martes, 22 de mayo de 2018

España bajo el Islam (20)


El 14 de septiembre de 791 accedía al trono de Asturias Alfonso II. Un personaje merecedor de especial atención, engendrado en una vasca por el violento y feroz Fruela, educado en la corte por sus tíos Adosina y Silo, desplazado del trono por su tío Mauregato, refugiado durante años entre sus parientes vascones, que a los veinticinco años accede al trono como consecuencia de la derrota sufrida por Bermudo el diácono, que logra escabullirse del intento de rapto llevado a cabo en la aceifa del mismo año que tomó el trono; posteriormente depuesto por un oscuro levantamiento, tras lo cual repone el orden gótico y ordena lo que ya podrá llamarse corte real, y que reina más de cincuenta años en lucha contra los poderosos ejércitos de Córdoba, apareciendo con sus huestes en cualquier punto de su alargado reino que iba del Pirineo al Atlántico llevando una vida casta, pura, inmaculada. Insisto, merecedor de atención especial. En su reinado se descubrió el sepulcro de Santiago, que tanto bien haría en la Reconquista de España.

Con él volvía la energía al trono asturiano después de 34 años de componendas y ominosos tributos pagados al enemigo musulmán, y con él se puede decir que se consolidó el reino de Asturias, que surgió como un caudillaje sobre los pueblos de la Cornisa Cantábrica que habían resistido tanto a los romanos como a los visigodos y que no estaban dispuestos a someterse a los dictados de los invasores y todavía a principios del siglo IX en el testamento de Alfonso II se renegaba de los visigodos culpándoles de la pérdida de Hispania .  Alfonso II ensanchó las fronteras del reino acercándose al río Duero, llegando sus peleas hasta Lisboa y combatió con dos monarcas árabes: Al Hakam y Abderramán II. Alfonso II fue el nexo necesario de unión de los pueblos hispánicos liberados. Junto a Alfonso el Casto pelearon muchas veces incluso los paganos que habitaban en las lejanías de las tierras otrora de várdulos y caristios, vasconizadas a la caída del Imperio Romano.

Pero la actividad de Alfonso II va más allá: Además de ser un excelente caudillo guerrero organizó política, religiosa y administrativamente el reino; activó la implantación del derecho y también lo organizó socialmente.  A ello colaboró el concilio de Frankfurt del año 794 en que se condenaba el adopcionismo de Elipando. Con motivo de este concilio, el Papa Adriano dirigió una carta  a los "dilectísimos hermanos y consacerdotes nuestros que presiden las Iglesias de España y de Galicia", es decir, de la España árabe y del Reino de Asturias, al que por primera vez se le reconocía una organización eclesial propia.

Apenas asentado en el trono tuvo que hacer frente a las aceifas árabes: una por Álava y otra por Galicia. Aceifas que se repetirían anualmente, y que en 794 llegaron hasta Oviedo al mando de Abdelmalik, saqueándola, pero fue la última incursión en el corazón del reino. El ejército agareno fue exterminado en Lutos, excelente lugar por su angostura para llevar a efecto la matanza, cuando regresaba victorioso a Córdoba. 
Hixam, contrariado ante el desastre, organizó nuevas aceifas para el siguiente año, 795, al mando de Abdelkrim. Diez mil soldados partieron contra Asturias, que los recibió, no en las montañas, sino en campo abierto. Craso error, el 18 de Septiembre vencieron los sarracenos, que se lanzaron en persecución de las tropas de Alfonso, que sufrieron una nueva derrota, dando lugar una persecución que cubrió gran parte del pequeño reino, que acabó con la retirada de los agarenos por temor a las inclemencias del invierno. El otro ejército que había atacado por Galicia volvió habiendo dejado gran número de bajas en el intento.

Alfonso II fue el fundador de Santiago de Compostela , donde mandó construir un templo en el “Campo del Apóstol” y le asignó para su sostenimiento el territorio de tres millas en círcunferencia. y fue quien puso su corte en Oviedo, después de infligir dos importantes derrotas a los invasores en Lutos y Naharón, y reconquistó Lisboa, llevando sus fronteras hasta el Tajo. En 794 ocasionó una terrible derrota a los invasores, en la batalla de Lodos (o Lutos), donde pereció todo el ejército musulmán (70.000 hombres) .

Por el extremo oriental, la colaboración de los mozárabes permitió a Carlomagno la fundación del condado de Barcelona, pactando, el año 777 con varios caudillos musulmanes, y entre ellos el wali de Barcelona Alarabi, que se habían sublevado contra el emirato en beneficio de los abbasidas de Oriente. Los mozárabes de Tarragona aprovecharon la coyuntura para emigrar a las tierras recientemente liberadas.

Urgel quedó liberada del poder musulmán, y los mismos ejércitos de Carlomagno, al mando de su hijo Ludovico Pío, liberarían, el año 785, con la participación directa de los mozárabes, Ampurias y Gerona, que había permanecido desde el 717 en poder del islam. Es de suponer que con ello quedó liberado el Ampurdán.

En respuesta a esta actividad, Hixem había convocado guerra santa el año 791, que obtuvo mucho apoyo, con el que se organizaron tres ejércitos, uno contra Galicia, otro contra las montañas Albasquenses (montañas vascas), y el tercero, contra la Narbonense.
Un ejército a las órdenes de Abdelkrim, conquistó Gerona, llegó a Narbona y obtuvo tal botín que con el quinto del mismo se construyó la mezquita y el puente de Córdoba , en cuya construcción empleó en régimen de esclavitud a los prisioneros traídos de Narbona. Gerona fue tomada y sus habitantes degollados






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