miércoles, 30 de mayo de 2018

América, parte sustancial de la Patria HIspánica (2)

Conforme a estos principios, una Ley de Indias mandaba que por justas causas convenía que en todas las capitulaciones que se hicieran para nuevos descubrimientos “se excuse esta palabra conquista y en su lugar se use de las de pacificación y población”, para que aquella palabra no se interprete contra la intención superior (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV, Título I, Ley VI).

Remarcando el hecho que venimos destacando, el profesor Bernardino Bravo Lira señala que “Políticamente las Indias fueron incorporadas a la Corona y no al reino de Castilla. Esto significa que no se las consideró como simple suelo, sin personalidad política propia, y, por tanto, susceptible de sometimiento a una potencia extranjera. Antes bien, se las consideró como otros reinos, similares a Castilla y a los demás europeos, dotados de los mismos atributos que ellos. Por esta razón se las calificó y organizó bajo la forma de Estado -o Estados- de las Indias y no de colonias, sometidas a una metrópoli, como posteriormente, lo hicieron otras potencias europeas en su expansión ultramarina, desde el siglo XVII hasta el XX. Los reinos de Indias contaron con todos los elementos que entonces configuraban un Estado: territorio, población y naturaleza (es decir, nacionalidad), instituciones, gobierno y legislación propios.”  Ese reconocimiento de identidad es un hecho significativo propio de la tradición cristiana, y de la cultura greco latina de la que España fue clara continuidad.

En ese orden de cosas, los autores que, como Cayetano Núñez Rivero acuden a las fuentes historiográficas, no dudan en señalar que “la primera calificación que se da en Castilla a los territorios americanos es el de señorío de Islas y Tierra firme del Mar Océano, pasando a denominarse Reinos durante el mandato de Carlos I, denominación que se posibilitó en gran medida, en virtud de la transformación de la Monarquía hispánica en Imperio, primero con Carlos V, y posteriormente con el concepto de Monarquía Universal Católica, instaurado por Felipe II y continuado por los siguientes monarcas de la Casa de Habsburgo españoles.”  Siendo así, nunca fueron entendidos los territorios conquistados por España como carentes de derechos, y sus habitantes fueron considerados, ya con la Reina Isabel, vasallos de la corona.

Por ello, “las Indias —o América como ya se las denominaba desde el siglo XVII— debían fidelidad sólo al Rey. Pero éste gobernaba a través de los funcionarios por él nombrados y las instituciones creadas al efecto.“
Estos funcionarios, que no actuaban como posteriormente actuarían los funcionarios de Francia o de Inglaterra en sus dominios, que sí eran colonias, lo hacían como funcionarios de sus respectivos reinos, sujetos, no a una metrópoli, como era  el caso de aquellos, sino a la autoridad del rey, al mismo nivel que lo hacían los demás Virreinatos que componían la Monarquía Hispánica, dentro y fuera de la península Ibérica. Formaban parte del entramado administrativo de la Monarquía Hispánica, y los vasallos de los Virreinatos americanos no poseían derechos inferiores a los gozados por los vasallos de Cataluña o de Castilla.
Los funcionarios virreinales cumplirían su misión atendiendo la enorme extensión de las nuevas provincias; así, José Luis Picciuolo señala que “los territorios españoles estaban divididos en cuatro Virreinatos: Nueva España, creado en 1534, con unos 2.500.000 km2, siendo estos números una cifra sólo aproximada. Incluía la Capitanía General de Guatemala con la América Central. La Capitanía General, territorio de menor extensión de un Virreinato, se constituyó por la importancia estratégica de un determinado sector terrestre y marítimo, como era entonces y aún es hoy, el ámbito del Mar Caribe. También, en otros casos, por la existencia de un territorio ocupado por agresivas tribus indígenas como ocurrió con la Araucanía, en Chile.
Otro Virreinato fue el del Perú (1542), con la Capitanía General de Chile, con unos 2.000.000 Km2. El Virreinato de Nueva Granada (actuales Colombia, Ecuador y Venezuela), disponía de unos 2.000.000 km2, siendo también Capitanía General el territorio venezolano, de gran importancia, por estar situado entre el Caribe y más al sur, con la Guayana y el Brasil.
El último Virreinato fue el del Río de la Plata, creado en 1776 por Carlos III, entre otros motivos para terminar con las luchas por la Colonia del Sacramento. Era de gran extensión, unos 5.000.000 de km2, abarcando además de la actual Argentina, a Bolivia, el Paraguay, el Uruguay y algún sector del sur del Brasil.”

Texto completo en: http://www.cesareojarabo.es/2018/03/america-parte-sustancial-de-la-patria_30.html

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