sábado, 28 de abril de 2018

La tortura en la Inquisición (III)

En definitiva, las pocas decenas de torturas que, a lo largo de todo el Imperio y a lo largo de trescientos cincuenta años pudo llevar a efecto la Inquisición “tenía lugar cuando se trataba de delitos muy graves, había grandes indicios o sospechas de culpabilidad y se produjera alguna de las siguientes circunstancias
a) El reo entraba en contradicciones.
b) El reo era incongruente con su declaración.
c) El reo reconocía una acción torpe pero negaba su intención herética.
d) El reo realizaba sólo una confesión parcial.”

Difícilmente encontraremos muchos reos en cada uno de los casos.

“Kamen afirma, citando las Instrucciones de 1561 que venimos considerando, que su aplicación debía estar de acuerdo con «la conciencia y arbitrio de los jueces, regulados según derecho, razón y buena conciencia. Deben los Inquisidores mirar mucho que la sentencia del tormento sea justificada y precediendo legítimos indicios». El mismo Kamen llega a la conclusión de que, teniendo en cuenta la praxis procesal de la época, la Inquisición española siguió una política de benignidad y circunspección que la deja en lugar favorable si se la compara con cualquier otra institución. A este respecto proporciona algunos datos sobre la misma. Por ejemplo, el de que en Granada, de 1573 a 1577, se aplicó a un siete por ciento de acusados y en Sevilla, de 1606 a 1612, a un once por ciento. En Lima, durante el siglo XVIII, sólo se aplicó en el dos por ciento de los casos.”

Hoy, nadie que se considere serio atiende las difamaciones de la Ilustración. “El uso de la tortura (que, en realidad, parece que se aplicaba raras veces) capturó la imaginación de los escritores populares tardíos y a ellos debemos algunas de las más imaginativas páginas de la ficción romántica que se produjeron durante el siglo XVIII y XIX… no debemos exagerar el significado de la tortura o de la pena de muerte. Salvo algunas excepciones importantes, la tortura se empleaba poco, y las cifras por muertes inquisitoriales han sido consistentemente exageradas.”

En la Inquisición española, “esta medida se aplicaba en los casos que el delito estaba casi probado y siempre que estuviesen de acuerdo los inquisidores ordinarios y apostólicos en su empleo… Cuando el reo confesaba tras la aplicación del tormento, la validez de su testimonio quedaba supeditada a la posterior ratificación algunos días después del suplicio.”

Por otra parte, “en la mayor parte de los casos se imponía la tortura sólo para conseguir confirmación de lo que los inquisidores ya sabían; porque sin confesión, la penitencia quedaba descartada.”

 “La creencia de que las torturas usadas por la Inquisición de España fueron excepcionalmente crueles se debe á los escritores sensacionales, que han abusado de la credulidad de sus lectores”

Pero es el caso que “el general francés Belliard, que fue gobernador de Madrid en tiempo de la francesada, tuvo, como era natural, vehementísimos deseos de conocer las cárceles del Santo Oficio, y mayores aún de inspeccionar por sí mismo el cuarto del tormento: tal se lo habían pintado los libros que de la Inquisición había leído. Corrido de no hallar ni rastro de aquellos monstruos de crueldad, decía mohino a los que le acompañaban: ‘Nous ont trompé’ (nos equivocamos). Muchísimos años hacía que la Inquisición no daba tormento a nadie.”

“El uso del tormento… llegó a ser general en la Europa civilizada… ¿con qué razón se echa en cara a los tribunales del Santo Oficio el uso de una práctica lícita y universal, como si fuera privativa de él y sólo en él ilícita y censurable, olvidándose haber sido él quién la abolió el primero entre todos los tribunales?”

“¿Acaso puede ignorarse que el suplicio de la rueda se empleó en Alemania hasta 1841, cuando ya habían nacido y hasta muerto no pocos filósofos de esos que nos enamoran? El mismo tormento ¿no subsistió en Austria hasta 1776, en Francia hasta 1789, en Prusia hasta 1740, en Sajonia hasta 1770, en Rusia hasta 1801? ¿Dónde tardó más en abolirse este factor de enjuiciamiento criminal, sino en Wurttemberg y en Gotha, Estados ambos del Imperio Alemán, en los cuales perduró hasta 1809 y 1828, respectivamente?”  El caso es que estas fechas no son posteriores en el argumentario de Juderías porque murió antes de las atrocidades cometidas por los sistemas liberal y comunista durante el siglo XX, de las que no puede ser excluido el genocidio mayor de la historia: el aborto.

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