jueves, 8 de marzo de 2018

Fernando VII, deseado y felón (8)

Pero el espíritu del liberalismo impregnaba profundamente a quienes ostentaban el poder, por lo que no dudaron en presentarse ante el pueblo como lo que no eran, y es que, como señala Carlos Marx,
Entre los españoles, para vencer, la propia revolución hubo de presentarse como pretendiente al trono. La lucha entre los dos regímenes sociales hubo de tomar la forma de pugna de intereses dinásticos opuestos.../… Fue precisamente Fernando VII quien proporcionó al partido revolucionario y a la revolución un lema monárquico, el nombre de Isabel, en tanto que legaba a la contrarrevolución a su hermano don Carlos. (Marx 1854)

Pero había algo más… los liberales victoriosos precisaban ver reconocida su nueva situación con algo más; así, el 22 de marzo de 1833 de produce una ampliación del decreto de amnistía por el que se conceden sueldos a los que se habían exiliado, y se les habilita para ocupar los puestos a que hubiere lugar.

El mentado decreto de amnistía señala:
Artículo 2º: Los que al tiempo de su emigración llevaban 15 años de servicio, acreditados en la forma determinada para las respectivas carreras, serán reintegrados en el uso de los respectivos uniformes militares o civiles, distintivos, y fueros que entonces les corresponderían por retiro o jubilación de los empleos legítimos que hubieren obtenido, o que Yo hubiese revalidado. (Anónimo 1839: 202)

Art. 13. Son también comprendidos en el mismo Real Decreto de Amnistía los que hubiesen tomado parte en la insurrección de América, y los que después de haber permanecido en los países insurreccionados, se hallasen restituidos á su patria al publicarse dicho Real Decreto: para quienes serán aplicables, según sus respectivos casos y particulares circunstancias, las disposiciones del presente Decreto. (Anónimo 1839: 204)

Fernando VII sellaba con estos decretos, no ya su dependencia, que caso de haber sobrevivido, probablemente hubiese acabado alterándolos cuando le hubiese resultado conveniente, sino la dependencia de su sucesora.

El 20 de junio de 1833, se produce la jura de Isabel II en el Real Monasterio de San Jerónimo de Madrid. Contaba tres años de edad.

El 29 de septiembre de 1833 fallecía Fernando VII y, en nombre de Isabel II, la reina María Cristina ocupaba la regencia, en la que permanecería hasta 1840 en que es mandada al exilio por Espartero.

A partir de este momento vuelven del exilio los responsables del trienio liberal: Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa (conocido como Rosita la pastelera)… y de inmediato, en 1834, los frailes fueron acusados de haber envenenado las aguas, lo que provocó una epidemia de cólera, y este fue el argumento para llevar a cabo una feroz persecución religiosa que se llevó por delante a toda una comunidad, excepción hecha del padre Muñoz, cuñado de la reina, a quién le es respetada la vida. Otros conventos no conocieron supervivientes; sus miembros eran asesinados a la vista de las fuerzas del orden. Los desórdenes, según escribe Martínez de la Rosa se cobraron la vida de 300 víctimas. Los desórdenes se extendieron a Zaragoza, donde un fraile renegado, Crisóstomo de Caspe, destacó por su sadismo en medio de la inmunidad y sería fusilado posteriormente por los carlistas; a Murcia; a Reus, donde quemaron todos los templos; a Barcelona, donde hacen lo mismo; a Valencia… Se crean juntas independientes en Cataluña, Valencia, Zaragoza, Andalucía… cuya primera misión es exterminar a los religiosos y crear constantes desmanes. La descomposición de lo que quedaba de España.

Desde este momento, casi sesenta gobiernos se sucederán velozmente en el poder. Pueden distinguirse distintos períodos según la tendencia política que presidiera el gobierno: período liberal (1833-36), regencia de Espartero (1840-43), transición (1843-1844) a la década moderada (1844-54), bienio progresista (1854-56), reacción moderada (1856-58), gobierno de la Unión Liberal (1858-64) y el cuatrienio final de tendencia ecléctica. El último gobierno del reinado, presidido por el ultra conservador González Bravo, representó la reacción autoritaria que desencadenó la Revolución de 1868 y la crisis final de la monarquía.

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