miércoles, 25 de abril de 2018

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (VII)



El nuevo capitán general de Cuba, Antonio Caballero de Rodas,  demostró orgullo nacional y a la orden recibida respondió diciendo:



Mi estimado general y amigo: Cuando los gobiernos no amparan a las individualidades ni a las colectividades, no les queda a estas más recurso que tomarse la justicia por su mano con la pluma, con un garrote o con un fusil. Estaba reservado a España el espectáculo de mantener una guerra a 1.600 leguas de distancia y que en su misma capital, al lado del gobierno y a su ciencia y paciencia existiera el foco principal de esa insurrección; y de que no sólo existiera sino que se lo dejara manifestarse en las Cortes, en la prensa, y en todas partes. Afortunadamente, los españoles de aquí no hemos degenerado, como por lo visto sucede a los de esa; y mientras haya uno solo que pueda mantener enhiesta la bandera de Castilla, Cuba será española por encima de ese gobierno y de todo el mundo.  (Pirala 1895: 807)

Sería su sentencia de muerte administrativa. El 12 de diciembre de 1870 Blas Villate, conde de Valmaseda, que hasta la fecha mandaba las tropas de Oriente y en 1867 detentó provisionalmente la Capitanía General, sería nombrado capitán general de Cuba en sustitución de Caballero de Rodas. Con él se intensificarán las operaciones militares.

Pero entre sus medidas adoptó una ciertamente controvertida relacionada con la Universidad…El 10 de octubre de 1871 dictó un decreto por el que suprimía los doctorados en Derecho, Medicina y Farmacia, que habrían de cursarse en España. En adelante, en la Universidad de La Habana solo se otorgarían títulos de Doctor en Teología.

Ciertamente, hacía mucho tiempo que la Universidad se había convertido en un nido de separatistas donde se formaban los nuevos agentes británicos, pero no era sólo la Universidad, ya que la educación en las escuelas se había abandonado en manos de enemigos de la Patria. Así lo denunciaba en Diario de Barcelona una persona que había regresado:

Lejos de enseñársele que es español (al alumno cubano), se le pinta a los españoles como advenedizos que vienen a oprimirle, suplantarle y desheredarle. El niño crece oyendo motes groseros contra sus compatriotas europeos y canarios, y recibiendo pérfidos consejos y más pérfida instrucción de historia patria y americana. El odio, la antipatía y, cuando menos, el recelo, se arraigan en su corazón de niño, y cuando es adulto, hombre, si su carrera, su trato, sus viajes, sus negocios y su clara razón no destruyen aquella noción errada de su ciudadanía, vive, envejece y muere creyendo no tener más patria que su provincia, y por lo tanto, sin amor á sus parientes peninsulares, sus padres inclusive.

Siendo así, no parece que cerrando la Universidad consiguiese grandes logros para España.

Así los veían los propios agentes anglo usenses. Muestra de ello es que, en 1892, Máximo Gómez valoró de esta manera el papel del Conde de Valmaseda en su relato El viejo Eduá:

Valmaseda, a mi juicio, no nos hizo daño en cierto sentido. Ayudó al afianzamiento de la idea. A lo verdaderamente definitivo de la Revolución, el diente por diente de las revoluciones que son buenas porque son implacables con sus enemigos; de otro modo, es decir, cuando demasiado sensibles y generosos, los pueblos no les cantan himnos como la Marsellesa ni les levantan altares como la guillotina. Entonces tal parece que los pueblos no tienen plena conciencia de sus derechos y anda escasa en ellos la dignidad. (Arrozarena 2012: 35)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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