martes, 8 de mayo de 2018

Idilia, una historia del futuro (15)

Capítulo Decimoquinto

La acción militar de Idilia contra Humania no llegaba, pero sin embargo, y para mantener las apariencias, se convocaron elecciones generales en Idilia. El gobierno había resultado incompetente ante las actuaciones llevadas a cabo por los agentes de Humania, los servicios habían quedado mermados por esas mismas acciones, y sobre todo, y aunque a nivel general la situación estuviese controlada, el sistema se convenció de que un importante sustrato comenzaba a gestarse dentro de la sociedad de Idilia, y procedía un revulsivo social. Nada como unas elecciones… Libres, ¡por supuesto!, como todo en Idilia…



La nueva situación supuso un nuevo inconveniente para los agentes de Humania, y ese en definitiva, era el objetivo buscado por Idilia.

No obstante, entre los internautas surgió la idea de crear un nuevo partido político que, independiente de cualquier poder social, económico o político, saliese a la palestra defendiendo, no todo un nuevo sistema social, para lo que sentían capaces, sino unas cuantas parcelas, muy concretas, y que representaban en definitiva a todo el sistema opresor de Idilia.

Sus postulados se limitaban a :
Libertad de procreación
Libertad para no ver la televisión
Libertad para poder formar una familia
Libertad para la educación de sus hijos

Con el nombre de Partido de la Libertad, y acogiéndose a la libertad existente en Idilia para constituir partidos políticos, se presentó en sociedad el nuevo partido, viéndose acometido desde todos los frentes, y cerradas todas las puertas de los medios de comunicación.

Sólo los periódicos electrónicos controlados por personas afines se hicieron eco del nuevo partido. Tan era así, que casi nadie conocía su existencia. Se rumoreaba, se decía…, pero nada se sabía del nuevo partido.

Finalmente, a duras penas pudieron formar las listas electorales. El motivo no era otro que el miedo.

Un elevadísimo porcentaje de las personas con las que tomaban contacto para que formasen parte de las listas electorales manifestaba su acuerdo total con los postulados, pero finalmente se negaba a figurar en las listas electorales. Motivo declarado: miedo al sistema.

El miedo al sistema estuvo a punto de impedir la constitución de ninguna lista electoral. Pero finalmente lo lograron, y hasta les permitieron hacer propaganda electoral en los medios públicos de Idilia (a horas intempestivas, pero lo consiguieron).

Los alegatos de todos los partidos de Idilia se centraron en cómo combatir al Partido de la Libertad que inmediatamente fue por todos catalogado como cavernícola y agente de Humania.

No conocieron palabras de halago… Y sin embargo, los agentes de Humania eran radicalmente ajenos al proyecto. Lo aplaudían, rezaban por su éxito, pero no participaban. Los agentes de Humania no podían, no debían y no querían participar en el juego político de Idilia. Su objetivo era otro: Redimir a los habitantes de Idilia de la opresión de Idilia.

La lucha política comenzó a enconarse por momentos; el centro de atención parecía concretarse en los resultados de la confrontación electoral. Sólo los dirigentes de Idilia, los agentes de Humania y los responsables del partido de la Libertad sabían que eso no era así. Sólo ellos sabían que en las elecciones, saldría ganador por una amplísima mayoría uno de los partidos de Idilia, y como principal partido de la oposición, otro de los partidos de Idilia… y con mucha suerte, el partido de la Familia podría conseguir algún representante que se dedicase a “molestar” permanentemente al sistema.

La iniciativa no estaba mal, pero el esfuerzo debía hacerse por otras vertientes…

Así, con ánimos renovados al contemplar que la esperada reacción militar de Idilia como consecuencia de la liberación de las presas de la granja de fetos se dilataba, decidieron dar otro golpe similar a otro establecimiento también similar en el que existía un pabellón destinado a la investigación genética, y donde se elegían fetos que serían gestados hasta el nacimiento. Éstos no serían asesinados.

Bien al contrario, éstos eran la demostración de la superioridad de la ciencia de Idilia. En el pabellón de los escogidos, como era conocido, un millar de gestantes llevaban en su seno otros tantos experimentos de seres que presumiblemente nacerían sin ningún defecto y con una inteligencia superior. Los genes habían sido manipulados en ese sentido.

