaciones cantonales, revertiendo sus miembros a la causa cantonalista.

La Junta revolucionaria está presidida por el ciudadano Pedro Gutierrez y la componen en calidad de vocales Banet Torrens (este vice-presidente), Roca, Ortega Cañabate, Cobacho, Melendez, Ortuño, Aleman, Martinez, Garcla Torres y Moya. Son secretarios Minguez Trigo y Romero Germes, ciudadanos entusiastas y decididos, de gran notoriedad en los clubs y en los cuales confía mucho la federación. (Giménez 1875: 22)

Presidente del Cantón y Ministro de Marina, Contreras. - Guerra, Ferrer. -Hacienda, Sauvalle.- Gobernacion, Alberto Araus. -Gracia y Justicia, Perez Rubio. -Fomento, Nait, delegado del Comité separatista de Madrid.

La primera disposición de la Junta fue crear

Una condecoración consistente en una mellada laureada que podrán ostentar en sus pechos todas las fuerzas de voluntarios y ejército de mar y tierra que en la actualidad se han adherido al movimiento iniciado en esta Ciudad.
Esta medalla se llevará pendiente de una cinta tricolor en el pecho y será pensionada vitaliciamente con 30 reales mensuales. (Giménez 1875: 31)

Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-revolucion-cantonal-texto-completo.html

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