martes, 27 de marzo de 2018

EL EJÉRCITO EN LAS ANTILLAS Y FILIPINAS DURANTE EL SIGLO XIX (VI)


De toda esa actuación se puede inferir una descoordinación sin límites, y sobre todo una absoluta falta de política al servicio de los intereses nacionales. ¿Eran los conservadores los principales enemigos de los intereses nacionales? Puede inferirse que sí, pero a renglón seguido podemos inferir que los principales enemigos eran los liberales. Unos y otros, por acción y por omisión, de forma alternativa, fueron los causantes de la situación.



El único error en las apreciaciones de Damián Isern parece estribar en identificar el movimiento separatista con “la causa de los insulares”, porque insulares eran los patriotas que luchaban contra los separatistas. Insulares eran gran parte de los mandos y aún más de la tropa.

Sin lugar a dudas, el mando adolecía de honestidad y de patriotismo, y ello no es una deducción alegre, sino la constatación de multiplicidad de hechos llevados a cabo por elementos que, debiendo servir a España, hacían lo contrario; a título de ejemplo podemos señalar la actuación del general Calleja, que no contento con colaborar con los enemigos de la Patria, perseguía a quienes denunciaban la actividad de los separatistas. Y esa actividad la llevaba a cabo de forma pública y notoria, hasta el extremo que era jaleado por los mismos separatistas, que gozaban de la mayor protección y libertad, siendo que el general Calleja, cuyo retrato publicó un periódico separatista, y escribió de él una semblanza llena de los mayores elogios. (Soldevilla 1897: 291)

Sin embargo, esa falta de dirección honesta y patriótica es la que propició actos indeseados por parte de quienes luchaban de forma honesta y patriótica. Las logias serían las encargadas de organizar las acciones injustas que se achacaron a los miembros del Casino de La Habana, y que fueron motivadas por la acción reiteradamente injusta y antipatriótica llevada a cabo por el alto mando en Cuba que, como en el caso de Dulce, favorecían el crecimiento del activismo antiespañol.

Un activismo antiespañol que los agentes anglo-usenses estaban llevando a cabo en todos los órdenes de la vida, empezando por el sistema educativo, que controlaban sin que las autoridades hiciesen nada por evitarlo, y acabando, no ya por un reforzamiento, sino tan sólo por el mantenimiento operativo de los medios de defensa, que permanecían obsoletos a pesar de las múltiples señales de enemistad emanadas desde los Estados Unidos, a lo que se añadía las noticias fidedignas en relación a su modernización armamentística.

¿Cuál era el origen de esa despreocupación y abandono de las necesarias prevenciones para la autodefensa?

¿Se pensó por alguien en la posibilidad, tan cierta por desgracia, de que en la guerra con los Estados Unidos, anunciada por multitud de señales evidentes, según se hizo constar a su hora, el Ejército de Cuba no pudiera recibir auxilios de la metrópoli, y hubiese de bastarse a si mismo para la defensa del honor y de la integridad de la patria? No se pensó en nada de esto, ni nadie puede extrañarlo, puesto que, como se ha indicado ya, en Cuba la imprevisión de los elementos directores del Ejército llegó al extremo de que la Administración militar inutilizara millares de raciones por inservibles en los instantes mismos en que millares de soldados perecían de anemia o morían rápidamente de hambre…/… por todo esto no se han exigido responsabilidades a nadie, como si nadie fuera autor de los hechos y de las omisiones que todo esto produjeron, y que tantas vidas segaron en flor. (Isern 1899: 279)

Contrariamente a esta afirmación de Damián Isern, todo señala que tanto los mandos políticos como los mandos militares eran conscientes de la situación. Es inconcebible que alguien pudiese estar tan ciego que no viese esa realidad, y todo ello, unido a la recurrente cuestión del submarino y al inconcebible bloqueo del proyecto, nos lleva a la conclusión de que se estaba urdiendo la gran traición a la Patria. Nada nuevo a estas alturas del siglo XIX.

¿Cómo puede entenderse, si no es mediando la meditada traición que a la hora de iniciarse la guerra con los Estados Unidos no hubiese tan siquiera fusiles ni munición para armar a los voluntarios?, ¿cómo se entiende que, no ya en circunstancias normales, sino encarando una más que evidente guerra, el gobierno ejerciese acciones proactivas para dejar mínimamente armados a los defensores? Es difícil explicar cómo es posible que en pleno año 1898

Sólo había en la capital de la isla 20 cartuchos remington por voluntario y 2.000 fusiles para 40.000 hombres, y por órdenes del Ministerio de la Guerra, no se entraron en Cuba 50.000 fusiles y muchísimas toneladas de pólvora, adquiridas en el extranjero por el citado general y por los jefes de Estado Mayor señores González Gelpi y Serrano. (Isern 1899: 284)

Si este hecho resulta incomprensible, lo son todavía más las estadísticas que al respecto se formularon una vez derrotada España:

Desde que principió la campaña de Cuba se han remitido 172.000 fusiles, 10.000 carabinas y 72 millones de cartuchos sistema Mauser español. Por este armamento y municiones se ha satisfecho a dichas casas extranjeras la enorme suma de 36.200.000 pesetas, calculando los cambios en 30 por 100 como promedio.
En estos 30.200.000 pesetas no está incluido lo gastado en armas y municiones para Filipinas y Puerto Rico. (Soldevilla 1898: 441)

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