miércoles, 2 de mayo de 2018

Nada en común (XVI)

1971
Estaba el régimen modernizando la legislación. El cuatro de Agosto de 1970 promulga la Ley de Educación de Villar Palasí, y el  once de  Marzo de 1971 la Ley sindical, con derecho de huelga.



España se estaba convulsionando, y el trece de Septiembre se reunió la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, propiciada por Tarancón. Los Elipandos estaban laborando el advenimiento de la democracia mientras el sistema procuraba la representación popular a niveles más amplios. Así, el veintinueve de Septiembre se celebran elecciones por el tercio familiar. En Barcelona, dos candidaturas eran las que más ruido hacían: las encabezadas por los candidatos Barenys y Cassases, y la encabezada por Juan Antonio Samarach, quién proclamaba que llamaba “al pa, pa y al vi, vi”.

Cesáreo, junto a su amigo Santiago se divertía pintando en éstos últimos carteles una segunda parte de la frase: “que será todo para mí”.

El siete de Noviembre, al amparo de las sotanas, se forma  la Asamblea de Cataluña, en la Iglesia de San Agustín, y el veintidós de Noviembre aparece el  primer número de una publicación que nunca debió ser admitida por un régimen que tuviese un mínimo de dignidad: Cambio 16.

El Círculo Doctrinal José Antonio emitió unas pegatinas, modelo de propaganda política absolutamente novedoso que años después proliferaría de manera más que considerable, con tres textos distintos, de los que Cesáreo tan sólo se acordaba de dos. Rezaban así:
“Ni sociedad de consumo capitalista ni dictadura marxista. Ante la traición, la prostitución capitalista y el vandalismo marxista, proclamamos la violencia revolucionaria”.

“Trabajador: no vendas tu fuerza de trabajo a cualquier precio. Un estado español y sindicalista. ¡Arriba la Justicia Social! ¡Arriba España!” Eran francamente bonitos, con los colores de Falange en un margen.

1972
Fue 1971 un año importante para la democracia. Empezaba a poner sus bases; bases que ya no se quebrarían. 13 de Mayo Sale a la luz “Hermano Lobo”. Ambas se unían a la funesta “Cuadernos para el diálogo”.

Buscando, tomó contacto con la “Guardia de Franco”. Tenía conocidos, falangistas como él, que aprovechaban la estructura para reunirse y hacer alguna actividad.
Hizo acto de presencia en un cuartel de la Guardia de Franco y solicitó la admisión. Esa misma tarde sucedieron dos acontecimientos en el cuartel que le inducirían a no volver a pisarlo.

En primer lugar, un grupo de hombres que proclamaba su incultura, se organizaba como rompehuelgas sin atender los principios que pretendían defender. Siempre supuso Cesáreo que semejantes elementos, transcurridos los años habrían acabado militando en  CCOO o UGT. Vamos, hubiese apostado porque tal cosa hubiese ocurrido realmente. Tan pobre imagen dejaron en su retina.

Lo que decididamente le impulsó a no volver nunca más, a pesar de las llamadas que recibió para retirar su carnet de militante, fue que, estando reunido con quién le tomaba la filiación, entraron dos individuos con un disco en las manos.

Sucedió por aquellas fechas que un grupo musical utilizó la letra del “Cara al Sol” para hacer una canción comercial que tomó el nombre de “Amanecer”. Entre los azules, tal hecho era una ofensa, y aquellos dos pobres hombres tenían el encargo de conseguir un ejemplar.

Se presentaron con su trofeo y lo pusieron en el tocadiscos. La carcajada se le escapó a Cesáreo entre el desabrimiento de los circundantes cuando una voz melódica entonó una canción melódica, muy conocida en aquellos días, cantada por un cantante de fama, y que nada tenía que ver con lo que buscaban. Era en cuestión, “Amanece”.

Sin lugar a dudas, aquellas pobres personas tuvieron que acabar militando en CCOO o UGT.

