sábado, 21 de abril de 2018

1898, LA GUERRA EN FILIPINAS (2)

Y en efecto lo era. El 19 de noviembre de 1896 crecía la insurrección, en esta ocasión en Cavite, donde exceptuando los núcleos importantes de población de Caridad y de San Roque, todo el territorio estaba en poder de los insurgentes.

Ante esta situación, el Gobierno de Madrid sustituyó al mando de Filipinas y lo entregó al General Camilo García de Polavieja, que tomó posesión en los primeros días de diciembre.

El 3 de diciembre de 1896 el general Polavieja llega a Manila para inmediatamente hacerse cargo del mando en sustitución del desprestigiado Ramón Blanco. Desde el primer momento se propondrá desarticular la rebelión mediante el uso del ejército, logrando importantes éxitos en Nueva Écija, La Laguna. Batangas. Zambales y Bataan y, sobre todo, en Cavite. (Togores 2006: 572)

El 4 de diciembre Camilo Polavieja sustituye a Blanco en el mando de Filipinas, y parece que, bajo su mando, puede llegarse al control de la situación.

Las operaciones victoriosas siempre, preciso es consignarlo, llevadas á cabo durante el mando y la dirección suprema del general Palavieja, operaciones que dieron por resultado la toma de Siltmg, de Noveleta y de Imus, constituyen casi el único cuadro consolador en medio de las terribles amarguras que precedieron y fueron como forma sustancial del desastre. (Isern 1899: 297)

Pero el mal era generalizado. El 11 de enero de 1897 se sublevaron en las Marianas algunos confinados, que fueron reducidos y diezmados. Mientras, en Manila, voluntarios visayos gritaban con entusiasmo:

¡Vivan las Filipinas por España! ¡Mueran los tagalos insurrectos!

Paralelamente, en Luzón se alistaban 3000 indígenas voluntarios.
Los éxitos iniciales de Polavieja parecían señalar la reconducción del conflicto, sobre todo para aquellos que estaban gestando el final que inexorablemente debía llegar. Lo que convenía era controlar al pueblo, y por ello, con mucha frecuencia anunciaba el gobierno el inminente final de las sublevaciones en Curso: Cuba y Filipinas, siendo que en este caso, puso incluso fecha: el 12 de abril de 1897 anunció el gobierno que la situación estaba totalmente controlada, y todo como consecuencia del resultado de la sublevación de Joló de nueve de abril que el nuevo Capitán General, Fernando Primo de Rivera, que tomó posesión el 23 de abril, cortó con seis fusilamientos.
El gobierno envió a Filipinas para sofocar la insurrección 15 Batallones de Cazadores expedicionarios; así en 1898 las fuerzas totales destacadas alcanzaron los 43.656 hombres, con las que tenían controlado el territorio.
Y nada más… y es que, en Filipinas

Nada se había previsto para la guerra internacional, toda vez que en ellas o en sus aguas no había fortalezas, buques de combate, torpedos, cañones modernos, ni cosa que a éstas se parezcan. Tampoco había en la isla de Luzón fuerzas militares españolas, cuando estalló la penúltima insurrecci6n contra la soberanía de España. (Isern 1899: 295)

Y sin embargo, el gobierno era plenamente consciente de la situación; tan es así que

El 3 de septiembre de 1897 el Ministro de Ultramar ordenaba al Capitán General de Filipinas que tomase medidas ante una posible guerra con los Estados Unidos. El 20 de enero de 1898 el agregado naval español en Washington informaba que, en caso de guerra, las Filipinas serian la primera posesión española atacada por el ejército norteamericano. (Togores 2006: 574)

Con ese comunicado, parece que el gobierno se liberaba de responsabilidades, ya que había puesto al tanto del asunto al capitán general… pero no hizo nada más.
Como tampoco hizo nada más el nuevo capitán general, que mostró más interés en salir airoso de la sublevación de Joló que en buscar y exigir soluciones ante el aviso del ministro de Ultramar.

Texto completo
http://www.cesareojarabo.es/2018/04/1898-la-guerra-en-filipinas-texto.html

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