jueves, 12 de abril de 2018

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (5)

El asunto de la crucifixión de niños fue un tema recurrente que muchas veces ha sido negado y otras tantas afirmado. La verdad es que en tiempos de Alfonso X se les acusaba de esa bestialidad, con toda seguridad inflada por el imaginario popular, hasta el punto que el rey sabio se hace eco del dicho, añadiendo “y cuando no pueden raptar niños, haciendo imágenes de cera y crucificándolas”. No es menos cierto que esta afirmación era recurrente en toda Europa, y que “una investigación reciente en Italia, sobre un suceso de este mismo género, apunta a la responsabilidad de una secta askenazi, es decir, a un grupo muy minoritario, ajeno a la gran mayoría de la comunidad judía”.



No es pues, la idea de racismo la que ha movido, al menos en el mundo de cultura romana, las dificultades que ha tenido el pueblo judío en un momento u otro de la historia. España, sin ir más lejos fue lugar de acogida cuando toda Europa los perseguía, y cuando España optó por expulsarlos, lo hizo con la idea de protegerlos del odio que había brotado en el pueblo llano, no contra los judíos, insisto, sino contra las actividades usurarias que desarrollaban, y que, por la creencia cultural y la creencia religiosa, relacionaban, no con la raza, sino con la religión que permitía el desarrollo de la misma.

A ningún cristiano se le hubiese ocurrido prestar dinero al 100% de Interés. Los judíos lo hacían, y fue un gran logro obtener que ese porcentaje se redujese al 33%... Y lo peor del caso es que la religión mosaica también prohíbe la usura… aplicada a otros judíos, pero la permite aplicada a otros pueblos. Consiguientemente, los judíos, a pesar de haber permanecido en España largos siglos, nunca se consideraron españoles, sino extranjeros… De donde las persecuciones sufridas fueron llevadas a cabo por connacionales víctimas de la usura, contra extranjeros usurarios. No fue, por tanto, a lo que parece, cuestión racial, sino sublevación contra la tiranía opresora de los usureros.

Esa animadversión conseguida a través de siglos de actuación tuvo reflejo, mediado el siglo XIV con la propagación de la Peste Negra.
La peste se propagó por toda Europa con una gran mortandad. En 1348 llegó de Oriente y fue sucedida de epidemias y de malas cosechas hasta finales el siglo XV, lo que provocó una merma de población cercana al 50% de la existente a mediados del siglo XIV. La peste había entrado por Baleares, en Marzo procedente de Oriente y se extendió rápidamente de Tarragona, Barcelona, Valencia Almería, Huesca y Zaragoza, llegando en Octubre a Asturias y Portugal, y en 1350 se cobró la vida de Alfonso XI, en Gibraltar, a la que estaba asediando. La mortandad ocasionada alcanzó límites dantescos, llegando a desaparecer poblaciones completas.
No había motivos razonables, pero la animadversión popular en toda Europa contra la población judía, a quien se achacaba el origen de la epidemia, prendió rápidamente en la sensibilidad popular, propicia a las iras antisemitas. De ahí que en el mes de mayo de 1348, apenas unos días más tarde de la aparición de la peste en la ciudad, el call o aljama judaica de Barcelona fuera asaltado. La ola antisemita se extendió al resto de Cataluña, afectando a los calls de Cervera y Tárrega y, en menor medida, a los de Lérida y Gerona. En tierras de la Corona de Castilla, por el contrario, no hay noticias de furores antisemitas. No obstante, en 1354 se registró un ataque a la judería de Sevilla, pudiendo sospecharse que fuera consecuencia lejana del clima creado a raíz de la difusión de la Peste Negra.  La furia antisemita se había extendido por toda Europa, de donde habían sido expulsados de la mayoría de sus reinos, y en España se produjeron muchas conversiones.

Tras esta hecatombe social cuyas consecuencias fueron doblemente sufridas por el pueblo judío, a quién la peste no respetaba más que al resto de la población, se produjo mucha literatura antijudía y antijudaizante con soluciones pacíficas y violentas que abarcan desde la legislación hasta el cancionero. La naturaleza propia de un pueblo como el español, que había sufrido invasiones, colonizaciones y conquistas, no podía pasar sobre el asunto ni con indiferencia ni con hostilidad. Con virilidad sí; con violencia, también, pero violencia que tenía un claro freno: el arrepentimiento.

Y el arrepentimiento, en el asunto de la peste que el ideario popular había encasillado en la actuación de los judíos, no tenía otra salida que la conversión al cristianismo, lo que acarrearía, como segunda consecuencia en el mismo ideario popular, la renuncia al uso de la usura, con lo que quedaba anulada toda la fuente de perversión que se venía acumulando sobre el pueblo. Ese extremo, con la ayuda de hábiles predicadores, propició que a principio del siglo XV los bautismos de judíos fueran muy numerosos, ciertamente que bajo una presión ambiental indudable.

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

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