Cesáreo no. Siguió buscando, y recaló en el Círculo Doctrinal  José Antonio, donde tomó contacto con personas extraordinarias y donde hizo amigos que perduraron toda la vida. En particular Santiago; un hombre que no perseveró en los ideales que los habían puesto en contacto, pero con el que siempre le unió una grande y sincera amistad, a pesar de los avatares de la vida.

Joaquín Encuentra era el Secretario General del Círculo José Antonio; un falangista que había sufrido la Guerra de Liberación. Doctor en medicina y con una gran cultura, no dudaba en jugarse su prestigio en defensa de sus ideas, le hizo profundizar en el estudio de la doctrina Nacionalsindicalista, del marxismo, del liberalismo, del anarquismo..., pero quién recibió todo su cariño fue Julio, Julito, Julio Enrique de Sebastián y Álvarez... y de las JONS, como le gustaba presentarse en los ambientes falangistas. Y Diego Catillejo, un bohemio, buen escritor, buen aficionado a los toros, que treinta y cinco años después, ya hecho un carcamal, allá en 2006, seguía con la idea de publicar su tratado sobre la Tauromaquia, que ya tenía casi terminado en 1973. Y el tío Pedro, un solterón como Julito y como Diego, al que amedrentaban los petardos.

Simultáneamente, un grupo terrorista, el F.A.C., Front d’Alliberament Catalá, efectuó algún atentado en Cataluña.

En estas circunstancias, quiso la fortuna que coincidiese en clase, en los Jesuitas, con un militante de FAC, quién un día dejó de aparecer por clase: Estaba implicado en unos atentados. Por la prensa se enteró Cesáreo que Jaume había huido. No aparecería en público hasta bien entrada la democracia, donde encontró buen acomodo. Demostró que su ámbito, como no podía ser menos, estaba dentro de las estructuras del sistema.

Tuvieron en común algunas discusiones de carácter político, que pusieron en evidencia el poco respeto por la Humanidad de que hacía gala el demócrata. Las investigaciones policiales truncaron toda posibilidad de profundizar más en el pensamiento político del terrorista.

Eran momentos difíciles. Cesáreo diversificaba sus tardes con el estudio y con las actividades del Círculo José Antonio, al que estaba adscrito José Antonio Samaranch, a la sazón Presidente de la Diputación de Barcelona; el mismo que andando los años sería presidente del Comité Olímpico Internacional.

Militancia un tanto extraña, ya que el señor Samaranch se limitaba a pagar religiosamente una cuota que en ocasiones fue a cobrar Cesáreo. No obstante, jamás trató con él, ya que una secretaria le hacía entrega de un sobre que para el caso tenía en depósito.

En esos días, Don Blas Piñar pronunció un mitin en el Palacio de la Música. Estaba el local literalmente repleto, y los militantes del Círculo José Antonio hicieron acto de presencia al objeto de boicotearlo en lo posible.

Hoy Cesáreo se consideraba cercano a Blas Piñar. No en vano, allá en el año 2005 le dedicó un libro publicado por él, pero en aquellos momentos, los falangistas no podían admitir que se tergiversase la doctrina nacionalsindicalista y que intentase confundirla con la del régimen de Franco, y mucho menos con el heredero del mismo, Juan Carlos de Borbón.

Don Blas Piñar, quién pasados los años sería tenido en estima por Cesáreo, era considerado entonces como un enemigo a batir, y es que, en aquellos entonces, las cosas grandes que luego les unieron, estaban garantizadas, y sus divergencias se manifestaban en la concepción de la sociedad, que para Cesáreo no podía separarse un ápice de la doctrina Nacionalsindicalista.

Los falangistas, al objeto de boicotear el acto, aplaudían de manera desmesurada y de forma constante, hasta que fueron neutralizados por el servicio de orden cuando el orador, el extraordinario orador que era Don Blas Piñar, pidió que no se le interrumpiese tanto para no distraerle del discurso.

