jueves, 22 de marzo de 2018

España bajo el Islam (19)

 


Reunificado el reino, Hixam se dedicó a una vida más pacífica. Daba limosnas para que fuesen repartidas en las mezquitas, y a lo que parece no le faltaba cierto punto de justiciero.


En cualquiera de los casos, en los textos musulmanes se repite algo que en Hixam es referido como muestra de su bondad: Impuso una multa (que luego levantó), “por haber soltado un perro en lugar en que se producían molestias a los musulmanes”.

Aquí hay varios asuntos a tener en cuenta; primero, el perro es un animal inmundo en el Islam, que sólo puede tenerse como animal de custodia, y segundo y más importante de destacar: “producían molestia a los musulmanes”.

En cuanto a la persecución de lo español, hay autores que afirman que puso en Córdoba y en otras ciudades españolas enseñanza de la lengua arábiga, y obligaba a los cristianos a que no hablasen otra ni escribiesen en lengua latina,  si bien parece que esta afirmación no es cierta, al parecer de otros historiadores. Lo que sí es cierto es que en el siglo VIII, y en el seno de la España dominada, floreció un número importante de pensadores, gramáticos, poetas, literatos, médicos, astrónomos… y mártires, todos españoles, que superaban a los invasores incluso en la versificación en lengua árabe.

Sea como fuere, la emigración al norte continuaba a buen ritmo, y Asturias se había convertido en un foco peligroso para los invasores, que absorbidos por necesidades internas habían dejado para segundo término la represión de los levantiscos españoles. En el último decenio del siglo intentaron estrangular el foco rebelde. Los españoles fueron vencidos en diversas batallas y combates, vieron arrasados sus campos y destruidos sus poblados, fue saqueada su nueva capital, su rey estuvo a punto de caer cautivo y hubo de acogerse a las asperezas de los Picos de Europa. Pero los musulmanes nunca más se atrevieron a entrar en Asturias.

Hixam I, victorioso en las luchas sucesorias de Córdoba, se embarcaba en la misión de acabar con el reino de Asturias, al que hasta la fecha no se le había hecho mucho caso. Hixam no dudaba de la insignificancia de la resistencia por lo menudo del terreno que no representaba nada en relación al territorio dominado por el Islam, que podía permitirse el lujo de enviar cuantas aceifas quisiera, sin mucho esfuerzo por parte de los atacantes y con gran desgaste por parte de los resistentes. Sería una misión molesta, pero no demasiado larga… En esta misión envíó un ejército mandado por Ubayd Allah ben Uthman, que alcanzó la Bureba, por el Ebro, y otro, dirigido a la parte occidental del reino, mandado por Yusuf ben Bujt. El primero invadió Álava y Bardulia, y el otro marchó hacia Galicia y retrocedió hasta Astorga. Bermudo le hizo frente en Villafranca del Bierzo, pero fue derrotado en el río Burbia, en Astorga, en 791. Eso le obligó a abdicar del trono, otorgándoselo a Alfonso II “el casto”.

Con Bermudo acababa una mácula en la Reconquista. Era el último de los cuatro reyes que desde 768 conformaba una etapa oscura y de regresión del reino de Asturias, cuyos reyes (Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo) son conocidos por algunos historiadores como “reyes holgazanes”.
Alfonso II el Casto llegaba con ganas de cumplir su cometido y sería la antítesis de sus cuatro predecesores.

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