viernes, 30 de marzo de 2018

América, parte sustancial de la Patria HIspánica (1)

“América Española, hasta los inicios de “la Revolución” fue y formó toda ella una entidad política única; un solo estado unido al de España por la corona, pero perfectamente diferenciable y diferenciado por la diversidad de instituciones y regímenes de organización (…) lo importante de esa formación inicial, que duró trescientos años, fue que el Reyno de Indias fue una unidad. Unidad nacida en la isla de Santo Domingo, como núcleo fundacional, del cual surgieron otros muchos núcleos.”

Es por ello necesario señalar que “nunca hubo un imperio español, y que la denominación correcta es Reinos de las Españas de Europa e Indias (Reinos Castellanos de Indias) “Hispaniarum et Indiarum Rex” “Rey de las Españas y de Indias”, hasta la constitución de Cádiz en que estos Reinos y Provincias decidieron fundirse en una sola entidad llamada sencillamente Nación Española”.
De hecho, a la Patria se la identificó  como “Reino de Las Españas” hasta la constitución del año 1869, cuando finalmente pasó a denominarse Reino de España.
Sin embargo, la propaganda ilustrada, base de los conceptos políticos e ideológicos de las potencias europeas se esmera, desde ya siglos en obviar este asunto, presentando los reinos de Indias como colonias, pero lo cierto es que las leyes siempre hablaron de “Provincias”, “Reinos”, “Señoríos”, “Repúblicas”, “Imperios” o “Territorios de Islas y Tierra Firme” incorporados a la Corona de Castilla, que no podían enajenarse. Así, en el libro tercero, título primero, ley primera de la Recopilación de Leyes de Indias puede leerse:

“El Emperador Don Carlos, en Barcelona, á 14 de Septiembre de 1519. El mismo, y la Reina Doña Juana, en Valladolid á 9 de Julio de 1520. En Pamplona, á 22 de Octubre de 1523. Y el mismo Emperador, y el Príncipe Gobernador, en Monzón de Aragón á 7 de Diciembre de 1547. Don Felipe II, en Madrid, á 18 de Julio de 1563. Don Carlos II, y la Reina Goberdadora, en esta Recopilación. Que las Indias Occidentales estén siempre reunidas á la Corona de Castilla, y no se puedan enajenar.”

“Y mandamos que en ningún tiempo puedan ser separadas por nuestra real corona de Castilla, desunidas ni divididas en todo o en parte ni a favor de ninguna persona. Y considerando la fidelidad de nuestros vasallos y los trabajos que los descubridores y pobladores pasaron en su descubrimiento y población, para que tengan mayor certeza y confianza de que siempre estarán y permanecerán unidas a nuestra real corona, prometemos y damos nuestra fe y palabra real por Nos y los reyes nuestros sucesores de que para siempre jamás no serán enajenadas ni apartadas en todo o en parte sus ciudades ni poblaciones por ninguna causa o razón a favor de ninguna persona; y si Nos o nuestros sucesores hiciéramos alguna donación contra lo susodicho, sea nula y por tal la declaramos.”
Ese principio humanista que se refleja desde los primeros momentos del descubrimiento implicaba el reconocimiento de la igualdad que la Corona aplicaría en todo su imperio; aspecto que es reconocido por la Academia de la Historia de la República Argentina cuando señala que “el principio de la incorporación de estas Provincias implicaba el de la igualdad legal entre Castilla e Indias, amplio concepto que abarca la jerarquía y dignidad de sus instituciones, por ejemplo, la igualdad de los Consejos de Castilla y de Indias, como el reconocimiento de iguales derechos a sus naturales y la potestad legislativa de las autoridades de Indias, que crearon el nuevo Derecho Indiano, imagen fiel de las necesidades territoriales.”
Idea que es reconocida por otros estudiosos del derecho hispánico, quienes como Héctor Gros Espiell, nos señalan que “La tradición jurídica española en lo que se refiere a los derechos humanos, fruto de un proceso que afirmó en la península ibérica, quizá antes que en otros estados europeos, las ideas de libertad e igualdad y aseguró su reconocimiento y protección jurídicos y que luego, en el momento del descubrimiento, reiteró y universalizó estos conceptos aplicándolos a la nueva situación, por obra, en especial, de los grandes teólogos católicos del siglo XVI, formó la base del pensamiento americano, fundado siempre en la afirmación teórica de la igualdad esencial de todos los seres humanos, sin distinción de origen, raza o color, en la libertad consustancial con la naturaleza del hombre y en la necesidad de procedimientos y garantías adecuados para la protección de estos derechos inalienables.”

Texto completo en: http://www.cesareojarabo.es/2018/03/america-parte-sustancial-de-la-patria_30.html

2 comentarios :

josepepe dijo...

Y Felipe 2 seguía autorizando la importación de esclavos negros para trabajos bajos, solo por llevarte la contraria y recomendarte q leas un poco mássss

Unknown dijo...

Gracias por la recomendación, que le aseguro, sigo al pie de la letra. Y no sólo durante Felipe II, sino hasta bien avanzado el siglo XIX, siguieron introduciéndose esclavos. Estudio que, en breve, abordaré también en esta bitácora.

 
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