Este mismo año conoció Cesáreo a una chica, Gema, hermana de un camarada por que siempre tuvo un gran aprecio.

La influencia de esta chica fue de grado mayor. Llevaron un noviazgo alternado con los estudios y la actividad política. Relación que les llevó incluso a pensar seriamente en el futuro.

En estas fechas se desarrollaba un conflicto laboral en la SEAT de Barcelona. No recordaba Cesáreo qué lo había originado, sin embargo, en el Círculo Doctrinal José Antonio redactaron un número especial de “Rojo y Negro”que sería distribuido en la factoría, pero como fuese que Antonio, el hermano de Gema, se incorporaba a filas de manera inminente, para hacerle una despedida simpática, organizaron la distribución por las viviendas de los trabajadores. Locuras de jóvenes, pensaba ahora. ¡Anda que si los llega a pillar la policía! Menudo disgusto en casa de Antonio. Menudo disgusto con su padre, que era brigada de la Policía Armada.

Las celebraciones del Primero de Mayo, se centraban en aquellos momentos en un espectáculo deportivo cultural de primer orden que se celebraba en un estadio que Cesáreo quería recordar era el del Real Madrid.

Sí, comenzaba a verse alguna algarada por las calles, pero lo que atraía inexorablemente la atención era la “demostración sindical”, como dieron en llamar a aquel espectáculo.
Los Coros y Danzas de la Sección Femenina del Movimiento ponían en escena las más espectaculares danzas y cantos que, bajo una dirección seria y metódica rescató del olvido canciones, bailes, instrumentos y costumbres propias del pueblo español. Esa ingente labor etnográfica, como los sindicatos, como la Seguridad Social, como todo el patrimonio acumulado durante cuarenta años, sería tirado por la borda, previamente esquilmado en lo económico, por el sistema que el pueblo español se daría-a-sí-mismo. Sí, el pueblo se-daba-a-sí-mismo un régimen que generaría unos políticos y unos sindicalistas que se-darían-a-sí-mismos todas las riquezas acumuladas por el pueblo español, organizando la mayor de las cleptocracias.

También Cesáreo era de la opinión que, a pesar de ser muy buena esa demostración, el régimen lo organizaba para distraer la mente de las personas; como retransmitía acontecimientos deportivos de importancia en los momentos críticos, cuando se suponía o se sabía que existirían convocatorias subversivas.

Esa creencia se convirtió en certeza cuando, ya en democracia, no es que retransmitiesen un evento deportivo; es que el deporte pasó a ocupar, y desde ese momento in crescendo hasta el momento en que Cesáreo estaba recordando, la principal cuota en los informativos, en la televisión, en la radio, en la prensa... Las discusiones de las personas no se centraban en si había terrorismo o delincuencia. Lo que importaba de veras era si su equipo había ganado un partido o si el árbitro había marcado una falta inexistente a favor del equipo contrario. Eso es lo que de verdad llenaba el espíritu de las gentes en democracia.

El ocho de diciembre estalla el escándalo REACE, cuando en Redondela desaparecen cuatro millones de kilos de aceite con un valor de ciento setenta millones de pesetas. Un escándalo que se llevó por delante la vida del máximo responsable de la empresa y de su esposa. Un escándalo que, como preámbulo de lo que pocos años después sería una norma democrática, alcanzó a personajes de la más alta importancia social. Don Mariano Rajoy, a la sazón juez del escándalo, ha sido puesto en entredicho por los voceros de la democracia, diciendo claramente que tapó los intereses del hermano de Franco, que aparecía con alguna implicación en el asunto.

Lo que a Cesáreo no dejaba de llamarle la atención es que, justo este caso, que no parece sino un pobre ensayo de lo que lustros después sucedería en España, no fuese debidamente explotado por el sistema oclocrático del señor Borbón.

0 comentarios :

 
;