La táctica, casi idéntica, puso en movimiento a centenares de camiones y ambulancias que en un momento determinado cruzaron la frontera cuando se desconectó el sistema de seguridad; llegaron al centro del objetivo, y en una acción militar idéntica a la ocasión anterior, liberaron a cerca de cinco mil internas, y llevaron prisioneros a diez guardianes.

Una operación limpia donde no hubo derramamiento de sangre, y que se culminó horas después con un apoteósico recibimiento en Humania.

El asunto no pudo ocultarse en la campaña electoral de Idilia, donde los partidos del sistema pretendieron poner contra la pared al partido de la Libertad, acusándole de connivencia con el enemigo declarado y encarnado en Humania, contra el que exigían acciones militares de replesalia inmediatas.

Reclamaban la ilegalización del partido de la Libertad, la puesta en prisión de sus miembros, y respuesta militar por parte del ejército contra Humania.

Nadie, ni el partido de la Libertad, osaba levantar la voz en defensa de las acciones libertadoras. Nadie se atrevía a destacar el respeto por la vida, porque justamente la falta de respeto por la vida era la justificación de Idilia.

El nerviosismo y el malestar general era evidente. La hecatombe de la bolsa y de las empresas de cosméticos, así como la crisis de alimentos y en particular de las carnicerías, se hacía evidente con  esta nueva acción de los agentes de Humania.

Las presiones de todos los estamentos sociales, a la postre unificados todos bajo el poder homosexual, reclamaban una acción inmediata de castigo sobre Humania; una acción de castigo que propiciase la recuperación de las prisioneras, y a ser posible, su ampliación con nuevas habitantes de Humania.

El asunto era acaloradamente discutido por todas las cadenas de televisión y de radio, al unísono, en un programa donde se habían concentrado todos los partidos, y donde el partido por la Libertad hacía filigranas dialécticas para evitar caer en afirmaciones inconstitucionales, lo que irremisiblemente les acarrearía la persecución abierta por parte del sistema.

Pero el fragor de la discusión fue cortado de inmediato por una interferencia inopinada.

La osadía de los agentes de Humania les había llevado a transportar una emisora de televisión y a transmitir en horario de máxima audiencia, cuando toda Idilia estaba escuchando las discusiones de los políticos, un reportaje sobre la liberación de los dos establecimientos de fabricación de alimentos y sobre la vida y costumbres en Humania.

El asunto estaba caldeando el ánimo de la población de forma desorbitada, hasta el extremo que de manera espontánea, saltaron aquí y allí chispas revolucionarias que reclamaban la dimisión del gobierno y la inhabilitación de los políticos; la prohibición del aborto y la persecución policial de sus autores e inductores; la supresión del sistema educativo y su sustitución por un programa educativo en condiciones; la supresión de todos los centros de creación de alimentos de Idilia, y la importación de alimentos naturales procedentes de Humania; el reconocimiento del derecho a no ser homosexual y a no sufrir persecución por ello, y finalmente la libertad para conocer y adorar a Dios.

Las gentes salían a la calle, primero temerosas, pero poco a poco iban tomando valor y desprecio por la propia vida.

Sectores de guardias del estado se enfrentaron a los inicialmente pusilánimes manifestantes, que paulatinamente fueron tomando confianza en su fuerza y seguridad en sus objetivos.

Los guardias del estado secuestraban subrepticiamente, como venía siendo habitual, y condenando a muerte o a presidio, dependiendo del sexo del detenido. Pero la situación  llegó a tal punto,  que las fuerzas del estado no dudaron ya en reprimir duramente a los manifestantes contestatarios. Quedaba demostrado, de manera evidente, que la libertad disfrutada por los habitantes de Idilia, tan cacareada a todas horas por todos los medios de difusión, podía ser disfrutada en tanto en cuanto se mantuviese dentro de los márgenes del presidio intelectual y de la bajeza moral implantada por el sistema.

Todo el que se saliese de ese orden no sería sino un desestabilizador; un cavernícola contrario a la libertad; una libertad que Idilia se-había-dado-a-sí-misma, y de la que todos debían sentirse orgullosos; una libertad y unas condiciones de sometimiento irracional a unos principios irracionales y antihumanos, presentados como paradigma de la libertad y de la justicia, de los que nadie podía apearse si no quería ser condenado socialmente como cavernícola e involucionista.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/07/idilia-una-historia-del-futuro-texto.html

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