lunes, 12 de marzo de 2018

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUBMARINO (VI)

El secreto ya no era tal, con todos sus inconvenientes y con la única ventaja de no poder paralizado sin una alarma social… de momento. Y es que la noticia de la invención del submarino corrió como la pólvora y enardeció el espíritu nacional.

El submarino, presentado por Peral en este ambiente, era para la  Marina y para el Ejército una emoción, una sacudida, un despertar a posibilidades patrióticas; una exaltación ante el juicio del país, sobre los políticos, sobre los bufetes de los abogados, que al amparo de Cánovas y Sagasta, que no ejercían ninguna profesión sino la de políticos, que entonces no tenía más ingreso legal que la cesantía (7.500 pesetas anuales, con 10 por 100 de descuento) o el sueldo de ministro, se habían adueñado de la gobernación del Estado. (Pérez 193-: 49-50)

En octubre de 1886 Beránger dimitió como ministro, pero dejó blindado el Programa Naval para que nadie pueda cambiarlo. Sin embargo, forzado por las circunstancias, dejó desbloqueado el proyecto del submarino, con lo que finalmente se cumplió lo estipulado por Real Decreto de 16 de diciembre del año anterior relativo a que el asunto debía pasar al Centro Técnico de la Armada, que a la vista de las pruebas preliminares emitió informe favorable dejando expedito el camino para la construcción de la nave.

Pero ya no había secreto en tema tan delicado. Ya se veía la traición. Sin embargo, la opinión del momento, se cuidaba muy mucho de llamar a las cosas por su nombre. Incluso, medio siglo después se decía:

No hay que hablar de traición deliberada, de soborno o corrupción infame. Acaso esto fuera lo más triste. Se concibe en la maldad humana que haya en un país unos cuantos traidores y unos cuantos hombres venales para los que no sea sino cuestión de cuantía de precio entregar los secretos militares que constituyen la defensa de su país. (Pérez 193-: 40)

Con la sustitución de Beránger, y la asunción de Rafael Rodríguez Arias, si bien la Armada en su conjunto continuaba “desarmada”, el proyecto del submarino iba a conocer un nuevo impulso mediante una Real Orden de 4 de octubre de 1886. El nuevo ministro, contralmirante Rodríguez Arias, conocía bien los trabajos de Peral. No obstante, por encima del ministro estaba el presidente del gobierno, Sagasta, de la misma escuela de Beránger, que sería quién marcase el contrapunto a las buenas intenciones del nuevo ministro.

Finalmente, el cuatro de febrero de 1887  el nuevo Ministro de Marina autorizaba la construcción del navío, cuyo costo era de 295.500 pesetas, y el 18 de marzo fueron presentados los proyectos.

En ese momento comienza una frenética actividad de Peral, que  recoge componentes para su construcción en Francia, Alemania, Inglaterra y Bélgica, donde compra las baterías. Estando en la Comisión de Marina en Londres, fue informado que “el mercader de la muerte”, Zaharoff, agente de Nordenfelt, deseaba entrevistarlo y enseñarle su torpedero. Peral comentó que si viese dicho torpedero se sentiría él obligado a comentar desarrollos hechos por él a lo que le comentaron que no pasaba nada ya que en el Ministerio (de Marina) ya le habían enseñado los planos y memoria que él entrego para su examen. El supuesto de alta traición que venimos señalando quedaba manifiesto ante los ojos del primer traicionado, Peral, el inventor del submarino.

Comenzaba la pasión particular de Isaac Peral que, no obstante, llevaba una actividad frenética que si es comprensible para un invento de las características del submarino, se veía forzosamente incrementada por la dependencia industrial en que se encontraba España.

El problema pues, es que si ya era dudoso que los astilleros españoles pudieran realizar esa enorme construcción ensamblando componentes importados, era aún menos esperable que las demás potencias, y entre ellas especialmente Gran Bretaña, suministraran por sí mismas esos materiales, o permitiesen a terceros el que lo hiciesen. (Rodríguez 2007: 205)

No obstante, si el necesario secreto hubiese sido mantenido, si España hubiese estado gobernada por españoles, esos inconvenientes, forzosamente hubiesen sido solventados, en principio, con la adquisición de esos materiales, para finalizar con un desarrollo industrial acorde que hubiese puesto a España, otra vez, en situación de hacer escuchar su voz en el mundo.

Pero lo que los políticos deseaban (y expresaban), es que el proyecto fuese un fracaso. Tal vez por ello las pruebas del submarino se realizaron sin presencia gubernamental, a pesar de que las mismas pruebas, fuesen seguidas ávidamente por multitudes que, a falta de representación gubernamental, estaban trufadas de otros espías.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/enemigos-de-espana-gobernando-espana-el_10.html

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