lunes, 4 de junio de 2018

1898, LA GUERRA EN FILIPINAS (3)

La victoria sobre los insurgentes era manifiesta

El avance de las tropas españolas era ya imparable. Se habían tomado Ilorong, Puray, Minuyan y Arayat entre el clamor de las provincias no tagalas, gracias a las fuerzas regulares y al decidido apoyo de unidades de voluntarios españoles y filipinos. Ocupar Biac-na-bato era seguro pero, dado lo accidentado de la zona, Primo de Rivera no tenia confianza en poder apresar a los jefes de la revuelta, aunque estaba convencido de que estos sólo se convertirían en algunas partidas sueltas de escaso poder una vez rendidos sus refugios. (Togores 2006: 574)



Pero si en Filipinas estaba controlada la sublevación, la situación general de España se estaba acelerando; la evidencia de una guerra con los Estados Unidos y la evidencia de que Filipinas era objetivo principal del enemigo era criminalmente obviada… y Primo de Rivera debía ser consciente que el asesinato de Cánovas era el principio del fin de una etapa en la que las consecuencias debían ser dramáticas, y él debía salir airoso. Como consecuencia…

El 5 de octubre de 1897 Primo de Rivera pone su cargo a disposición del nuevo gobierno nacido como consecuencia del asesinato de Canovas durante el verano. Unos días después, el 7 de octubre, propone un plan para terminar con la revuelta de forma rápida, mediante el pago de un millón setecientos mil pesos a los jefes tagalos, a cambio de que se rindan con sus hombres y entreguen sus armas. (Togores 2006: 573)

El teatro daría paso a una nueva escena pocas fechas después de la propuesta, que por supuesto sería aceptada por el gobierno. En cumplimiento del libreto, Primo de Rivera enviaría al gobierno el siguiente telegrama:

Al  cumplir el plazo dado, Gaceta de 28 de Noviembre para tomar medidas de rigor al comenzar guerra activa, se me presentan en comisión del enemigo para rendirse, sin pretender reformas, los hermanos Aguinaldo, Llanera y gobierno de la titulada república con sus partidarios y armas, pidiendo sólo perdón para sus vidas y recursos para emigrar. (Soldevilla 1898: 426)

Un final lógico a la actuación del capitán general, que si siete meses antes parecía haber empezado con nuevos bríos, se vio culminada con un esperpento: E1 15 de Noviembre de 1897 había llevado a efecto el plan propuesto al gobierno el 7 de octubre anterior: se firmó el Pacto de Biacnabató, cuyo resultado inicial fue el cuerpo del telegrama referido.
Como consecuencia inicial del pacto, el 13 de diciembre, partió para Hong Kong Emilio Aguinaldo, quedando sublevados en Filipinas los guerrilleros Macabulos, Solimán y Manalán… y el comunicado del ministro de Ultramar, relativo a la amenaza usense, archivado.
Un esperpento que el 16 de Diciembre de 1897acabó anunciándose como un gran triunfo del gobierno y de la monarquía, que supuestamente alcanzaban la tan deseada pacificación de las Filipinas, lo que sirvió de justificación, principalmente periodística, que permitió la emisión de aventurados juicios que se adornaban señalando que

Este día puede calificarse de memorable y venturoso para España. porque en él se puso término á la lucha que la nación sostenía en el Archipiélago filipino. (Soldevilla 1898: 424)

Nada más alejado de la realidad, que sí era señalada por algunos, directamente implicados en la situación, y que afirmaban que la paz firmada en Biaknabató, no había sido sino una forma más ó menos vistosa de satisfacer, egoísmos personales, que en último resultado no conducían a nada práctico. (Ría 1899: 24)
Y es que la opinión de los soldados que estaban viviendo la realidad de la revuelta filipina, no coincidía con los criterios del gobierno ni con los de Primo de Rivera.
Al respecto, se tenía la sensación de que

Eso de la presentación de Aguinaldo es una combinación del General para ir á
España de modo mas ó menos honroso; pero, me parece que como no se marche pronto, esta gente no es de la que espera mucho tiempo, y entonces ten por seguro, que volvemos á tener jaleo para rato. (Ría 1899: 30)

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