domingo, 25 de marzo de 2018

La caída del Imperio Romano (15)

San Leandro y San Isidoro eran hermanos y en ellos confluía la herencia visigoda de su madre y la hispano romana de su padre. San Leandro, que en Constantinopla se hizo amigo del que posteriormente sería San Gregorio Magno, tuvo parte en la conversión de San Hermenegildo. También tuvo que ver en la demanda de ayuda que San Hermenegildo hizo a Constantinopla. Este hecho estuvo a punto de costarle la cabeza, pero Leovigildo se limitó a desterrarlo de Sevilla, si bien al final le levantó la sanción y le encargó la atención de su hijo Recaredo. San Leandro murió en 596, y le sucedió en la sede apostólica su hermano San Isidoro, que volcó toda su sabiduría en conformar la unión hispano romana – visigoda dentro del concepto de romanidad. Moría en 634.



San Isidoro desarrolló la conformación cultural de España, desarrollando escuelas en los principales núcleos de población. Gran estudioso, dotó de reglas a los monasterios y abordó su obra magna: Las etimologías, recogiendo todos los conocimientos humanos. Su obra fue esencial en la Edad Media, habiendo implantado en España un nivel cultural que contrastaba con la barbarie europea.

El IV Concilio de Toledo impone una sentencia digna de ser hoy recordada: “En cuanto a los reyes de las edades futuras, promulgamos en toda verdad esta sentencia: Si alguno de ellos, con menosprecio de las leyes, con orgulloso despotismo, cegado por el fausto real, hace pesar sobre los pueblos una dominación cruel, para saciar su ambición, su avaricia o sus apetitos, sea anatemizado en nombre de Jesucristo, sea separado de Dios por su santo juicio”.

En la práctica, el concilio era una asamblea legislativa en la que el ejecutivo no tenía más voz que la presentación del Concilio, a cuyas resoluciones debía someterse.

En 636 subió al trono Chintila, en cuyo reinado, que duró tres años, se convocaron dos nuevos concilios en Toledo que siguieron conformando la estructura de la monarquía. En  ellos se regulaba por primera vez la sucesión al trono, cuyo titular debía ser de la alta nobleza visigoda, y se marcaban nuevas normas contra los hebreos.

A su muerte, en 640, le sucedió su hijo Tulga, de carácter muy débil, del que dado su carácter y de su inexperiencia, los funcionarios de las provincias abusaban para oprimir los pueblos . Fue depuesto a los tres años de haber sido nombrado rey, obligándolo a tonsurarse , con lo que, de conformidad con los concilios V y VI, quedaba inhabilitado para corona, que fue asumida por Chindasvinto, que contaba ochenta años, el año 642 ,  y que acabó ejecutando a 700 nobles que previamente le habían apoyado en la conjura que costó el cargo a Chintila, amén de los allegados de Tulga. La  eliminación física y la sustitución de estos nobles por desterrados de Constantinopla (como Ardabasto) produjo un importante exilio que abonaba, en el norte de África, el ánimo de los futuros invasores, al tiempo que quedaba debilitado el sentimiento de unicidad del reino, lo que llevaría a efecto levantamientos secesionistas en tiempos de Wamba.

Hizo lo que ningún otro rey había hecho: ordenar obispos a su gusto, con lo que ocasionó no pequeños conflictos. Convocó el VII Concilio de Toledo en 646, en el que presionó a los concurrentes para que dictasen leyes conforme al parecer del rey, y que le permitían perseguir a sus enemigos.

Desarrolló el cuerpo legal de la monarquía, enmendando leyes antiguas (el código de Eurico) en concreto el relativo al castigo de la traición y la sedición , pero también otras como las “arras y dote”.

En cuanto a la sodomía, Chindasvinto estableció una ley que condenaba al reo del delito de sodomía a la pena de castración; ley que se recrudeció en tiempos de Egica.

Murió (se dijo que envenenado) en 652, pero en 649 asoció al reino a su hijo Recesvinto, que tenía educación romana y que aportó un nuevo cuerpo de leyes. Recopiló leyes antiguas en el “Liber Iudiciorum”, que seguiría vigente tres siglos después como “Fuero Juzgo”, y realizó la definitiva fusión jurídica del pueblo godo e hispano-romano, que no obstante la buena voluntad de la monarquía no fue debidamente adoptada por los destinatarios, que seguían viendo en la aristocracia visigoda cierta tiranía que no podía ser asumida por el pueblo hispano romano que se consideraba superior intelectual y culturalmente a quienes ejercían el poder real.

A pesar de los defectos de estilo y de forma naturales y casi indispensables en la época de su redacción, apenas se hallará ya quien dude haber sido el Fuero Juzgo el código legislativo más ordenado, más completo, más moral y más filosófico de cuantos en aquella edad se formaron, y muy superior a todos los códigos llamados bárbaros, como era superior la sociedad hispano-goda a todas las que nacieron de los pueblos septentrionales.  Un hecho importante es la inexistencia de dependencia señorial, como existió en el feudalismo europeo. En España los siervos podían cambiar de señor, siempre que devolvieran al patrono lo que de él hubieran recibido, y al siervo no se le podía matar ni mutilar, y se respetaban los derechos que habían sido aceptados . Determinaba la igualdad ante la ley; la intromisión de algún poderoso era causa para que el fallo favoreciese a la parte contraria; la protección de la familia, de la agricultura, el derecho de propiedad estaban fuertemente asentados en el Fuero Juzgo… No obstante, quedó evidenciado que algo fallaba cuando para deponer a un rey tirano era necesario asesinarlo.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/09/la-caida-del-imperio-romano-texto.html

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