lunes, 16 de abril de 2018

Intereses europeos en las guerras carlistas (5)

Con la Regencia de Espartero, iniciada el 9 de mayo de 1841, se vio reforzada más si cabe la influencia inglesa en Madrid; algo que directamente llevaba implícita la pérdida de la influencia francesa, como contrapartida a la acogida que Luis Felipe había brindado a Maria Cristina y a Cea Bermúdez, exiliados en Francia.



Desde el primer momento de hacerse cargo Espartero de la Regencia provisional, el apoyo británico se hizo cada vez más patente y público. Por su parte, el gobierno español procuró, en todo momento, tener perfectamente informado al representante español en Londres, para que éste comunicase al gabinete británico las decisiones de gobierno del Regente. (Armario 1984: 148)

Es de destacar el aumento, dentro de lo posible, de la importancia que tomó el embajador británico en Madrid, Sir Arthur Aston, que mantenía comunicación directa con el Regente, consultándose en todo momento los asuntos que ocurrían en España. (Armario 1984: 149)

Como contrapartida,

El gobierno británico apoyaba la gestión del Regente Espartero, a la vez que Sir Arthur Aston le aconsejaba en aquellos asuntos de difícil decisión, llegándose a convertir el embajador británico en un auténtico consejero privado del Regente. A su vez, el ministro de Estado español encargaba la inserción de artículos a favor de la situación española, en los periódicos oficiales de Londres el «Times» y el «Morning Chronicle», con el visto bueno del gabinete británico. (Armario 1984: 149)

Una dependencia que podemos calificar sin rubor como propia de una colonia.

Y como colonia, de Inglaterra se importaba todo: algodón, lacre, papel, normas de actuación, reglamentos…

Nuevamente, el 5 de febrero de 1842, el ministro de Estado, don Antonio González, solicitó a don Vicente Sancho que procurase enviar a España los reglamentos, ordenanzas o leyes publicadas en Inglaterra sobre su sistema sanitario, ya que en España había una Junta con el objeto de hacer un proyecto de ley de Sanidad y de Higiene Pública. El representante español lo solicitó del ministro de Negocios Extranjeros, el conde Aberdeen, el cual le envió el 26 de marzo, un volumen impreso que contenía el Acta del Parlamento de 1825 y las órdenes del Consejo, determinando el modo de hacer la cuarentena en Inglaterra; además, lo acompañó de un memorandun donde se encontraban las variaciones que se habían realizado, desde 1825 hasta la fecha. (Armario 1984: 154)

Y esa condición de dependencia como colonia era reconocida sin rubor por la propia administración colonial, siendo que su secretario del Consejo de Ministros,

Don Vicente Sancho, testificó que la actitud inglesa representada por el secretario de Negocios Extranjeros, el conde de Aberdeen, fue de total conciliación entre los reinos de España y Portugal, a los que consideraba sus protegidos. (Armario 1984: 156)

El 30 de julio de 1843 Espartero embarcaba en Cádiz para el exilio. Se dirigió, lógicamente, y como venía siendo habitual en todos los agentes británicos, empezando por San Martín o Bolívar,  a Inglaterra, donde fue recibido con honores de jefe de estado. En estos momentos, aplicaría Inglaterra unas acciones que, sin que implicasen deterioro en su condición de metrópoli, eran un claro rapapolvo a los nuevos gobernantes.

Durante la década moderada Gran Bretaña tuvo una destacada intervención en la cuestión de los matrimonios reales, apoyó a las partidas republicanas y carlistas, intentó en 1848 una democratización del gobierno español aprovechando la coyuntura creada por la revolución francesa de 1848 y lo que para nosotros es más importante contraatacó con represalias arancelarias al arancel español de 1841. (Nadal: 195)

En 1855, el nuevo gobierno Espartero seguiría, como los demás gobiernos, sometido a las influencias británicas, de quienes dependían también económicamente. La dependencia era de un nivel que consagraba la dependencia colonial que venimos señalando, y que se extiende hasta nuestros días. El medio utuilizado en estos momentos era la liquidez de los bonos españoles.

El Gobierno británico siempre consideró, como suyo propio, el problema de los tenedores de bonos y por ello hizo un gran hincapié en resaltar y aumentar la posición que ocupaba España en aquella época (1855) entre los demás países europeos. Su finalidad era obligar a las autoridades españolas a zanjar el tema de los Tenedores de Certificados que se suscitó en 1851, al convertir la mitad de la Deuda original firmada en 1828. (Alonso 1995: 104)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/intereses-europeos-en-las-guerras_15.html


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