domingo, 6 de mayo de 2018

LA REVOLUCIÓN CANTONAL (3)



Para justificar la proclamación del cantón de Cartagena, objetaron que las tropas que guarnecían la plaza querían hacerles traición y proteger a los carlistas que se habían levantazo en Cieza, tras lo cual cerraron las puertas de la ciudad y comenzaron a producirse desmanes, poniéndose al frente del movimiento el general Contreras, que a la sazón se encontraba residiendo en Madrid.



El gobierno podía haber cortado el movimiento tomando presos a los inductores, que lo hacían públicamente, pero su actuación no llegó sino una vez declarado el cantón, cuando mandó Pi detener a Contreras, que ya había partido hacia Cartagena y cuya incorporación las fuerzas del gobierno fueron incapaces, voluntaria o involuntariamente, de evitar. Por otra parte, los enfrentamientos en el parlamento y en el mismo gobierno parecían tal que una jaula de grillos, acusándose mutuamente de la situación. Al respecto, aunque de forma muy parcial a favor de Pi, se expresa meridianamente Vicente Blasco Ibáñez. Según afirma, Castelar y Salmerón atacaron miserablemente a Pi, que se defendió de la huída de Contreras y de toda la actividad llevada hasta el momento. El asunto, nuevamente, se resolvió en una trifulca parlamentaria, naturalmente sin consecuencias favorables.

La noticia de la partida del general Juan Contreras de Madrid, no era ningún secreto militar porque el propio general, con uniforme y en traje de marcha, se presentó en el casino manifestando a los militares allí reunidos su propósito de ponerse al frente de la insurrección cantonal. (Pérez 1990: 109)

Pero, tal vez para cortar las habladurías, fue enviado a Cartagena Federico Anrich,  ministro de marina.

El gobierno independiente, se puso en contacto con el de Estados Unidos y solicitó su ingreso en la Unión y le pidió ayuda para mantener su independencia frente al poder centralista de Madrid. Los americanos estudiaron seriamente la propuesta, pero su resolución ya llego tarde.

Pero eso sucedería a finales de año, cuando El Cantón Murciano publicaba la carta dirigida al embajador de la república Anglo americana. (Ver texto en anexo 4)

Antes, el día 13 de julio, al mismo tiempo que la marinería, infantería de Marina y voluntarios recorrían la ciudad de Cartagena, con el mayor entusiasmo, los oficiales de la armada pedían el pasaporte para Madrid, que les fue concedido de inmediato.

El general Guzmán, en su calidad de comandante militar de la plaza, entregó los castillos y defensas a los revolucionarios. Dueñas, capitán general del departamento de Cartagena, abdicó el mando en la Junta revolucionaria y el alzamiento tomó grandes proporciones.

Es el caso que el Cantón de Cartagena tuvo una referencia especial en el movimiento cantonalista incluso antes de haberse producido, dado que, evidentemente, llevó una preparación anterior.

Aunque el pronunciamiento cantonal decidido por la Junta de Salvación Pública de Madrid estaba decidido, la fecha de su inicio se fijó en Cartagena, aún en contra de la decisión del Comité madrileño. Determinadas circunstancias conocidas sólo en esta ciudad como la marcha de la flota y el relevo de los voluntarios del castillo de Galeras implicados en la Revolución, decidieron a los principales responsables cartageneros a que, sin esperar la aprobación del Comité central, iniciar la insurrección en la tarde del 11 de julio de 1873. (Pérez 1994)

El día 14 de julio se apoderaron los cantonalistas del Arsenal, tras un vano intento del ministro de marina, Federico Anrich, por controlar la situación, que fue cortado por la acción de un marinero que encañonó al enviado, quién acabó huyendo en un remolcador al haberse sublevado toda la tropa.

Llegó a Cartagena en la noche del día 13, de forma oculta como destacó el Órgano Oficial de la Federación, pero poco pudo hacer porque los ánimos estaban muy caldeados y los marinos habían tomado su propia decisión. Visitó las fragatas Almansa y Victoria, subiendo a bordo, y retirándose rápidamente porque la marinería, moralmente pronunciada, no obedecía ya a sus oficiales. Convencido de su impotencia, huyó en un remolcador del Arsenal, junto con el contralmirante José Dueñas y Sanguiento y sus ayudantes, que se habían negado a sumarse a la revolución; llegó a Alicante, desde donde se trasladó a Madrid. Fue acusado de llevarse 25.000 duros que habían en la Maestranza, justificando los cantonales de esta forma el no haber podido pagar al personal la mensualidad de junio. La caída del gobierno de Pí y Margall, supuso el cese de Anrich como ministro de Marina y su sustitución por el contralmirante Jacobo Oreiro y Villavicencio. (Pérez 1990: 110)

Texto completo en papel de "el cantonalismo" en  https://www.facebook.com/elcantonalismo/

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