miércoles, 14 de febrero de 2018

Los realistas americanos (11)

DOS PERSONAJES DE ASIGNACIÓN DUDOSA

Dentro del capítulo que nos ocupa, a saber “Los realistas americanos”, queremos incluir dos que por las circunstancias resultan “dudosos”. No hay duda que ambos combatieron en algún momento en el bando patriota… como no hay duda que uno de ellos (Pumacahua) fue ejecutado por las tropas virreinales, tras enfrentamiento militar, mientras el otro, el Indio Vargas, fue asesinado por Páez… después de haber conseguido que aquel desertara del ejército nacional.


MATEO GARCÍA PUMACAHUA

Cacique de Chincheros y Brigadier de los Reales Ejércitos, fue ejecutado por los realistas el 17 de marzo de 1815. Su lucha, que siempre estuvo a favor de España, lo llevó a combatir al virrey Abascal en defensa de las órdenes recibidas de Cádiz, pero, y a lo que parece, siempre por España. La historiografía separatista lo señala como un héroe del separatismo, pero de forma más señalada que en el caso del indio Vargas, es menester concederle el beneficio de la duda, si tenemos en consideración su trayectoria personal.

En 1780 y 1781 destacó en la represión del levantamiento de Túpac Amaru II y fue un hombre de la causa nacional cuyo gran prestigio lo llevó al grado de coronel del ejército. Colaborador directo del arequipeño José Manuel de Goyeneche, que el 17 de Junio de 1808 había sido nombrado representante de la Junta Suprema de Sevilla. A sus órdenes sirvió Mateo García Pumacahua, en un ejército compuesto en su inmensa mayoría por indios.

El 9 de diciembre de 1812 llegó a Cuzco la Constitución de Cádiz.  Como Presidente accidental de la Real Audiencia e Intendente Interino figuraba  el Brigadier Don Mateo García Pumacahua. Cinco días después, el catorce de diciembre el abogado Rafael Ramírez de Arellano junto a treinta vecinos de la ciudad conminaba a las autoridades para la inmediata jura de la Constitución. Pumacahua, detectando la gestación de motines, encarceló a Ramírez de Arellano y a otros implicados como Vicente Angulo, Gabriel Béjar, José Angulo y Manuel Hurtado de Mendoza.

El devenir de los acontecimientos hizo que finalmente se retirase de la vida pública; retiro del  que lo remueve el levantamiento encabezado por los hermanos Angulo del 2 de agosto de 1814, donde tenía significación el Obispo Pérez Armendáriz, y el Coronel Saturnino Castro, “Jefe de los Dragones de Cusco, quien en la guerra contra los rioplatenses en el Alto Perú fuera uno de los más fieros exterminadores de rebeldes” .

En los mismos escenarios que diez años después contemplaran las acciones del patriota Antonio Huachaca contra los separatistas victoriosos, Mateo García Pumacahua, se sublevó en 1814, en defensa de la Constitución española de 1812, de corte liberal.

Detrás de esta sublevación parece encontrarse el hecho de que la oligarquía criolla se resistía a llamar españoles a los indios, aspiración manifiesta de éstos, y en concreto de Mateo García Pumacahua; algo que, en el caso de Pumacahua se ve reforzado por el hecho que el virrey Fernando de Abascal no lo ratificó como Presidente de la Audiencia Real.

La historiografía separatista, y particularmente a partir del siglo XX, da a Pumacahua un cariz conforme a sus intereses. Aquí no vamos a intentar algo similar; sólo nos limitamos a señalar que las circunstancias en que se vio envuelto Pumacahua lo forzaron a tomar unas decisiones que lo enfrentaron militarmente, no a España, sino al virrey Abascal. Dos concepciones enfrentadas del hecho de España.



JUAN DE DIOS DE LOS REYES VARGAS (El Indio Vargas)

Nació en Venezuela, mestizo, hijo del canario Juan Manuel Santeliz y una indígena de la etnia gayón. Criado por su padrastro Cecilio Vargas organizó las guerrillas de Siquisique en la provincia de Coro, dando apoyo a la llegada de Monteverde. Tras su desaparición, los hombres acabaron reuniéndose en torno a José Tomás Boves, quien sin  apoyo de nadie  mantuvo en jaque a las unidades de los agentes británicos, dominando toda Venezuela antes de la expedición española de Morillo de 1815. Las guerrillas seguirían su acción hasta el año 1829, y apoyaron una última tentativa de organizarlas por el coronel Arizábalo. Pero eso sería ya sin el concurso del Indio Vargas, que había cambiado de bando en 1821.

Antes de la deserción, en 1812, junto a Monteverde y con el respaldo del cura Andrés Torrellas, su director espiritual, había tomado Barquisimeto, San Carlos, Valencia, San Mateo y  La Victoria, apoderándose de Caracas tras la capitulación de Miranda.
Otros movimientos contrarrevolucionarios populares se sucedían., entre ellos los llaneros de Eusebio Antoñanzas (1770-1813). La convergencia de estas fuerzas, el terremoto de 1812 y la rebelión de esclavos propiciaran el final de la primera república.
El indio Vargas se significó en varias acciones de envergadura; según relata Miguel Azpúrua, “estuvo en “Cerritos blancos”, en las escaramuzas de Baragüa –derrotando al general Rafael Urdaneta-, también en La Ceibita, recibiendo la “Cruz de Carlos III”, otorgada por el propio rey Fernando VII;  luchó contra el general José Antonio Páez en la Campaña de Apure, estuvo en Mantecal, Nutrias y Achaguas.”

Pero su actividad, que se veía inspirada por el cura Torrellas, su director espiritual,  acabaría defendiendo principios liberales. Partidario al fin de Quiroga y de Riego, arrastró tras de sí al “indio” Vargas, que acabaría militando en el bando separatista, siendo que el 5 de mayo de 1821 fue ratificado en su rango militar por Simón Bolívar, a cuyas órdenes derrotó en Baragua a las tropas patriotas al mando del coronel Lorenzo Morillo el 1 de Octubre de 1821 y el 16 de enero de 1822.

Pero las circunstancias que rodearon su actividad, oscuras como oscuras eran también las relaciones en el seno del propio ejército nacional, dividido entre liberales y conservadores, llevaron a que el 28 de marzo de 1823 el indio Vargas fuese  asesinado a machetazos, por orden de José Antonio Páez.

¿Es digno el indio Vargas de formar en la nómina de los patriotas siendo que acabó sometido a los enemigos de la Patria? Es difícil determinar el asunto, y todo apunta a que no. No obstante aún cabe la duda, dado el fin que tuvo bajo la tiranía del retorcido masón José Antonio Páez.

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