lunes, 18 de junio de 2018

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XVI)

           
La cuestión es que el Monarca, atosigado en aquel momento por su propia conciencia y por las exigencias de su confesor, el padre Chaves, decidió finalmente que se supiese toda la verdad, en especial los motivos por los que él y su secretario habían dispuesto de un modo arbitrario e injusto la muerte secreta de Juan de Escobedo. Felipe II había determinado arrostrar la responsabilidad que le cabía en el asesinato de Escobedo, por lo que era imprescindible que Antonio Pérez dijese toda la verdad sobre lo acontecido.



               Esa manifestación de culpabilidad por parte de Felipe II es ocultada por los mentores de la historia negra, que sin rubor llegan a hablar de “la malhadada decisión de hacer asesinar a Escobedo, de cuya responsabilidad quería eximirse Felipe II.”  De lo expuesto hasta el momento, no parece que Felipe II pretendiese eximirse de una responsabilidad que había asumido públicamente. Lo que quería era que quién le había llevado a ese punto con engaños reconociese que había mentido al objeto de dar al crimen aspecto de “razón de estado”.
               El propio confesor real, en carta que cita el mismo Antonio Pérez, le incita a decir la verdad sobre el asunto, siendo “que el príncipe seglar que tiene poder sobre la vida de sus súbditos y vasallos… cuando él tenga alguna culpa en proceder sin orden, no la tiene el vasallo que por su mandato matase a otro que también fuese vasallo suyo… De donde colegirá v.m., que si en el caso presente se declara la verdad, no se condena nadie; antes se manifiesta la inocencia de v.m. y de sus cómplices. ”  Se estaba eximiendo de culpa al propio Antonio Pérez en el caso del asesinato de Escobedo. Tan sólo debía demostrar que había actuado cumpliendo una orden de Felipe II, que ya había reconocido su culpa. Pero el traidor, a lo que parece no podía demostrar su inocencia.
                 Ante estos hechos, el cardenal de Toledo, Gaspar de Quiroga, manifestó: “Si el rey mandó a Antonio Perez que hiciese matar á Escobedo, y él lo confiesa, ¿qué cuenta le pide ni qué causas?  Habían transcurrido doce años desde el asesinato de Escobedo en los que Felipe II, tras haber averiguado que la orden de asesinar al secretario de D. Juan de Austria la había dado inducido por una gran mentira de su secretario, había intentado recuperar del poder del traidor documentos importantes para la seguridad nacional, y en el infructuoso intento había logrado demorar su divulgación entre los enemigos de España el tiempo que ahora alarmaba a Gaspar de Quiroga.
                  Antonio Pérez señala en las Relaciones que Felipe II le había encomendado que nunca se supiese su participación en este asesinato.  Y más adelante, tras haber señalado la confesión del rey y la opinión de del cardenal Quiroga, señala “que ni había muerto, ni sabía de causas” .
                  Tras estos contactos se inició el juicio, y como no se lograba la confesión del delito que se sabía cierto, se dio tormento al reo (No era normal el tormento, sino excepcional, como por otra parte lo era en todos los estados de la época), que bajo los efectos del mismo “declaró las causas políticas que habían preparado la muerte de Escovedo.” Esto sucedía el 23 de Febrero de 1590. “Ratificase el 25 en su declaración, asegurando haberse negado antes por guardar fidelidad al rey.”
                    El mismo Pérez relata el asunto como sigue: “Antonio Perez, por obedescer al mandato que él tenia del rey para callarlo todo, y al órden del confesor para callar las causas con grande estrechura. se viene á ver en el tormento sobre el mayor de todos, que es del entendimiento. en no saber el que hacer en tal confusion y contrariedad de mandados.” No es fácil comprender los argumentos, pues dice obedecer al mandato real de callar, mientras el rey le está diciendo que hable.
                    Pérez “confesó algunas de las causas que habían motivado la muerte de Escobedo, pero sin revelar nada sustancial ni aportar prueba alguna. Esa revelación fue fatal para él. Como no tenía pruebas de que D. Juan de Austria fuera culpable de subversión y, por tanto, nada incriminaba a Escobedo, el rey podía creer ahora que había sido engañado y que la responsabilidad del crimen no era suya sino de Pérez que lo había engañado con falsedades. Este sabía hasta qué punto era desesperada su situación y decidió huir. Ya tenía contactos en Aragón, que probablemente guardaban sus documentos”.
                    La tortura le provocó estar convaleciente un largo tiempo, siendo cuidado por sus criados y hasta por su esposa e hijos, pero “restablecido de su enfermedad, y dejando un bulto enmascarado en la cama, púsose el miércoles santo unos vestidos de su muger y pudo pasar entre sus guardas, recomendando con disfraza voz que no hiciesen ruido por no despertar al enfermo.”
                     La huída fue tramada por él, su mujer, sus hijos, Gil de Mesa y Francisco Mayorini. Estos dos se encargaron de trasladar al huido a Aragón el uno, y a cansar los animales de las postas el otro, al objeto de retrasar el avance de los perseguidores. El objeto, según los defensores del traidor era poner “el pié en Aragón, donde le esperaba el apoyo de una justicia imparcial en medio de un pueblo al que sus privilegios hacian independiente, y al que su independencia daba brios y arrogancia.”
Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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