sábado, 14 de abril de 2018

El Tratado de Utrecht (1)

EL TRATADO DE UTRECHT


El Tratado de Utrecht se llevó a efecto sin el concurso de España, y gracias a que Inglaterra se cuestionaba el precio económico que le reportaba el mantenimiento de la guerra, mientras Francia también se encontraba agotada económicamente y había retirado sus ejércitos de España.



Para rematar la cuestión se había producido la entrada del archiduque en Madrid y su posterior derrota por parte de Vendome, en Brihuega sobre Stanhope, lo que comportó la toma de nueve mil prisioneros ingleses.

Con estos preámbulos, y asegurándose Inglaterra el predominio comercial a costa de España, Francia e Inglaterra iniciaron conversaciones secretas a principios de 1711 para sellar la paz en España. Algo que, con el fallecimiento del emperador José I, ocurrido el 17 de abril, tomó decididamente cuerpo, ya que el heredero de José I era su hermano, el archiduque Carlos. Inglaterra no permitiría que la corona austriaca y la española recayesen en la misma persona.

Los acuerdos previos de la paz de Utrecht fueron firmados en Londres el 7 de Octubre de 1711, pero el secreto de las conversaciones se mantuvo hasta entonces, cuando Inglaterra comunicó a Holanda la existencia de los mismos, lo que ocasionó gran disgusto a los holandeses, que observaron cómo en enero de 1712 daban comienzo las conversaciones, en Utrecht, a las que se unirían en el verano de ese mismo año.

A la farsa de Utrecht, que abrió sus puertas el 29 de Enero de 1712, asistieron representantes de Holanda, Prusia, Rusia, Saboya, Venecia, Toscana, Parma, Módena, Suiza, Roma, Lorena, Hannover, Neuburg, Luneburg, Hesse-Cassel, Darmstadt, Polonia, Baviera, Munster…, siendo los representantes españoles Isidro Casado de Acevedo, marqués de Monteleón y Jean de Brouchoven, conde de Bergueick, que se presentaron en la conferencia sin haber sido invitados, y con tan sólo la promesa por parte de Luis XIV de que “así que se abran las conferencias haré yo las instancias necesarias para que sean admitidos á ellas.”  

Al respecto, señala José Calvo Poyato que “los representantes enviados por Felipe V: el duque de Osuna, el marqués de Monteleón y el marqués de Bergeyck fueron poco más que convidados de piedra y que tuvieron muy poco margen de maniobra.
Se llegó incluso a la situación ignominiosa de que Luis XIV ordenó retenerlos en Paris durante varios meses, impidiéndoles llegar a Utrecht a tiempo de intervenir en las negociaciones y poder participar en los acuerdos. Cuando los plenipotenciarios españoles aparecieron por la ciudad holandesa era ya el mes de marzo de 1713, en vísperas de la firma y cuando todo estaba negociado. Los acuerdos alcanzados en su ausencia les fueron presentados como algo cerrado e imposible de someter a revisión.
Se vieron, pues, obligados a asumir los acuerdos a que ya habían llegado los franceses con holandeses y británicos sin haber podido hacer oír su voz, aunque mucho de lo acordado afectaba de una manera directa a los intereses de España. Solamente hubo un aspecto, como veremos más adelante, en el que Felipe V se mantuvo inflexible.
Fue en todo lo referente al llamado «caso de los catalanes». El monarca español lo consideró como un asunto interno y no admitió la menor injerencia, pese a las fuertes presiones que ejercieron los representantes de Gran Bretaña y Holanda.”

Al compás de las conversaciones, señala José Calvo Poyato que los ingleses “retiraron los importantes subsidios con que apoyaban a las tropas imperiales y daban instrucciones al duque de Ormond, que había sustituido a Marlborough al frente de sus tropas, para que sus ejércitos evitasen los enfrentamientos con los soldados borbónicos.”

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